martes, 26 de diciembre de 2017

BALLESTÍA, TRANCE AGÓNICO DE LA PALABRA






Antonio Trujillo escribe la palabra breve. Pretende, tal como Holderlin, que su palabra sea sagrada. No toda palabra vale. ¿Con qué derecho –pregunta el poeta- hacemos surgir otra palabra distinta, de un bosque que tiene la suya propia? ¿Con qué derecho la tala y el desierto creado, para una nueva palabra? Sólo si de Dios es –responde. De ahí el temor sagrado, o la página en blanco, reliquia adorable.

Antonio proclama su arte poético: este no estriba en la forma, en los recursos literarios, ni siquiera en la precisión de la palabra o el ritmo musical, sino en lo sagrado de la palabra, en su trasunto de sueño, de visión celeste, en su vuelo de pájaro.

La obra Ballestía expresa una y otra vez la agonía –en el más estricto sentido etimológico- de la palabra. En su mismo nacer es ya agónica, duélica. El uso abundante de las expresiones condicionales, las preguntas que se desgranan a lo largo del poemario, la presencia de la luz y la sombra, la astilla que perturba, la página en blanco retadora, e incluso las breves narrativas (el hombre arando con sus bueyes, o la anciana que visita el cementerio el día de los difuntos), concurren todos al tono épico que permea el texto final.

El uso del si… condicional en los versos de Ballestía

Los frecuentes condicionales, hasta en 18 ocasiones aparece el “si…”, son clara muestra de la agonía de la palabra. ¿Cuál es la palabra apropiada, su tiempo justo? Para escribir lo impropio es preferible no escribir, con más razón cuando la técnica de la escritura queda asociada, por la impresión y publicación de los textos, a la muerte del árbol. 
Si para escribir algo / un árbol debe morir // prefiero la letra / invisible de Crátilo
La pregunta retórica de Dios, que establece una duda radical, ética, sobre todo acto de escribir, 
Si Dios / pregunta // por sus bosques // dile que no estamos, 
inmediatamente remite al texto judeocristiano sagrado en el que Dios pregunta a Caín por su hermano asesinado (Gn 4, 9). El escritor se ha vuelto un matador inconfeso y su respuesta es evasiva, como la de Caín en el relato referido; más aún que la de Caín quien responde con orgullo: ¿soy acaso guardián de mi hermano?, pues aquí el sujeto poético ni hace frente siquiera al Dios interlocutor, sino que envía un tercero -el posible lector- para que hable por él: dile que no estamos.

Si el escritor se ofende por la imperfección, o el vacío de la página en blanco, y fuerza el texto, se convierte en simple escriba, contratado para el oficio. 
El escriba… // …se ofende // si un pájaro / roza la astilla
y vuelve / si el vacío // nunca te ofende
Si habla de sí como en un vaciarse, no es la suya palabra sagrada. Es preferible el silencio.
Si habla / y te nombras // no es palabra de Dios
 y si el deseo / de vaciarte // te persigue / amuralla el verbo
Ahora bien, si alguna luz o lumbre de la tierra se hace presente, en el sueño o en la página blanca, es la hora de la palabra. 

Si en ese desierto… // se ilumina / una pequeña atarjea // es cierto
…y si alguien hiere / esta lumbre de la tierra // devuelve la palabra
Si el sueño / ofrece una palabra // no permitas / que te abandone… // si algo de ella / vive en esta // reliquia blanca 
La naturaleza, nubes o flor, impone su verbo:
Si los loros / crecen en las nubes…
Si la flor habita… 
La pretensión de estos condicionales que ratifican la palabra vital, no es la de agotar el lugar poético originario, sino apuntar apenas algunos inicios de certidumbre, algunas claridades que permitan abrir el sello de lo sagrado.

Holderlin y Trujillo

Siguiendo con el estudio de estos versos en condicional de Antonio Trujillo, acudo a Holderlin y a sus poemas Patmos, En las fuentes del Danubio y Como cuando en día festivo… de su obra Cánticos. El mito como lenguaje adecuado para el abordaje de la poesía se hace presente notoriamente en el poeta alemán. Los dioses, el Oriente, los ríos y montañas, la naturaleza sagrada... transen sus poemas. Iluminación, presencia de lo sagrado, arrebato y lucha están aquí. La iluminación (iluminación y lumbre ya citadas en Trujillo) en Holderlin está presente en el sol que alumbra a los poetas:
Pero ahora apunta el día / se ha encendido el fuego en las almas de los poetas.
La llamada del Dios, desde el sueño (es el sueño que ofrece la palabra al poeta, en Trujillo), desde lo otro sagrado, acontece al Vidente del Apocalipsis, en Patmos:
… un genio… / me raptó / de mi propia casa
…nos llegó la palabra de Oriente / y escuché / oh Asia, tu eco…
La dificultad y el peligro del acceso a lo sagrado (Trujillo señala igualmente condiciones que no permiten captar el dios, según se ha visto) se expresan en los versos iniciales de Patmos:
…es difícil de captar el Dios, / pero donde hay peligro crece / también lo salvador…
Lo Sagrado es proclamado por Holderlin en la Naturaleza (en Antonio Trujillo son sagrados el árbol, la nube, el pájaro, la luz o la flor):
Te damos nombre nosotros, que lo sagrado precisamos, a Ti te nombramos/ ¡Naturaleza!
Tras estos breves apuntes, la lectura de los Cánticos de Holderlin, y su retorno al mito, se propone como un ejercicio provechoso de aproximación referencial a los poemas de Ballestía.

Tallar el verbo

Finalmente me refiero a la notable metáfora de la talla en Ballestía, como acto sagrado, referida a la escritura:
Si un ser inocente // pobre de Dios // talla su verbo…
He aquí la continuidad de esta obra suya con otra más antigua: Taller de cedro. De taller de cedro a tallar el verbo no hay salto. Que todo es uno para el discípulo y habitante del Misterio. La talla se muestra así presente en toda la obra de Antonio, marcada por su propia vida de artesano y poeta.

Comentando Taller de cedro, escribí: 
Se sufre con el árbol, se ha visto la injusticia, el drama del bosque desolado, la desigualdad de la lucha del hacha con el hombre. 
jamás estaremos a mano / en los vacíos del bosque //
ese dolor del cielo / te persigue hasta el fondo //
quien labra / vislumbra el universo
Similar injusticia se describe en Ballestía, obra para la que el centro de atención -y del sufrimiento creador- se desplaza a la escritura, como ejercicio humano de nueva talla.

Foto tomada de: http://piedragranizoambar.blogspot.com/2015/02/a.html

viernes, 15 de diciembre de 2017

LOS LEBRUNOS DEL ALBA


Foto: http://enricksview.blogspot.com/

No importa que la memoria sea débil,
con tal que el juicio no falte
cuando la ocasión se presente
Goethe

Los lebrunos del alba es una de las obras  poéticas de Ingrid Chicote, incorporada  a su libro antológico Caída libre, publicado por Monte Ávila en el año 2014, y de la que transcribo el epígrafe anterior. La palabra lebruno no es muy común que se diga, y menos fuera del llano venezolano, así que es necesaria una breve consideración sobre ella. El uso del término lebruno aparece recogido en el Diccionario de venezolanismos, que en su tercera acepción señala: 3.m Llano. Nube del amanecer. Y evoca el uso del término en Doña Bárbara, 1929 Gallegos, R., 115: — ¡Alivántense, muchachos! Que ya viene la aurora con los lebrunos del día. Es la voz de Pajarote, que siempre amanece de buen humor, y son los lebrunos del día —metáfora ingenua de ganadero-poeta— las redondas nubéculas que el alba va coloreando en el horizonte, tras la ceja obscura de una mata. Así nos vamos acercando al sentido del poemario. Los lebrunos son las nubecillas que anuncian la madrugada. Se trata de eso: del anuncio de la luz más plena tras la noche que cede y se disuelve. La dimensión más activa de este ciclo natural noche-día la tenemos en Alí Primera, quien canta: Dale, que empujando el sol se acerca la madrugada (Sombrero azul).
Hay un cuento medieval francés sobre el gallo que preludia el diario amanecer. En 1991 se versiona en la película británica Rock-A-Doodle, dirigida por Don Bluth, Gary Goldman y Dan Kuenster. Chanticleer es el gallo de la granja, el que canta todas las mañanas para que salga el sol. Una mañana en que el gallo no canta, el resto de animales se decepcionan al descubrir que, cante o no, el sol sale igual. Chanticleer se sitúa en la tensión entre naturaleza cíclica y novedad creadora. Como ese gallo, los lebrunos señalan una luz que llega sin ellos, pero con ellos…. ¡es otra cosa!

La digresión por el título me ha parecido importante por cuanto en él se sitúa el nudo existencial del conjunto de poemas aquí considerados[1]. 

Los 22 poemas, o el único poema como lo refiere Eduardo Gasca en el prólogo a Caída Libre, mantienen un cariz hondamente personal y situado: se trata de una etapa vital poetizada. Refleja bien lo que algunas corrientes de personalización llaman “crisis de realismo”, dentro del recorrido de la “dramática existencial”. Es posible considerar tal dramática existencial en varios tiempos. El primero, un pasado innegable: nadie puede evitarse / lo pasado (II, ver VI). Este pasado incluye la condición más biológica de su ser humana y mujer: proceder de una familia, nacer, ser virgen, tener la regla, preñarse, parir… Pero también: ver la luna a los quince…. (VI); dejar de creer, dejar la inocencia y apartarse del asombro (XIII).


fui inocente / y mis ojos se asombraron / de ver crecer fantasmas
en las ramas de la noche / me puse disfraces / que arrancaron
vientos alisios / y quedé desnuda en el vendaval
deje de creer / mis ojos / se apartaron del asombro (XIII)

Y además, la experiencia de liberación consistente en desatar las raíces de la casa-árbol para sentirse plena en los aromas del cuerpo y las palabras de libertad (XXI).

cuando fui hermosa / desaté las raíces
de mis pies de señora / atados a una casa perfecta
era parte de un árbol / -sembrado con esperanza-
de una cocina / que ardía de arroz y harinas
de un baño incómodo / que helaba el agua
para combatir controlar / iras saladas
cuando fui hermosa / mi cuerpo se volvió agraciado
y su flor / despedía aromas
que ansiaban libar / colibríes y cuervos
cuando fui hermosa / la sonrisa era espontánea
y brotaban de las manos / elocuentes palabras
de libertad / cósmica (XXI)

El segundo tiempo: el hoy, con su dosis de pregunta y de aceptación de lo real. Han pasado los años y la voz poética se pregunta por la propia identidad. ¿Qué soy y qué no soy? En la respuesta hay un reconocimiento del nuevo tiempo. Se ha perdido el brillo de la vida. Ni la ternura ni los colores vitales asoman.

no soy capaz / de enternecerme / por mi propia cuenta
mis venas están más llenas de anestesia
y no puedo usar los colores / para pintar la vida
todo se ha vuelto / blanco y negro / sin grises o intermedios
ando por las calles / y la calma pasmosa / me envuelve de luna
que jamás volverá a ser / completamente / brillante (V)

Biológicamente, el cuerpo no es el mismo. Los deseos libertarios quedan amarrados al hacer cotidiano: cocinar, lavar, irrumpir con palabras…

ya no soy tan hermosa
he puesto candados y sellos / a mis pies
me ato a enseres / lavadoras / acelgas
cambié estrellas / por acidez verbal
y dejo que la vida / continúe su cauce
aunque ya no soy hermosa
y mis células / se han inflado de frío y espesura
sigo rodando como un río sin inicio
que se pierde bajo la sombra / ante ojos / desnudos de disfraces (XXI)

Un inventario inédito, inservible, pero que permite reconocerse en lo pasado y en el presente:

rincones oscuros / canciones antiguas
un baúl de bisabuela / y un teléfono
una mujer que engorda / con pensamientos de nubes…
dos pies que duelen de frío / una mano que escribe
un meñique pequeño / un abdomen que guarda un útero
y una lista de arrugas…. (XII)

Con la incertidumbre del futuro (VIII) y sin poder alcanzar los proyectos anhelados. No se trata, por tanto, -parecer señalar el poema-  de una nueva batalla para torcer el cuello a la realidad, sino de aceptarla, con su dosis de limitación impuesta, con su frontera para los propios de deseos, en las distintas dimensiones de la vida: salud, relaciones humanas, protagonismo social... Queda claro que el mundo no termina de amoldarse a nuestros planes… Y, no obstante la experiencia de reducción, el poema canta a la vida. Se trata de la aceptación plena del ser así: mujer.

no soy sombra de árbol / que se apaga de sol / cada hora
no soy luz de vela / que se pierde / al menor viento
soy vida que se mueve / según las circunstancias
no nací ayer / ni estoy muriendo hoy
o sí / no lo sé
no soy lo que otros quieren
soy / simplemente / una mujer (I)

Se trata de la conciencia de estar viva (VI), conciencia de estar en el centro del tiempo, con ese nuevo sentido de “centro”, no como culmen ni éxtasis, sino en la mitad de la vida,  en la meseta, con una sensación de no ascender –ni tampoco descender-, a media vida, medio viva.

estoy en la mitad / de ninguna parte
acompañada a medias / y medio viva
sobrevivo / a media luz
camino a tientas / y medio veo / lo que hago
un corazón a media máquina / reconoce / el futuro incierto
del pasado incierto y del medio presente
que medio alegra / la hora / en que existe
una media luna / donde la noche y el día
se mantienen / siempre / siempre / a media luz (VIII)

Vida con la conciencia de que se escapa, como fuego fatuo (V), irrepetible, vida cansada (XVI), vida imperfecta…

muy lejos de ser perfecta / estoy flotando en el tercer cielo
que no existe (XV)

Vida con dolor, por lo vivido, por la historia acumulada, por lo real enfrentado:

veo mis manos / averiadas golpes / sostenidos y ofrendados
las articulaciones duelen / los vidrios rotos en el piso (IV)

a veces / me duele la noche (VII)

la realidad es ésta:
dureza / desamparo / palabras que duelen / de nacer (XI)

Casi concluyendo, asomo algunos referentes que recoge esta obra, además del título, ya comentado en la introducción. Es evidente la referencia a Mafalda, con su toque de inconformismo y denuncia:

el mundo gira / y no lo puedo detener
voy en él / como vamos todos / en el mismo viaje (IV)



Explicita es el verso: viajo como en el río de Heráclito. La única cita de Heráclito acerca del río es de Cleantes: Sobre aquellos que se meten en el mismo río pasan aguas siempre distintas y las almas se alzan exhaladas de lo húmedo. Aunque parece ser que su sentido no siempre ha sido comprendido cabalmente, la referencia a una vida mudable en Ingrid –las aguas que pasan-, deja asomar que en ese fluir hay vida: el flujo de las “almas exhaladas”. Todo en coherencia con la imagen de los lebrunos, y con la perspectiva de la “dramática existencial” en la etapa de la “vida media” y la “crisis de realismo”.

La referencia a Penélope y Ulises, evocadora de la propia experiencia existencial, se hacen presente aquí:

no hay lugar / para mí
ni en mi propia casa / ni espacio
para la larga vida / que no remiendo
recojo el hilván a la mañana / tejo con luces las tareas
revuelvo el café / pensando en barcos (VII)  

Los referentes cristianos, negación por tres veces y corona de  espinas, son evocados para indicar el sufrimiento, la soledad y la tragedia humana.

Negar tres veces / me niego más de tres veces / antes el canto del gallo
..         
tres golpes a la razón / dos cervezas para la huida / un túnel que no lleva al paraíso
..
todavía no suelo ganar / porque cuando creo que gano
tres pierden la cabeza
el sueño / el rumbo / o soy yo
quien pierde tres veces / creyendo ganar una batalla
en las montañas / donde tengo mi morada (XVI)
--
y esperar en calma / la balanza
para quitar / la corona de espinas
..
la muerte de los espasmos / es larga y sutil
más profunda / que un vientre vacío
donde no entra ni compite el hombre
sólo dios / habita en las noches / la cama individual (X)

Poesía y humanización se expresan en estos poemas. Frente a una poesía abstracta, ajena a la vida, está la poética de la vida. Como en La ruta de los ancestros, en la Ingrid recurre a sus raíces para hacer poesía, aquí toma la vida en sus manos, y nos ofrece algunas claves para leerla en esta etapa de medio camino. Y lo hace bellamente, acercando vida y palabras.

[1] Como curiosidad en este mudo de redes sociales casi infinitas, he encontrado otro texto citado con el mismo nombre del de Ingrid: Los lebrunos del alba; poemas, de Palma, José. [Caracas, 1958] 118 p. 16 cm. Pero no he tenido acceso a su contenido.

domingo, 10 de diciembre de 2017

QUIÉN TEME A OLGA LUZARDO



No deja de sorprenderme cómo a una poeta del fuego de Olga Luzardo se la ha dejado tan al margen de la crítica literaria ocurrida en Venezuela. Y sin embargo, podría esperarse que mi sorpresa no fuera tal, dado el cariz abiertamente sociopolítico de gran parte de sus textos literarios, sin mencionar el compromiso vital que tras ellos habita. Conozco su obra, editada por la Universidad del Zulia, en una versión digital, y llama poderosamente mi atención esta Oración de la campesina de Camunare Rojo. Camunare Rojo es un poblado campesino de Yaracuy, del municipio Urachiche. Al nombre original del caserío, de probable etimología caquetía (camure henare = tierra amarilla con la que hacen vasijas), le fue agregado Rojo cuando en las elecciones Municipales de 1945, todos los votos del pueblo fueron para el PCV
(ver http://camunarecolinas.blogspot.com/https://es.wikipedia.org/wiki/Camunare_Rojo).

El poema que aquí se estudia pertenece a la obra Huellas frescas, y aparece fechado el  24-06-1951.
                                                                                                 
El Dios del poema

Sus dos temas de fondo, entrecruzados, son la propiedad de la tierra y Dios. Estos dos temas, Dios y tierra, se entretejen y fecundan a lo largo del poema.
Si el poema es oración a Dios, es porque se sitúa en el contexto de la religión popular cristiana; sin embargo, su rezo no será de un conformismo simple, sino que resultará en una poderosa denuncia contra la injustica de las élites económicas, políticas y religiosas, y la manipulación que ejercen sobre la imagen de Dios que la religión instituida ofrece. Este modo de tratar con la religión y con Dios en el discurso poético, se me hace muy cercano al que empleará más tarde el reconocido –aunque no tan analizado en sus textos- cantor y poeta Alí Primera, especialmente en su prototípico texto y canto: Flora y Ceferino.
Si el poema trata de la propiedad de la tierra es porque el contexto del que surge es el de un campesinado (de alpargata, zaraza y estero) despojado de su fuerza de trabajo y de su principal medio de producción.
Siete veces es nombrado Dios por este apelativo propio. Los calificativos que introduce el poema al referirse a él lo sitúan en un marco de familiaridad, cercanía y amor: Dios del cielo, Dios de mis viejos, Dios de los pobres, Dios querido, Dios al que quiero. Las metáforas empleadas, corazón de pan, beso del sol, desarrollan el sentido material-concreto, y no por ello menos espiritual, de la benevolencia divina.

¡Oh! Dios del cielo, corazón de pan,
beso de sol que apaciguando el frío
del hambre, de la sed, la calentura
llegas al barro de tu creatura.

Dos referencias a Dios con el término señor, lo vinculan directamente con la fuerza liberadora

yo te pido señor que nos des fuerzas 
para tomar las tierras que son nuestras,

Danos fuerzas señor para triunfar 
de los latifundistas inclementes

Tema este, el de la fuerza divina, que aparecerá de nuevo con sentido libertario: Danos… de tus gigantes fuerzas.

Al menos nueve recurrencias más a la divinidad se asoman tras los pronombres o adjetivos te, tú, ti, tu, tus, expresando con preferencia el tono de una confiada plegaria.

A esta visión de Dios se le opone otra: la del “soberano del tiempo y el espacio” que humilla al campesino, la del que no concede favores, “poder sin fuerzas, que sólo al rico le tendió las manos”. La religión oficial, en sintonía con esta segunda visión de Dios, se presenta como aquella que construye iglesias y organiza fiestas patronales a costa de los pobres, “bueyes cristianos”, pacientes Job resignados. El poema se torna una clara denuncia de la manipulación ejercida por los líderes religiosos para convertir la fe en opio, y así mantener al pueblo sometido.

Dios en la estructura del poema

En las primeras estrofas la campesina sujeto de esta oración pide fuerzas a Dios para luchar por la tierra, contra los poderosos. Dios se muestra como el Dios de los pobres, el Dios fuerte, el Dios querido. Es el Dios del cielo, corazón de pan, creador compasivo: beso del sol que llega a la creatura.

Sin embargo, entre las estrofas 4 y 6 se arroja la duda sobre él, y se describe la manipulación de Dios y la actitud absurda de sumisión. ¿Y si Dios no acude en ayuda del pobre? ¿Vas a ponerte tú del lado de los ricos? ¿Qué Dios es ese?

Posteriormente, en la estrofa 9, se le da a Dios un ultimátum, fundamentado en la experiencia ancestral de abandono:

si este favor humilde no concedes, 
(que tantas veces he pedido en vano)…
nada más pediremos a tu poder sin fuerzas 
que sólo al rico le tendió las manos,

De modo que se apuesta por la autonomía humana libertaria

Y haremos sin pensar en tu existencia, 
un mundo de bondad y de alegrías
para los desoídos, para los despreciados 
para los que imploro en las plegarias mías

Nuestras manos sabrán sembrar el pan, 
multiplicar las carnes y los peces,
las frutas endulzar con mil cuidados 
y hacer más rico el suelo que ya nos pertenece.

En la penúltima estrofa vuelve la tensión, en la que se mantiene el poema:

Bien contigo o sin ti, Dios al que quiero,
del que una vez espero y otra ya nada espero,/ tomaremos la tierra…

Doble posibilidad, que se desdobla. Sin ti:

Aunque tú nos las niegues,
las fuerzas sacaremos de donde no tenemos
y yo me iré con ellos a conquistar la tierra.

La plegaria final, refleja la segunda posibilidad, contigo, para cerrar como comenzó el poema:

Dios de mis viejos, corazón de pan 
yo te imploro y te increpo:
Si quieres que te amemos haznos fuertes 
para tomar las tierras,
que bien lo merecemos.

El tema de la tierra

Por seis veces se hace referencia explícita a tomar, rescatar o conquistar la tierra; y en dos ocasiones más se detalla el despojo sufrido de las tierras propias.
                   
Se apela a la conciencia de la propiedad de la tierra. La tierra es de quien la trabaja. Tierra y hombres libres, en la huella zamorana. La afirmación de que la tierra es propia se repite con insistencia, y el argumento principal es el vínculo de trabajo con ella, el de las mujeres, los hombres y sus hijos, y el tesón de los antepasados.

porque nuestro sudor regolas día a día,
las removió con fe no siempre compensada
y las hartó en semilla nuestra mano,
y las rozó el machete que afilamos nosotros,
e hicimos la cosecha doblando nuestra espalda

…tomaremos la tierra que abonaron los cuerpos
magros, piadosos, tristes, de los idos abuelos.
El que trabajan manos de mi hombre, 
el que fecundan nuestros compañeros,
que siembran nuestros hijos y labramos nosotras,
mujeres de alpargata y de zaraza,
con tantos hijos y con tantos sueños, 
como bajos y aguas habitan el estero.

La identidad material con la tierra se expresa en estos versos en los que se iguala barro a carne y cal a huesos: …a conquistar la tierra, / barro de nuestra carne y cal de nuestros huesos.

Para el tratamiento del tema de la tierra se utiliza una terminología propia del análisis social que expresa el conflicto de clases. Se describen dos grupos. Por una parte la situación del campesinado es referida con las palabras: hambre, sed, calentura, harapientos… Frente a ellos están los señores, latifundistas inclementes, de yuntas de oro y orificados dientes, recaudadores, policías, poderosos, de presillas, soberbios, ricos…
                   
Se analizan las causas de tal situación: los señores “hicieron mansiones e iglesias para ti a nuestra costa”; los pobres han sido despojados; han hecho sacrificio en las guerras y se han mantenido en sumisión, con paciencia jobiana, han aportado sudor, son “bueyes cristianos”.

Pero es la hora de la conciencia y la organización: la referencia a la cooperativa y el término camaradas apunta a ello.

Aspectos formales

Las rimas, tanto asonantes como consonantes, se hacen presentes en las trece estrofas, especialmente en la 6 y 12, anclando al poema en un estilo clásico y popular. He aquí la lista de rimas por estrofa:

1. Calentura-creatura.
2. Verano-cristiano.
3. Liquilique-dientes.
4. Bendita-necesitan-sacrifican.
5. Dieron-precedieron-hicieron.
6. Ofrecimos-dimos, absurda-fuerzas-nuestras, humana-compensada-espalda, mano-llanos.
7. Inclementes-contribuyentes-verdes, campesino-asesino.
8. Espacio-caso, sufriente-dolientes.
9. Vano-hermanos-manos-despreciados, alegrías-mías.
10. Despojaron-incendiarios.
11. Peces-pertenece.
12. Quiero-espero-cuerpo-abuelos-compañeros-sueños-estero.
13. Tenemos-huesos-increpo-merecemos.


El poema se abre con una estrofa de 4 versos endecasílabos, y continúa con el predominio de este tipo de verso, aunque sin regularidad, agregando otras diferentes métricas.

El lenguaje llano es importante propiedad de sus versos y muy adecuada al discurso de denuncia social que conlleva. La poeta no rebusca las palabras. Dice las cosas de manera directa, con atrevimiento y acaso desmesura.

La mujer en el poema

En orden de ocurrencia, en los primeros versos del poema van apareciendo Dios, el hombre y la mujer madre, según el modelo de una sociedad cristiano-patriarcal altamente jerarquizada. Y sin embargo, lo primero-primero es la voz pública de la mujer libertaria, la que pide fuerza para el hombre y desmonta la imagen de Dios, trastocando el discurso previsible.

Desde  la estrofa 5, el uso del plural hermana la mujer al hombre en sus luchas, plural que se mantendrán hasta el final del poema: yo te pido señor que nos des fuerzas / para tomar las tierras que son nuestras.

La mujer seguirá asociada a los hijos, sosteniendo la perspectiva tradicional campesina: 

mujeres de alpargata y de zaraza, / con tantos hijos y con tantos sueños,
como bajos y aguas habitan el estero.

No obstante, se abrirá una novedosa perspectiva comunitaria liberadora en la lucha por la tierra: Y templarás el corazón sufriente / de las madres, las hijas y las novias dolientes / y darás brío y vida a nuestros críos / para el rescate de las tierras nuestras; en una relación con el hombre como compañero, conscientemente querido: El que trabajan manos de mi hombre, / el que fecundan nuestros compañeros,/ que siembran nuestros hijos y labramos nosotras, // lo juro por la Vida de mis hijos, /  por el hombre que quiero, por mí, por mis hermanos; y en una mirada creadora sobre el futuro: Nuestras manos sabrán sembrar el pan, / multiplicar las carnes y los peces,/ las frutas endulzar con mil cuidados )  y hacer más rico el suelo que ya nos pertenece.

La lectura atenta de este poema-oración invita a seguir leyendo a Olga. Algunas de las claves aquí descubiertas, tan pertinentes ayer como hoy: religión opresora, estructura social de clases, luchas de los pobres, liberación, mirada desde la mujer…., no dejarán de acompañarnos en ese acercamiento a su obra.


 Oración de la campesina de Camunare Rojo

Olga Luzardo

¡Oh! Dios del cielo, corazón de pan,
beso de sol que apaciguando el frío
del hambre, de la sed, la calentura
llegas al barro de tu creatura.

Dale un poco de fuerzas a tu siervo,
al hombre que me has dado y que me diera
cuatro harapientos sutes,
y va a hacerme tal vez este verano,
-por voluntad de Dios-, otro nuevo cristiano.

Dale un poco, te pido, de tus gigantes fuerzas,
para que junto a Roso y al compadre Joaquín,
junto a los camaradas de la cooperativa,
pueda tomar un poco de esta tierra
que es nuestra, Dios querido,
porque la trabajamos como bueyes cristianos.
Y que la tiene toda y la disfruta,
un gran terrateniente de blanco liquilique,
yuntas de oro y orificados dientes.

Por lo que tú más quieras, por la Virgen bendita,
por los fieles que más te necesitan.
¿Vas a ponerte tú, Dios de los pobres,
de parte de soberbios y de ricos,
cuando los despojados, tanto te sacrifican?

Por el mérito aciago de obediencia y de fe
de humillación perenne y de dolor
de paciencia jobiana que te dieron
todos los viejos que nos precedieron
a ti y a los señores que con nuestro trabajo
mansiones para ellos e iglesias para ti,
junto con los jolgorios de fiestas patronales
a nuestra costa hicieron.

Por lo que en nuestra era de sumisión absurda
por mano de los amos te ofrecimos,
y por los sacrificios de vida y sangre humana
que en nuestras guerras dimos;
yo te pido señor que nos des fuerzas
para tomar las tierras que son nuestras,
porque nuestro sudor regolas día a día,
las removió con fe no siempre compensada
y las hartó en semilla nuestra mano,
y las rozó el machete que afilamos nosotros,
e hicimos la cosecha doblando nuestra espalda
y cansado por los pies en los riscos y llanos.

Danos fuerzas señor para triunfar
de los latifundistas inclementes;
de los recaudadores de las rentas del rico
que se hicieron con sangre de los contribuyentes,
del plan salvaje de los policías
y el sordo plomo de los monos verdes,
que nos abaleó un pobre soldado campesino
porque uno de presillas lo hizo ser asesino.

¡Oh, cómo nos humillas! soberano del tiempo y del espacio
¿Es que tú como tantos, sólo a los poderosos haces caso?
Quiero creer que estoy equivocada.
Que darás fuerzas a nuestros hombres bravos
Y templarás el corazón sufriente
de las madres, las hijas y las novias dolientes
y darás brío y vida a nuestros críos
para el rescate de las tierras nuestras.

iOh Dios del cielo, corazón de pan,
si este favor humilde no concedes,
(que tantas veces he pedido en vano)
lo juro por la Vida de mis hijos ,
por el hombre que quiero, por mí, por mis hermanos,
nada más pediremos a tu poder sin fuerzas
que sólo al rico le tendió las manos.
Y haremos sin pensar en tu existencia,
un mundo de bondad y de alegrías,
para los desoídos, para los despreciados
para los que imploro en las plegarias mías.

Y entonces, que excomulgue el señor cura
y nos digan ladrones los que nos despojaron
y los plumarios de la prensa diaria
nos llamen incendiarios.

Nuestras manos sabrán sembrar el pan,
multiplicar las carnes y los peces,
las frutas endulzar con mil cuidados
y hacer más rico el suelo que ya nos pertenece.

Bien contigo o sin ti, Dios al que quiero,
del que una vez espero y otra ya nada espero,
tomaremos la tierra que abonaron los cuerpos
magros, piadosos, tristes, de los idos abuelos.
El que trabajan manos de mi hombre,
el que fecundan nuestros compañeros,
que siembran nuestros hijos y labramos nosotras,
mujeres de alpargata y de zaraza,
con tantos hijos y con tantos sueños,
como bajos y aguas habitan el estero.

Aunque tú nos las niegues,
las fuerzas sacaremos de donde no tenemos
y yo me iré con ellos a conquistar la tierra,
barro de nuestra carne y cal de nuestros huesos.

Pero antes de marcharme a la ventura,
Dios de mis viejos, corazón de pan
yo te imploro y te increpo:
Si quieres que te amemos haznos fuertes
para tomar las tierras,
que bien lo merecemos


24-06-1951