viernes, 3 de mayo de 2019

TETRALOGÍA DEL PETRÓLEO, DE CÉSAR RENGIFO





El petróleo ha sido para Venezuela su dicha y su karma. En un grupo de cuatro obras de teatro de César Rengifo, incluidas en la edición de Monte Ávila que lleva por título Tetralogía del petróleo, se hacen presentes algunos rasgos críticos sobre esta realidad de la Venezuela petrolera, que aquí se quieren poner de relieve.

Encuadre histórico

Como en buena parte de su amplia producción, Rengifo se da a la 
la tarea de plasmar la verdadera realidad vivida por los indígenas, los esclavos, los campesinos, los obreros, en el transcurso del proceso histórico de Venezuela a lo largo de cinco siglos. Allí están Curayú o El vencedor, Oscéneba, Apacuana y Curiacurián, de la Conquista; Soga de niebla, Manuelote, ¿Quién nos robó esa batalla?, sobre la Colonia y los años de Independencia. El mural de la Guerra Federal con Los hombres de los cantos amargos, Un tal Ezequiel Zamora y Lo que dejó la tempestad, sobre el conflicto que enfrentó a los sectores avanzados de la oligarquía.
Y su trilogía sobre el petróleo integrada por El vendaval amarillo, El raudal de los muertos cansados y Las torres y el viento, a las que habría que agregar Las mariposas de la oscuridad, obra que habla del abandono de los campos al irrumpir la industria petrolera, y la juventud campesina sin posibilidades de trabajo, desplazándose hacia las zonas extractivas de los hidrocarburos.
Las obras mencionadas, junto a otras, entregan una nueva visión del pasado nacional. Una verdadera reconstrucción del proceso histórico, en una visión dinámica donde la historia aparece ahora constituida por las manos anónimas de los sectores populares, verdaderos artífices de la edificación histórica. (Rodríguez, en Teatro y Sociedad, XVI-XVII)
La acción de Las mariposas de la oscuridad se desarrolla en “una vieja hacienda improductiva, situada en un campo de la región central de Venezuela. (Época: 1927-1935)”, a finales de la dictadura gomecista. (Tetralogía del petróleo, 3)

La acción de El vendaval amarillo “transcurre en un lugar del estado Zulia, durante los años 1938-1939”, poco después de concluirse dicha dictadura. (Tetralogía, 67) La obra parte de un incendio producido en Lagunillas, a causa de las aguas contaminadas por petróleo, y que dejó más de 300 muertos. (Rodríguez, en Tetralogía del petróleo, XV-XVI)

El raudal de los muertos cansados se localiza en Venezuela, en un “campo petrolero del Oriente del país”, y en “Época Contemporánea.” (Tetralogía del petróleo, 120)

Mientras que en Las torres y el viento la “acción transcurre en una región selvática cercana a Mene Grande, estado Zulia, Venezuela, entre 1914 y 1980”. En este caso la obra juega con el ir y venir de épocas, mediante el recurso a los aparecidos y sueños. Incorpora la historia de desalojos de los pueblos indígenas en las tempranas décadas del siglo, así como evoca las luchas armadas de las guerrillas venezolanas durante las décadas del sesenta al ochenta. (Tetralogía del petróleo, 168)

El conjunto, por tanto, abarca desde “el borbollón del primer pozo petrolero brotado en Zumaque 1914” (Tetralogía del petróleo, 163) hasta el presente de la escritura de las obras y su puesta en escena, extensible hasta finales del siglo XX.

El campo venezolano y los campos petroleros son conocidos por Rengifo directamente, pues recorrió buena parte de Venezuela y sufrió la represión de los dictadores. De modo que, con conocimiento de causa, el personaje Yuro puede referirse al campo petrolero de Monagas, y la acción de Las torres y el viento puede ser situada en Mene Grande. Los personajes de sus obras están tomados de los tipos venezolanos campesinos y obreros comunes de la época en cuestión. Hechos y personajes históricos son la base que utiliza Renfigo para construir su visión.

La realidad social

La realidad que se presenta en estos textos es la de la brusca transición de una Venezuela agraria a otra petrolera. En Las mariposas de la oscuridad se describen “las tierras abandonas y sin explotar, su venta a compañías extranjeras y el consiguiente desalojo del campesinado” (Rodríguez, en Tetralogía del petróleo, XIII). Se refleja esta realidad en palabras dirigidas a Flora por su enamorado campesino y, luego, en palabras del hacendado, padre de Flora. La Madre de Yuro refiere el apremio del desalojo y sus consecuencias.
YURO.— Bueno, usted sabe, no tengo trabajo, por aquí nadie cultiva. Su padre tiene abandonada esta gran hacienda...
PAREDES.— Mañana activaré todo lo relativo a la venta de la hacienda. Iré al pueblo a telegrafiar, cerraré negociaciones en dos días y me llevaré a Flora de todo esto. Luego viajaremos al exterior.
MADRE.— Dijo que nos daba quince días para que desalojáramos la hacienda, pues la tiene negociada; y la compañía extranjera que la va a comprar no quiere hacer tratos hasta que no se vayan todos los pisatarios y conuqueros. También en la pulpería me dijeron que todo será desalojado y que debemos pagar la cuenta que tenemos allá…
Las perspectivas de trabajo que se abren en los campos petroleros las expresa Yuro en varias ocasiones:
Adolfo, un amigo que tengo en el pueblo, me está haciendo diligencias a ver si consigo trabajo en un campo petrolero, por Oriente, o me arriendan unas vegas hacia la costa para que yo las cultive.
¡Sí! Estuve en el pueblo; Adolfo consiguió con un camionero amigo que me lleve a Monagas, trabajaré en un nuevo campo petrolero. ¡Me iré esta noche!
En El vendaval amarillo se describe el surgimiento del petróleo y la venta de tierras abandonadas y ejidos, a las compañías; y se denuncian los desalojos, amparados en acuerdos y corruptelas del poder ejecutivo y judicial para otorgar concesiones. Los diálogos entre Zoilo, Crisanto, Antonio y Natividad son elocuentes:
ANTONIO.— Pues, que eran ciertos los rumores. Los dueños vendieron sus haciendas a las compañías, dicen que por un dineral…
CRISANTO.— Bueno, allá ellos. (Pausa). Para lo que hacían con estas tierras. Daba lástima el abandono en que estaban… ¡Y tan buenas tierras!
ANTONIO.— Parece que por debajo son puro petróleo. Por eso fue el negocio…
CRISANTO.— ¡Ah! Tenía que ser por eso… Pero ¿será verdad?
ANTONIO.— ¡Claro que lo es! Se dice que también hay en los terrenos ejidales y que ya algunas compañías están gestionando para conseguirlos, comprados o en arrendamiento.

ZOILO.— Sí, parece que hay un enorme pozo bajo este lugar y en el lago… Su capacidad ya está calculada y desean perforar pronto, pero todo esto estorba. (Señala la barraca). Necesitan petróleo, mucho petróleo para mover el mundo, llenar sus bancos, hacer sus guerras…
NATIVIDAD.— Es por eso que quieren aventarnos a nosotros como basuras, como cáscaras de naranjas a las cuales se les ha extraído el jugo…

CRISANTO.— No sé. Pero ha sido así de acuerdo con unos papeles sacados de no sé dónde. Luego las compañías arreglaron lo demás… ¡Eso que llaman concesiones!
NATIVIDAD.— Aun así, la casa es de nosotros, mi abuelo la construyó…
CRISANTO.— Ofrecen cuatro centavos por las tejas… ¡Y quién sabe si los darán!
NATIVIDAD.— No entiendo eso. ¿Cómo pueden hacer esas cosas con tanta gente? ¿Y el de la Junta Comunal qué dijo?
CRISANTO.— No puede hacer nada. Todo está resuelto desde muy arriba.
NATIVIDAD.— ¿Y si nos negáramos a desocupar?
CRISANTO.— Es inútil. Nos sacarían a la fuerza. Así me lo dejó entender un tipo de las oficinas con quien hablé, citándome no sé qué ley.
En El raudal de los muertos cansados, lejos de constituirse en futuro para el pueblo, se caracteriza el campo petrolero como sitio malsano y lugar de muerte. La mujer del gerente muestra su visión clasista y etnocéntrica.
BETTY.— Cuatro años llevamos ya hundidos en este campo petrolero. Entre ciénagas, mosquitos, lidiando con gentuza de todos los pelos y colores.
BETTY.— Es lo que está de boca en boca… En ningún otro campo petrolero ha ocurrido en los últimos meses algo semejante… Tanto muerto…
Comentando El vendaval amarillo, escribe Rodríguez (Tetralogía del petróleo, XVI):
…el petróleo, además del desarraigo de los campesinos y de la destrucción del campo, trajo otras calamidades: crecimiento de bares y prostitución en los pueblos nuevos, corrupción, falsas ilusiones en la vida cotidiana, destrucción de parejas, desintegración familiar, imposición de costumbres foráneas…
Los cabarets, con sus implicaciones para las jóvenes que allí trabajan, y las peleas que se producen en ellos, se presentan en voz de Camila:
CAMILA.— …le debo mucho a la dueña del dancing. Una para trabajar allí necesita ropa buena, medias finas, zapatos, pintura. Ella presta adelantado, antes de pagar ya necesitamos otra vez cosas y la cuenta nunca acaba…
CAMILA.— Él me persigue. Ha intentado matarme… Se metió al cabaret y me golpeó. Llevaba un cuchillo…
Los accidentes de trabajo también se muestran en esa misma obra. En este caso se trata de las consecuencias de una explosión con dinamita:
OBRERO I.— Ahí los traen… (A Antonio). Raúl está muerto, pero su hijo Trino solo tiene quemaduras graves, quizás se salve…
La explicación del título El raudal de los muertos cansados se pone en boca de dos operarios:
OPERARIO I.— Cuando la Conquista, los alemanes buscaban El Dorado por aquí… Remontaban el río y al llegar al Raudal, como no podían cruzarlo, obligaban a los indios a cargar por las orillas las embarcaciones. Iban atados por los cuellos, cuando alguno se cansaba, para ganar tiempo, le cortaban la cabeza de un tajo y ahí quedaba…
OPERARIO II.— Por eso el nombre del Raudal de los Muertos Cansados…
Raudal de muerte que se actualiza en la explotación de los campos petroleros que acaban con la vida de los obreros.

Las matanzas de indios se traen de nuevo a colación en Las torres y el viento. Marta informa al Viajero:
MARTA.— ¿No lo sabe? Es el sitio de las Cruces. Se habló mucho de este pueblo hace años, cuando las matazones de indios. ¿Ha oído hablar de eso?
MARTA.— Aquí se iniciaron las explotaciones. ¿No vio por la pendiente las torres y los balancines abandonados y mechurrios aún encendidos? De noche parecen los candeleros del infierno. ¿Quiere saber algo? Bajo las patas de hierro de las torres hay balas hundidas en calaveras.
MARTA.— Detrás de la tumba quedan las tierras que fueron de los indios. Se empaparon de sangre y petróleo.
Conflicto social e ideológico

El conflicto social se expresa de varias otras formas, además de las ya apuntadas. En Las mariposas de la oscuridad, Yuro y Flora son personajes que simbolizan el contraste campo- ciudad:
YURO.— No me acostumbro. Usted es distinta a mí. Es una señorita de la ciudad; distinguida, educada. Yo soy un campesino…
YURO.— Usted es la hija de don Jaime Paredes, yo no soy nada…
El conflicto hacendado-campesino se ve reflejado en los desalojos ya referidos en Las mariposas de la oscuridad y El vendaval amarillo.

El conflicto obrero petrolero-funcionario extranjero se resalta especialmente en Las torres y el viento. El funcionario extranjero se presenta simbólicamente como Muñeco III, aliado a los poderes civiles (Muñeco I) y políticos (Muñeco II).



La tensión ciudad-campo, tradición-modernidad, se presenta una y otra vez. La modernidad va unida a las ideas de progreso, riqueza y libertad. Bajo esa ideología se expropia al campesino de sus tierras, acusándolo de atrasado y rémora para la civilización.

A Flora la muestra su padre, en Las mariposas de la oscuridad, como la joven civilizada y moderna, a la que no entienden los campesinos ni los estúpidos:
PAREDES.— ¿Cómo puedes entender tú lo que es Flora? ¿Sabes acaso de la vida civilizada? Flora es algo… Distinto de todo esto…
RAFAELA.— ¡Dondequiera que esté es mi hija, rica, civilizada, con todas sus cosas malas o buenas siempre será mi hija!
PAREDES.— Son estúpidos, solo piensan cosas malas de la gente que es moderna. ¡Todo cuanto se les ocurre! Se escandalizan porque Flora fuma y bebe, porque monta a caballo sola de noche, porque anda con los peones y se baña en el río…
Paredes aconseja a su hija un matrimonio convencional, para gozar de una vida más libre y moderna:
PAREDES.— Una mujer casada no es ya una señorita y puede actuar con mayor libertad… Ir de aquí para allá… Y más con tu carácter… Un marido para que te acompañe y…Vive… Goza…
Zoilo, personaje de El vendaval amarillo, inicialmente es un campesino convencido de las bondades del progreso.
ZOILO.— Así es. Conversé con uno que llegó con las máquinas. Me dijo mirando el paisaje que todo esto cambiará, y que pronto habrá riqueza, civilización, progreso…
ZOILO.— Hoy tienen razón, compadre. Es el progreso que ha llegado, una nueva vida para todos…
ZOILO.— A los muchachos hay que dejarlos andar solos alguna vez, compadre, ¡y más ahora que es tiempo de progreso!
ZOILO.— No sea tonto, compadre. No se van a meter con el río, pero si lo hacen tenga la seguridad de que será para el bien de todos, para el progreso de este pueblo…
Luego, se va tornando crítico, y hay un dejo de ironía en sus palabras:
ZOILO.— Solo interesan las cifras de ganancias. Oye esto: (Saca un recorte de periódico y lee). “Las empresas aceiteras que operan en Venezuela han obtenido durante los últimos tres meses ganancias que montan a la cantidad de… -No sé cuántos millones ponen aquí-Este rico y maravilloso país vive sus días de mayor prosperidad, civilización y progreso…”.
Camila, en esta misma obra, representa a la juventud con ansias de libertad, que termina devorada por tal progreso.
CAMILA.— ¿Qué otra cosa? Ya no me acostumbraría. Me gusta estar así… ¡Libre!
CAMILA.— Usted se ha vuelto como todos; no piensa sino en criticar…En decir sermones… (Cambia la voz). “¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué hiciste aquello…? Eres una cualquiera… Eres…”. ¿Qué sabe sobre lo que aspira una muchacha moderna? Además, me hastié de aquel pueblucho, de ver siempre lo mismo. ¡Quise gozar!
Crisanto, el más crítico de los pobladores rurales, es quien finalmente para en loco:
CRISANTO.— Es inútil. Nos sacarían a la fuerza. Así me lo dejó entender un tipo de las oficinas con quien hablé, citándome no sé qué ley. ¡Qué tipo tan repugnante! Trata de parecerse lo más posible a un gringo de los que gritan y mandan. Fuma pipa y usas trajes raros, a cada momento me decía palabras en inglés y hasta tuvo la desvergüenza de manifestarme que nosotros como nativos de color deberíamos estar contentos porque los musiús nos traigan trabajo y civilización…
CRISANTO.— (Con una inquietud violenta y repentina al oír los gritos y mirar a lo lejos los resplandores rojos). ¡Alumbren, que hoy estamos de fiesta! ¡Ya llegaron los camiones…! El río se volverá de oro… Es el progreso que nos inunda…
El funcionario petrolero de El raudal de los muertos cansados apuesta a ese progreso:
MORRIS.— Nada impedirá que la empresa mantenga su volumen productivo, contribuyendo así al progreso de esta pujante nación.
Del mismo modo lo hacen los poderes-Muñecos de Las torres y el viento, quienes son conscientes de que su progreso se hará a costa de los indios y conuqueros:
MUÑECO II.— (Ríe irónicamente). ¡Je, je, je! (Al Viajero). ¡Civilización! ¡Progreso! ¡Civilización! ¡Progreso! ¿Sabe lo que es eso? ¿Sabe?
MUÑECO II.— En su cabeza debe entrarle la idea de que esto hay que explotarlo… Sembrar torres, meter taladros, talar bosques, destruir sementeras… La riqueza que vendrá luego no les cabrá en las manos y los baúles. ¡Téngalo por seguro!
MUÑECO I.— ¡Y al carajo usted, mozo; al carajo los indios, los conuqueros, al carajo todos! (Amenaza con sacar el revólver. El Muñeco II lo contiene). ¡Que avancen las torres y la plata y usted, musiú! ¡Que avancen! ¡Yo las defiendo, carajo, porque yo amo el progreso!
MUÑECO III.— ¡Je, je, je, je! Siempre es emocionante vencer obstáculos, señor Jefe Civil. (Al Forastero). ¡Usted y sus indios son uno de ellos (Al Diputado). ¡Pero pequeñitos, señor Diputado, pequeñitos! ¡Je, je! (Al Forastero). Pero, mozo, vea bien nuestras torres, son como caballos salvajes, saben saltar obstáculos… Y cómo saltan… (Simula dar un salto). ¡Saltarán sobre usted y sus indios fácilmente! ¡Je, je, je!
Por otra parte, dos visiones contrapuestas se enfrentan en varios diálogos de Las torres y el viento, entre el Forastero y los Muñecos que representan los poderes (Jefe civil, diputado, y funcionario petrolero extranjero): el debate por la propiedad de la tierra, el debate sobre la dignidad humana de indios y campesinos, el debate sobre el rol de los Gobiernos y la Ley, el debate sobre el poder del dinero y la ética… Y la mentira que se va imponiendo en los medios: son los indios los violentos.
MUÑECO II.— Parece ignorarlo. Una y otro quieren avanzar en esta tierra salvaje. (Solemne). ¡Es estúpido que, por contemplaciones con unos cuantos indios y conuqueros mestizos, ese avance se entorpezca!
FORASTERO.— Lo seguro para los indios son sus tierras.
MUÑECO I.— (Ríe estrepitosamente). ¡Ja, ja, ja! ¿Sus tierras? Permítame que me burle, joven… Ni un gramo de esta tierra es de ellos. ¿Quién se la dio?
MUÑECO II.— ¡Correcto! Ocupan esas tierras porque los hacendados han sido débiles y el Gobierno lo mismo…
MUÑECO I.— ¡Pendejos, diría yo! (Jactancioso). ¡Pero ha llegado la hora de poner carácter y de actuar. Es el consejo que nos da el amigo!
MUÑECO III.— ¡Je, je, je! ¡Mire, mozo, que ya se ha movido mucha plata, y contra la plata nadie puede! ¡Los indios y conuqueros tendrán que irse… Al… Al… (Muñeco I). ¿Cómo dicen ustedes los venezolanos?
MUÑECO I.— ¡Al carajo, musiú!
MUÑECO III.— ¡Je, je, je! ¡A eso tendrán que irse! (Al Forastero). ¿Se da cuenta?
MUÑECO I.— ¡Coger la selva, allí es donde deben vivir los salvajes!
FORASTERO.— Ninguno por aquí permitirá ese atropello.

MUÑECO II.— Alguien ha escrito en periodicuchos de la capital que por aquí se pretende despojar a los indios. ¿También ha sido usted?
FORASTERO.— Puede ser…
MUÑECO I.— ¡Fue usted, lo sé sin ser adivino! ¡Y alguna relación hay entre usted y las armas que ahora tienen los indios!
FORASTERO.— ¡No tienen armas!
MUÑECO II.— Me han dicho que en sus tierras se oyen disparos.
FORASTERO.— Tiran contra ellos desde las haciendas vecinas. Pero no los asustarán; y están dispuestos a quedarse allí.

FORASTERO.— No hace falta. ¡Ellos piensan!
MUÑECO I.— ¡A la mierda! ¡Quién ha visto indios pensando!
MUÑECO III.— ¡Je, je, je! ¡El Jefe me hace reír! ¡Je, je, je!
MUÑECO II.— (Alzando el portafolios). Oiga, joven, a pesar de todo, las torres, los taladros y ellos (Señala al Muñeco III). Deben avanzar amparados por la ley… ¿Y quién puede oponerse a la ley?
El Forastero es amenazado por los poderes-Muñecos y se presenta como un aliado estratégico de indios y conuqueros.

La religión también entra el juego del conflicto ideológico. Las rezadoras de Las torres y el viento, ante el Forastero muerto, prefieren dejar las causas de su muerte violenta en el pasado (“lo que fue, lo fue”), y acaban bailando al son que tocan los poderosos “Muñecos”, aliadas con ellos. Mientras Luciana se queda junto al cadáver, velando a su muerto.
REZADORA II.— (A la Rezadora I). ¿Por qué lo matarían?
REZADORA I.— ¡Muchos hombres extraños llegan aquí con cuentas ocultas y hay quien se las cobra!
REZADORA II.— Parecía un hombre bueno.
REZADORA I.— Continuemos rezando. Lo que fue, lo fue.
El conflicto surge por el tipo de oraciones y por el movimiento escénico ante el cuerpo del Forastero. Luciana hace sus oraciones privadas, siendo a asociada a rituales indios, frente a los rezos católicos tradicionales de las rezadoras. Luciana permanece estática, mientras las rezadoras, apartándose, danzan con frenesí.
LUCIANA.— Yo se las diré. Les agradezco que se vayan.
REZADORA II.— Habrá que enterrarlo.
LUCIANA.— Lo haré en este mismo lugar.
REZADORA II.— ¿Tú sola?
LUCIANA.— Sí.
REZADORA I.— Así entierran las indias a sus muertos. (Luciana calla; a la Rezadora II). Si ella lo quiere así, mejor nos vamos. (Deja su vela junto al cuerpo yacente y, seguida por la otra, comienza a marcharse…).
Entre tanto, las Rezadoras se acercan al Muñeco III y comienzan a reír con él, primero tímidamente y luego con mayor soltura, hasta que lo hacen con verdadero frenesí. El Muñeco III inicia un baile, las Rezadoras ríen y comienzan a danzar con él. Las proyecciones siguen. Luciana permanece, estática, con la vela encendida, junto al cadáver.
Ensayo, pintura y teatro

Las obras de Rengifo no están asiladas en el campo del arte. Sucede que, en los textos literarios latinoamericanos abundan las referencias interartísticas.  Enuncia Tedesco (201):
Sirve al replanteamiento crítico de la literatura latinoamericana, la creación de campos semánticos de modalidades genéricas diferentes.
Y así, muestra las consonancias entre el ensayista Manuel González Prada y la narradora Corinda Matto; o entre el ensayista Mariátegui y el narrador Arguedas, todos ellos peruanos.

Vale la pena estudiar, siguiendo esta pista reflexiva, las consonancias del teatro de Rengifo, y en particular de las cuatro obras aquí tratadas, con la obra ensayística de su contemporáneo Orlando Araujo. Cito, solo como muestra, un par de textos de su obra Venezuela violenta, que abonan cuanto se viene diciendo, sobre el paso de una Venezuela agraria a otra petrolera, con todas sus consecuencias:
La clave para comprender el proceso económico posterior así como sus complejidades sociales y políticas está en ver con claridad y no olvidar que aquellos problemas no se resolvieron mediante la sustitución de una estructura económica atrasada por otra avanzada, es decir que el modo de producción latifundista (entiéndase feudal) no fue sustituido por el capitalista, que le seguía en el orden histórico de la evolución social. No hubo, pues, un cambio de la estructura sino una adherencia capitalista que se superponía sobre las aristas de una economía latifundista, artesanal y pequeño-mercantil, y convivía con ella. Esa adherencia venía de afuera, procedía de un mundo más avanzado y poderoso, los ingenieros petroleros traían consigo la fascinación de los buscadores de oro y muy pronto darían al país una fisonomía y hasta una psicología de campamento minero. Para Gómez, el petróleo era un fruto de la tierra y su mentalidad de hacendado lo llevó a concebir la administración de esta riqueza con un criterio latifundista: otorgaba a sus amigos, familiares y partidarios, vastísimas concesiones de tierra y estos las traspasaban luego a las compañías extranjeras que explotaban las zonas petroleras. (38)
El petróleo, como Dios, está en todas partes al mismo tiempo, aun cuando, a veces, no se le pueda ver o adquiera como Proteo, mil formas diferentes para desconcertar y aniquilar a quienes osen atravesarse en su camino. Venezuela vive bajo la tiranía de ese dios cuyos sacerdotes mascan chicle, fuman pipa y distribuyen premios y castigos entre los nativos que se sometan a su culto o que se atrevan a desafiarlo. Venezuela es el paraíso de la inversión extranjera, la tierra de nuestro señor petróleo. Venezuela es una colonia yanqui. (100)
Siendo contemporáneos, es muy probable que las reflexiones de Araujo se alimentaran de las obras tempranas de Rengifo, como especialmente Las torres y el viento, de 1969, se pudo alimentar de Venezuela violenta, escrita en 1968.

Respecto a las obras incluidas en la Tetralogía de la que me ocupo, llama la consideración de los escenarios desde una perspectiva de realismo social, muy a tono con las pinturas del autor. Véase el primer escenario, descrito con minuciosos detalles de realismo social, para la obra primera de la Tetralogía:
El escenario para el primer acto constará de dos ambientes. En la parte derecha, el interior de un rancho de bahareque y palmas. Es cocina y corredor al mismo tiempo, también acostumbra dormir allí el Padre. Hay una pared al fondo y otra a la derecha, en esta una puerta comunica con otro cuartucho dormitorio, la puerta está cubierta con una cortina sucia y raída. En la izquierda del rancho unos horcones hacen de columnas que sostienen el techo; en este mismo lado hay un patiecillo sin cercar que da al camino. En el patiecillo están una batea, tiestos con matas y unas latas, junto a la pared un fogón con útiles de cocina, en su mayoría de barro cocido. Sobre un anafre algo se cuece en una olla. Hay una tinaja, leña, una silla destartalada y un cajón grande que sirve de asiento; también una mesa sobre la cual está una lámpara de kerosén. En las paredes un trozo de espejo, algunos cromos desteñidos, una repisa con un santo y una cruz de palmas. Cerca de la puerta que da al cuartucho hay un catre pequeño. El ambiente en la parte izquierda estará compuesto por un camino, un árbol frondoso a cuyo pie hay un pequeño estanque con bordes de ladrillos. Al fondo una piedra grande, arbustos y cielo. Los cambios en la acción de un ambiente a otro se harán mediante efectos luminosos de acuerdo con el plan directivo escénico. La acción se inicia en el escenario de la derecha. Al correrse el telón en escena están: el Padre, quien se encuentra tendido en un camastro; la Madre, quien se ocupa de hacer algo en el fogón, y Marcos; este, cerca del primer horcón, sentado en el suelo, trata de componer con alambre una vieja jaula. Hay luz de atardecer.
La obra pictórica de Rengifo ha sido ubicada en el llamado realismo social influido por los muralistas mexicanos de esta corriente. Ha dicho Juan Calzadilla de la obra del venezolano:
El tema principal de su pintura es el campo venezolano, humanizado por la figura de los tipos campesinos criollos; el paisaje en ruinas, donde se levantan cielos oscuros o presagiosos a los que la tierra comunica su propio color, está escuetamente delineado como escenario teatral donde destacan las figuras en primeros planos.
Sus obras La música, Estudio, La esperanza o El niño enfermo reflejan bien estos rasgos: tonos cálidos y predominio de figuras populares, reflejo de algún instante cotidiano.

Recoge Humberto Orsini (Teatro, XIX) el siguiente dato:          
En una entrevista que le hizo el actor y director Pedro Marthán a César Rengifo, a la pregunta sobre la relación que había entre su teatro y su pintura, él respondió: “No hay contradicción entre mi teatro y mi pintura; por el contrario, ambos se complementan”.
Y agrega, en el mismo texto, que “el dibujo de los personajes en sus pinturas se corresponde con la construcción de muchos de los personajes de su teatro”.

El símbolo del fuego y el final de tragedia

Un simbolismo potente, que da tono de tragedia a estas obras de Rengifo es el del fuego.
En Las mariposas de la oscuridad se escuchan las voces que anuncian fuego y cubren la tragedia de la joven Flora asesinada como chivo expiatorio del conflicto desatado, asesinato provocado, sin ser consciente de ello, por su propia madre, curandera, al mejor estilo de las tragedias griegas.
VOCES.— ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Se quema la hacienda!
MADRE.— ¡El fuego cura todos los daños!
VOCES.— (Cerca aumentan las voces). ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Se quema la hacienda!

FLORA.— Sufrí una caída y me mordieron unos perros, me siento mal, denme un poco de agua.
MADRE.— (Con miedo y asombro). ¡Es ella! ¡Es ella! ¡La persona del daño! ¡La bruja! ¡La telaraña…! ¡Es ella!

PADRE.— (A la Madre). ¡Ya no habrá brujas en la hacienda…! Hasta candela le prendimos al monte… ¡Ja, ja, ja!
MADRE.— ¡El fuego cura todos los daños!
RAFAELA.— ¡Fueron ustedes! ¡Yo vi sus sombras!
PAREDES.— ¡Miserables! ¡Borrachos! (Alza el revólver. La Madre lanza un grito agudo, Marcos y el Padre huyen).
En El vendaval amarillo el incendio está referido a un hecho histórico. Se abre la obra desde la perspectiva del personaje Zoilo, quien relata lo ocurrido.
Por el lateral derecho e iluminado por una luz difusa de reflectores aparecen Zoilo y dos obreros. La vestimenta de los tres se ve sucia y con huella de humo y quemaduras. Zoilo camina con dificultad, sostenido por sus acompañantes, lleva un brazo en cabestrillo y se muestra agobiado por una gran fatiga. A medida que ellos avanzan, el fondo se ilumina intermitentemente con golpes de luz rojiza, mientras a lo lejos se oyen explosiones y un rumor difuso.
ZOILO.— ¿Sigue el incendio?
OBRERO I.— ¡Sigue!
ZOILO.— Fuego, humo, cenizas. Si creyera en demonios podría decir que ellos han caído aquí, para vaciar sus pailas llenas de tantas cosas malas… (Vuelven a verse en el fondo los resplandores rojizos) y sigue también el fuego (Arroja el cigarrillo) y la angustia.
Luego se describe en detalle el incendio de las casas, la gente huyendo, la muerte trágica de Zoilo, quemado en el lago, y el asesinato de Camila a manos de su propio hermano.
MUJER.— (Gritando). ¡Hay fuego en la parte alta del pueblo! ¡Algo se quema!
OBRERO I.— Todas las barracas de arriba están ardiendo. ¡Le pegaron fuego al pueblo!
NATIVIDAD.— ¡Ay, Dios mío, pero es horrible eso…! Todo esto es madera y cartón. (A lo lejos se oyen gritos confusos y carreras. En medio de todo, la sinfonola toca una canción estridente. Óyense, claramente las voces de ¡Fuego! ¡Fuego! Sobre las aguas del lago, en el fondo, comienzan a verse resplandores rojizos).
OBRERO I.— (Asomándose a la barandilla). ¡Ya la candela cogió el aceite derramado sobre el lago y hay mucho viento! (Los gritos lejanos se intensifican).
ZOILO.— (Con premura). ¡Comadre, hay que sacar los corotos y a Crisanto! ¡Las barracas son un infierno en llamas…!
OBRERO II.— (Entrando). ¡El fuego se extiende por todas partes; ya arriba hay algunos quemados!
CRISANTO.— (Solo y de pie) ¡Ja, ja…! El viento está arreciando y todo está de fiesta… (Camina y se coloca junto a la rejilla que separa a la habitación donde él está del corredor que cae al lago. En el fondo siguen los resplandores y el fuego más intenso, mientras en la calle aumentan los gritos y el tumulto. Agitado). ¡Ah, está lloviendo sobre el río…! ¡Ja, ja…! ¡Todo se está poniendo amarillo…! ¡Es un vendaval lo que cae…!
¡Un vendaval de oro! ¡Y el río crece…! ¡Crece! (Vuelve la cabeza como buscando a alguien). Raúl, Raúl, ¿dónde estás? ¡Ven conmigo…! (Rompe con el cuerpo la barandilla y avanza por el corredor). ¡Ven, aprovechemos el vendaval amarillo para bañarnos de oro…! ¡Mira como está cayendo…! ¡Mira! (Camina con rapidez y cae al lago. Segundos después, entra Natividad, presa de angustia y turbación).
ZOILO.— ¡Tienen que salir de aquí pronto! ¡Ya el fuego alcanzó los tanques de gasolina…! (De pronto al no ver a Crisanto y advertir el espanto de Natividad se alarma y va hacia el corredor. Allí se detiene, vuélvese y pregunta a gritos a Natividad). ¿Y Crisanto? ¿Dónde está Crisanto?
VECINA.— (A Natividad). ¡Apresúrate, Natividad… Ven! (De pronto toma conciencia de que algo grave ocurre y grita). ¿Y Crisanto? ¡No veo a Crisanto! (Se acerca a Natividad, quien no la mira, absorta en el fuego que se extiende en el lago). ¿Dónde está Crisanto?
NATIVIDAD.— (Tendiendo los brazos hacia las aguas). ¡Allí está, ardiendo! ¡Ardiendo!
VECINA.— (Perpleja y horrorizada). ¡No puede ser, Natividad, no! (Por la puerta pasa gente corriendo y gritando).

MUJER.— (Gritando con alarma). ¡Natividad! ¡Natividad! ¡Trino malogró a la muchacha! ¡Allá abajo está tendida…!
NATIVIDAD.— ¿Qué muchacha?
MUJER.— ¡A la Camila! (La mujer sale).
NATIVIDAD.— ¡Dios mío, qué horror! ¡Qué horror! (Sale corriendo en pos de la mujer).

VOCES.— (Afuera). ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Ya esto arde también…! ¡Huyamos!
ZOILO.— (A la Vecina). Salvémosle algo… (Comienza a reunir algunos objetos y a envolverlos en una cobija. La Vecina, con rapidez, lo imita acumulando unos cuantos trastos. Pero las voces afuera crecen y se oyen explosiones. Alguien se asoma por la puerta y les grita).
VOZ.— ¡Ya arden estas barracas, salgan!
ZOILO.— (A la Vecina y señalando a Natividad). ¡Debemos sacarla cuanto antes!
VECINA.— ¡Sí! (Va hasta Natividad y la tira por un brazo). ¡Esto también se incendia…! ¡Huyamos, Natividad…! (Natividad se resiste y se inclina hacia las aguas, la Vecina la agarra; en el fondo alumbra un relámpago). ¡Un relámpago…! ¡Ojalá llueva y se apague el incendio…!
ZOILO.— (Golpeando con fuerza la mesa). No lo apagará una simple lluvia, ni siquiera una fuerte lluvia. (Con ira). Será necesario una gran tempestad, con truenos, centellas, rayos… ¡Y me gustaría tener fuerzas para hacerla caer ahora mismo…!
NATIVIDAD.— (Mientras la vecina trata de arrastrarla). ¡Quiero ir allá! ¡Donde está Crisanto! ¡Donde cayó Crisanto! (Zoilo se acerca a ellas). ¡Déjame! ¡Crisanto! ¡Crisanto! ¡Ven! ¡Ven! (Zoilo la toma en brazos mientras la Vecina recoge el bojote que Zoilo hizo con la cobija). ¡Crisanto, ven, que nos está devorando el petróleo! ¡Nos está devorando!… (Zoilo comienza a sacarla. Natividad grita y se debate). ¡No quiero irme! ¡No quiero salir! ¡No! ¡Crisanto! ¡Crisanto! ¡Nos devora el petróleo! ¡Nos devora! ¡Todos estamos ardiendo! ¡Todos! ¡Mira cómo crece el fuego! ¡Míralo, mi amor!
(Zoilo, luchando con ella, la saca de escena, la Vecina los sigue. Los gritos de Natividad se oyen alejándose. Oscuro. Cae una cenital sobre el Obrero I, quien se acerca al tronco donde aguarda Zoilo, lesionado).
La obra cierra de nuevo con Zoilo, en un primer plano, resaltando la idea de que el incendio sigue, sugiriendo una lectura simbólica de este incendio, vinculado a la permanente destrucción que ocasiona la explotación petrolera.
ZOILO.— (Al Obrero I). ¿Sigue el incendio?
OBRERO I.— ¡Sigue! (Lo ayuda a incorporarse y a caminar. A lo lejos se oyen fuertes explosiones y aumenta el resplandor rojizo).
En El raudal de los muertos cansados el incendio es producido por un funcionario de la compañía petrolera calculando su ascenso, sin reparar en los obreros muertos.
BETTY.—¿Cómo fue?
JUDGE.— (Vistiéndose con rapidez). ¡Explosión! ¡Incendio!
BETTY.—¿Hay víctimas?
JUDGE.— Parece que sí…

MORRIS.— Es intrigante esto… ¿Qué ocurrió, entonces?
DESCONOCIDO.— Alguien preparó un dispositivo para que, al los obreros establecer la conexión, la maquinaria estallara. El incendio posterior fue una consecuencia de eso…
MORRIS.— ¿Se sabe quién o quiénes lo hicieron?
DESCONOCIDO.— Poseemos ya una pista al parecer segura…
Final de tragedia en que los dirigentes sindicales acuerdan con la compañía el silencio cómplice y los obreros son detenidos por la policía.
RELACIONISTA.— (Al Dirigente). Los consultores jurídicos de la compañía tienen un informe que desean hacer conocer a la Unión.
DIRIGENTE.— (Al Relacionista). Iré donde ellos. (Sale).

(Cerca se encienden algunas linternas que los alumbran. Óyense voces. Una les grita ordenando).
VOZ.— ¡No se mueva nadie! ¡Manos arriba! ¡El que intente huir llevará balas! (Los obreros se vuelven asombrados y suben las manos).
En Las torres y el viento el fuego es provocado por la propia industria petrolera y sus mechurrios. Es un fuego que arrasa con todo.
ANTONIO.— Lo que son las cosas, este era un lugar apacible, pero detrás de las torres llegó la violencia. Creo que hasta el viento se hizo más áspero y duro. ¿Ha oído cómo se pelea afuera con los hierros de las torres y el fuego de los mechurrios?
LUCIANA.— ¡Ya los mechurrios y sus candelas siguen avanzando selva adentro! Pronto quemarán hasta las piedras.
ANTONIO.— Exageras, Luciana.
LUCIANA.— Conozco ese incendio, Antonio María. ¿No te han dicho que unos hombres de las compañías me enterraron en un montón de hojarasca, bajo una torre?
ANTONIO.— Me lo dijeron.
LUCIANA.— Cada torre se asentará sobre una tumba.
ANTONIO.— ¡Ah! ¡Creí que estaba dormido! ¡Asómese a la puerta, rápido, para que vea! ¡Los indios están asaltando los campamentos de las compañías! ¡Desde la acera se ve el humo del incendio!
LUCIANA.— ¡No son los indios quienes la han iniciado! ¡Vamos rápido! (A lo lejos se oyen gritos y disparos. Oscuro. Se proyecta en blanco y negro un gran incendio rural. Hacia él camina Luciana, portando las armas; la sigue Antonio María, Luciana grita). ¡Resistan! ¡Resistan! ¡Resistan!
(Avanzan hacia el fuego mientras se escuchan disparos y gritos. Oscuro. Luz sobre el banco donde el Viajero se encuentra, sentado y cubierto con la cobija. Llega Antonio María. Lejos, óyense voceríos y disparos).
El final se presenta con la muerte del Viajero y los jóvenes armados huyendo entre disparos.

Diversas perspectivas críticas de los personajes y su rol concientizador

Frente a la creencia en daños causados por hechicería, como explicación de las situaciones adversas, expresa un personaje de Las mariposas de la oscuridad:
YURO.— Mucha gente dice lo mismo, pero no creo… Adolfo, que lee libros, me ha dicho que esas cosas las inventan los ociosos…
De nuevo se presenta a Adolfo como un vecino solidario, librepensador, analista de la realidad y propulsor de la siembra.
YURO.— Por la hacienda, luego volví al pueblo y hablé con Adolfo, me alquilará el cuarto para ustedes.
YURO.— Abandono y ruina es lo que hay por estas tierras, ¡Adolfo me lo vive diciendo! ¡Si todo por acá lo sembraran, otra cosa sería!
MADRE.— Le crees mucho a ese Adolfo; mira que hablan de él, dicen que no va a la iglesia…
Otros personajes representan una conciencia mayor, en medio de la marginación del campo y la explotación petrolera. Zoilo, en El vendaval amarillo, hace papel de relator de lo que va sucediendo, con parlamentos más largos y analíticos:
Pueblo Viejo estaba en ruinas, las alambradas de las grandes haciendas se habían ido corriendo a través de los años y solo quedaban para sembrar unas pequeñas vegas a la orilla del río. Muchos se iban huyéndole al hambre, pero otros seguíamos allí con la esperanza de que los alambres habían de ser quitados, de que la vida cambiaría algún día. Pero los alambres dieron paso al diablo…
Desde aquel día vinieron grandes cambios. En las extensas tierras alambradas comenzaron a nacer torres y tubos de acero. Llegó mucha gente nueva al pueblo. Uno a uno, los jóvenes primero y los viejos después, fueron enrolándose en las compañías. Las manos no volvieron a tocar más los terrones, y poco a poco se fueron acostumbrando a las maquinarias, al aceite. ¡Todo, efectivamente, comenzó a cambiar!
Después de esa desgracia, los tractores continuaron su obra de demolición. Frente a sus metálicas palas fueron cayendo una a una de las viejas y pequeñas casas de tierra y tejas. ¡Cuántas cosas se derrumbaban con ellas! Pronto Pueblo Viejo fue un montón de ruinas desoladas. Todos nos marchamos a la orilla del lago, y allí nació otro pueblo de latas, cartones y miserias… Y otra vida nos tomó en sus manos…
Sí, parece que hay un enorme pozo bajo este lugar y en el lago… Su capacidad ya está calculada y desean perforar pronto, pero todo esto estorba. (Señala la barraca). Necesitan petróleo, mucho petróleo para mover el mundo, llenar sus bancos, hacer sus guerras…
La Mendiga de Las torres y el viento también cumple un papel de analista de la realidad, a partir de la experiencia vivida:
VIAJERO.— Recién sonaban las campanas.
MENDIGA.— ¡Las sonaría el viento! ¡Pues el sacristán hace meses que alzó el vuelo! ¡Chisss! ¡Todos se han ido! Solo los viejos nos hemos quedado… Yo vivo como siempre, de pedir, y cuando no me dan, voy al monte a comer hierbas y verdolagas… Ah, pero sabrás: vi correr mucho oro del bueno. Eso fue cuando cocinaba para los gringos. Ellos ganaban y mandaban. ¡Podía entrar a sus campamentos porque no era negra! ¡A los negros, ni un pie así dentro de ellos! Allí estaba su policía para cuidar… Pero, mijo, el petróleo se acabó… Se lo volvió a llevar el demonio. (Se oye un rumor sordo y tambores monótonos). ¿Oyes? ¿Oyes? Son los indios asesinados que se burlan desde la selva y el rumor del viento. ¿Oyes? (Se oyen voces sordas cantando monótonamente).
VOCES.— (Lejanas, sordas). ¡Ehhh! ¡Ehhh! ¡Ehhh! ¡Caca del diablo fue! ….
MENDIGA.— (Ríe, sarcástica). ¡Ja, ja, ja! ¡Oye bien! ¡Mierda! ¡El petróleo nos ha bañado a toditos de mierda! ¡Ja, ja, ja! (Se callan las voces). ¡Los gringos ahora también se ríen, míralos!
El personaje Crisanto, de El vendaval amarillo, loco por la tragedia vivida con la muerte de su hijo, evidencia en su locura la mentira del oro prometido, convertido en amarillo fuego arrasador.
CRISANTO.— (Solo y de pie) ¡Ja, ja…! El viento está arreciando y todo está de fiesta… (Camina y se coloca junto a la rejilla que separa a la habitación donde él está del corredor que cae al lago. En el fondo siguen los resplandores y el fuego más intenso, mientras en la calle aumentan los gritos y el tumulto. Agitado). ¡Ah, está lloviendo sobre el río…! ¡Ja, ja…! ¡Todo se está poniendo amarillo…! ¡Es un vendaval lo que cae…! ¡Un vendaval de oro! ¡Y el río crece…! ¡Crece! (Vuelve la cabeza como buscando a alguien). Raúl, Raúl, ¿dónde estás? ¡Ven conmigo…! (Rompe con el cuerpo la barandilla y avanza por el corredor). ¡Ven, aprovechemos el vendaval amarillo para bañarnos de oro…! ¡Mira como está cayendo…! ¡Mira! (Camina con rapidez y cae al lago).
Ya se ha señalado, por otra parte, el importante rol desideologizador del Forastero, en Las torres y el viento, desenmascarando a los Muñecos.
Igualmente destaca el Obrero I en El raudal de los muertos cansados, Su visión cuestiona el planteamiento de otros obreros cumpliendo un papel concientizador.
OBRERO I.— Debemos hacer una gran huelga, armar escándalos… En fin, protestar de algún modo…
OBRERO I.— Eres un inocente. Será así porque saben que aguantamos todo. Ni siquiera nos duelen nuestros muertos.
OBRERO I.— ¿Dirigentes? Muchos de ellos siempre andan buscando acomodos para justificar a la compañía.
OBRERO I.— La plata está regada por todas partes… Y no creo en eso de que estaban borrachos…
OBRERO I.— Estoy seguro de que no fue imprudencia de ellos. He visto muchas vainas en este campo. Cuando estalló aquel taladro y hubo dos muertos, sacaron rápidamente en avioneta a un tal Cooper. Se supo después que se hacía pasar por ingeniero y no era nada.
OBRERO II.— ¡Estamos jodidos! ¡Pero qué le vamos a hacer!
OBRERO I.— ¡No! ¡Estamos jodidos por aceptar que estamos jodidos! ¡Eso es!
Dos personajes hablan de resistencia, y uno más intenta resistir a las presiones. Ellos son Luciana, en Las torres y el viento; Zoilo, en El vendaval amarillo; y el Obrero I, en El raudal de los muertos cansados.
LUCIANA.— ¡No son los indios quienes la han iniciado! ¡Vamos rápido! (A lo lejos se oyen gritos y disparos. Oscuro. Se proyecta en blanco y negro un gran incendio rural. Hacia él camina Luciana, portando las armas; la sigue Antonio María, Luciana grita). ¡Resistan! ¡Resistan! ¡Resistan!
NATIVIDAD.— Será como tú dices, pero por él también quieren sacarnos de aquí, de estos cuchitriles donde nos han arrojado… ¿Y qué podemos hacer?
ZOILO.— ¡Resistir! ¡No mudarse!
ZOILO.— Es difícil, pero te ayudaré en eso… Los muchachos deben estar donde no haya tantos peligros… Me marcho… Ya lo sabes, nada de ceder; hay que resistir…
OBRERO I.— (Aún resistente). Pero no puedo esconderme ni huir así, solo porque me buscan…
Pero son los jóvenes de Las torres y el viento quienes representan la resistencia armada y la resistencia cultural más explícita; con ellos colabora el Viajero.
VIAJERO.— ¡Ah! ¡Dile a Luciana que el forastero no ha muerto… Anda en el viento…! ¿Lo oyes? ¡Corre por el pueblo! ¡Por la selva! (Aspira). ¡Huele a humedad, a flores! ¡Yo sé a quién amaba Luciana! ¡Yo lo sé, Antonio María! ¡Yo lo sé! ¡Lo sé! (Muere).
JOVEN II.— (Cerrándole los ojos). ¡Ha muerto! (A lo lejos se oyen tiros).
JOVEN II.— ¡Debemos salir de estas ruinas inmediatamente! ¡Quizá es el cerco! ¡Vamos!
(Salen, presurosos, con las armas dispuestas. La luz comienza a declinar. Una cenital roja cae sobre el Viajero. El telón comienza a cerrarse. Los tiros, a lo lejos, aumentan hasta convertirse en descargas. Contra esos sonidos óyese una música de gaita zuliana con furruco y cuatro. Una voz canta).
El juego temporal señalado con anterioridad en relación a esta última obra, vincula al Forastero antiguo, con el Viajero contemporáneo. Ambos han dado su vida por indios y conuqueros. Las palabras del Viajero: no ha muerto el Forastero, corre por el pueblo, por la selva, huele a flores… retoman el discurso cristiano de la resurrección de Jesucristo tras su muerte a manos criminales, y el discurso revolucionario latinoamericano según el cual como diría Alí Primera: “Los que mueren por la vida, no pueden llamarse muertos”.

Con este final se abre una pequeña ventana a la esperanza, desde la resistencia popular. La música final de gaita con la denuncia aparejada, otorga a la cultura popular –música, teatro, pintura y otras expresiones artísticas- un rol protagónico en tal resistencia.

TEXTOS REVISADOS
Araujo, Orlando. Venezuela violenta. Caracas: Banco Central de Venezuela, 2013.
Rengifo, César. Tetralogía del petróleo, Caracas: Monte Ávila, 2008.
- ­Teatro y Sociedad. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 2015.
Rodríguez, Orlando, “César Rengifo y la reconstrucción del pasado”, en Rengifo, César. Teatro y Sociedad, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 2015, XVI-XVIII.
- “Petróleo y teatro en César Rengifo”, en Rengifo, César. Tetralogía del petróleo, Caracas: Monte Ávila, 2008, IX-XXII.
Tedesco, Ítalo. Urdimbre social, estética e ideológica de indigenismo en América Latina. Caracas: UPEL, 2003.

Imagen: https://embusteria.blogspot.com/2015/05/cesar-rengifo-cien-anos.html

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