domingo, 2 de octubre de 2016

Sobre Wafi Salih, Caligrafía del aire



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CALIGRAFÍA DEL AIRE
El haiku es poema de la vida. “Instante significativo de la cotidianidad” –se ha dicho. En cuanto a su espiritualidad, está marcado por el zen japonés (deudor del budismo hindú y del taoísmo chino), y apunta a la iluminación: el despertar del Buda.
Comienzo señalando algunos de los elementos vitales, “iluminadores”, manifiestos en los haikus del  poemario Caligrafía del aire, de Wafi Salih, ya anunciados en mi anterior ensayo, referido a Vigilia de Huesos

LOS PEQUEÑOS ANIMALES
Lo cotidiano sencillo nos lleva a la iluminación. Como en la historia del monje que le dijo al maestro Joshu: “Acabo de entrar a este monasterio. Por favor enséñame”. Joshu preguntó: “¿Has comido tu arroz?” El monje respondió: “Ya he comido”. Joshu le dijo: “Entonces sería mejor que lavaras tu plato”. En los haikus de Wafi, son los pequeños animales los que muestran la vida sencilla, el valor de las cosas pequeñas. Lo más simple nos hace despertar. Aquí –en Caligrafía..-están los pequeños insectos: mariposa, hormiga, mosquito, grillo; y las aves: pájaro, ruiseñor, gorrión, tortolita, gaviota.
Agua y frío / en mi ventana / dos mariposas
Se hace explícita la mención de su pequeñez, en el caso de otro animal -la rana-:
Sombra muda / la diminuta rana / sobre la hoja
Y se agrega a los ratones:
Este invierno / los ratones no encuentran / migas de arroz

CICLOS COSMOLÓGICOS Y FENÓMENOS NATURALES
Entre lo más peculiar que identifica a este poemario, Caligrafía del aire, resulta un rasgo que ya estudié en el caso de Vigilia de huesos, pero aquí se hace tónica constante: el alternar de la vida, sus ciclos, el paso de una etapa a otra, los elementos o fases de la naturaleza (cinco en la tradición china, cuatro en otras antiguas tradiciones), los opuestos armonizados….
El día y la noche, las estaciones… se hacen presentes:
Viento de invierno / sostiene ¿qué? / ¿tanta tristeza?
Flores de azahar / despinta la noche / blanca fragancia
Especial aparición tienen algunos de los elementos de la naturaleza: agua, tierra y aire. El agua en sus diversas formas o estadios: escarcha, rocío, lluvia, nieva, gota… La tierra, piedra o fango. Y el aire: viento, cielo, nubes; con la observación que este último elemento, que marca el título del poemario, no se incluye entre las cinco fases de la naturaleza en la filosofía tradicional china. Así va quedando claro que los haikus de Wafi beben en distintas fuentes (orientales y occidentales) sin apostar por una corriente filosófica particular.
Gotas de rocío / ¡quién las distingue! / sobre el agua
Desde la rama / el gorrión lee el agua / sobre la piedra

Frío de invierno / queja del viento / en mi ventana

Nacer y morir, florecer, son otros modos de evocar el ritmo vital, transito de la vida de una etapa a otra:
Lindo día / muere en los ojos una flor / otra nace

La luz y la sombra, son expresión de la armonía de opuestos en el yin-yang:
La mariposa / bate dos mitades de la luz / dos sombras

ALGUNOS ELEMENTOS FORMALES SIMILARES A VIGILIA DE HUESOS
Hay una estructura muy recurrida en el poemario posterior Vigilia de Hueso, que no es tan común aquí, pero hago referencia a ella. Consiste en una acción simple y tres sustantivos, dos relacionados por el verbo, y un tercero señalando circunstancia. Los sustantivos permiten aguzar la mirada contemplativa sobre la escena, sobre sus detalles. El verbo único concentra la acción simple.
Una mariposa / en la puerta del cielo / abre el templo
Un ejemplo de lo que he dado en llamar “verbos metafóricos”, se tiene en este haiku en el que la ronda de los insectos sobre las plantas se expresa como tejido de canciones:
Los insectos / tejen sobre el perejil / verdes canciones

A veces, formalmente, en sutil juego metafórico, el haiku se acerca a la adivinanza:
Monjes en fila / gotas de rocío / en el templo
Sombra muda / la diminuta rana / sobre la hoja
Perfume / de primavera / la luna sola

LA NIÑA, EL NIÑO, EL VAGABUNDO, EL MONJE
En los haikus tradicionales hay una mirada particular sobre algunos personajes, que mantienen su natural esencia: los niños, el mendigo, la muchacha…; personajes que remiten a la sabiduría y la paz. Esta perspectiva la recoge Wafi en algunos de ellos:
Un sendero de hormigas / guía al vagabundo / esta tarde   

Tul y encaje / camina la niña / entre nubes
Entre la lluvia / la niña llora / nadie lo nota
En el jardín / ajeno a los gladiolos / un niño llora

El llanto del niño y la niña, apenas descubierto a la mirada del poeta, lanza la pregunta por la razón de tal llanto. Este otro haiku permite interrogar por la propia realidad humana en su desarrollo evolutivo:
Ve en el retrato / el niño que era / yo ¿o un extraño?

EL MUNDO PRESENTE
La pregunta por el llanto de los niños y la evolución humana, se asocia bien con la pregunta por el mundo en que vivimos. Ya comenté en mi anterior ensayo sobre Benedetti como exponente latinoamericano de un haiku más socio-político. Aquí, más que en Vigilia de hueso, Wafi muestra con claridad su mirada contemplativa al mundo. Un mundo sufriente, sobre el que el alba llora, lavando en algo su dolor:
Sobre el mundo / deja sus lágrimas / el alba
Un mundo que cae, pero lo hace lenta y suavemente, a ritmo de historia:
Refleja el mundo / esta hoja que cae / sin resistencia
Para mis ojos / el mundo se desliza / entre las flores
La flauta, con su melodía, derrama sobre la tierra seca una humedad transida de dolor.
Una flauta / escarcha de lágrimas/ el desierto
Sufrimiento y salvación.

La relación entre opuestos, en equilibrio y armonización, no sólo se da en los ciclos o fases de la naturaleza, sino en la historia y el fluir del mundo.
Algo de ángel / tiene esta mariposa / sobre el fango
Igual de suaves / espinas y pétalos / para el rocío
Ciudad derruida / de dónde llega / tanta fragancia
Semejante a este último haiku en su primer verso, léase el haiku de Vigilia de huesos:
País derruido / un lamento de lluvia / sobre las piedras
Obsérvese, sin embargo, que en este haiku de Vigilia, se ha perdido la dimensión de oposición: allá fragancia, aquí lo derruido queda en lamento.

LA NOCHE Y EL AMADO, CALIGRAFÍA DEL AIRE
Un grupo de haikus del poemario en estudio, están centrados en la añoranza del amado; y la mayor parte de ellos: nocturnos:
Medianoche / esta tormenta / trae tu voz
Noche sin luna / la luz me llega / de tu sonrisa
En semejanza y desemejanza de naturaleza y amado: voz semejante a tormenta, luz en contraste con la oscura noche. La semejanza aparecerá de nuevo en Vigilia:
Noche muda / el corazón del amado / canta en mí
Otros versos refieren la ausencia de la persona querida:
Negra noche / igual a otras / donde no estás
Viento y suspiro, son caligrafía del aire, caligrafía del corazón deseante:
Cuando te vas / murmullo de alas / trae el viento
Rostro ausente / caligrafía del corazón / cada suspiro
Amor distante / suspira el viento / toda la noche
Caligrafía del corazón, en juego con el título del poemario, Caligrafía del aire, establece una pista para leer algunos haikus más:
Tras la lluvia / más fresco el aire / también el alma
La primavera / desata sus cabellos / sobre mi almohada
Puede apreciarse que Wafi no deja de lado la mirada contemplativa sobre la naturaleza: lluvia, viento o noche, primavera, evocadora de la experiencia interior.

DIOS EN LA HOJA
El haiku permite ahondar, desde la naturaleza, en la vivencia interior. Permite pasar de lo material al “signo espiritual”. La iglesia, el templo, los monjes, o el ángel son ámbitos y personajes que evocan, en su quietud “natural”, esta dimensión de espiritualidad.
Copos de nieve / caligrafía blanca / sobre la iglesia
La naturaleza clama por lo divino. Así, la lluvia misma es plegaria:
Llueve / repiquetea en cada gota / una oración

Dios se manifiesta en su no-ser, en su trascendencia, inatrapabilidad, in-amarrabilidad. Escapa de los cercos racionales, modernos.
Sobre el agua / trazo con mi dedo / el rostro de Dios
Su rostro se desvanece al intentar grabarlo con otra caligrafía, no ya de aire sino de agua, escritura “digital”. Estamos cerca de la teología-negativa de Tomás de Aquino, la Nada de los místicos (tanto occidentales como orientales), o incluso el llamado politeísmo naturalista de algunas antiguas tradiciones religiosas.
Algo más aporta este haiku:
Dios en la hoja / la rama nueva / y el árbol muerto
Dios en lo pequeño, en la naturaleza escueta, en su ser de vida, con su muerte tan propia. Armonía de opuestos.

EL YO DE LA POETA
En algunos poemas aparece un explícito yo poético. En continuidad con la mirada espiritual que antecede, tres de ellos, desde el yo contemplativo, apuntan al cielo, señal de la iluminación interior.
Miro el cielo / mosquitos alrededor / yo no los veo
Miro el cielo / miles de mariposas  / en una sola
Miro el cielo / todas las nubes  / me pertenecen

Sorprende la mención de la propia tumba, asunción de la vida en su integralidad, con ciertos tonos vallejianos, en aquello de: Me gusta la vida enormemente /pero, desde luego, / con mi muerte querida y mi café; manteniendo sin embargo esa dosis de sabiduría oriental: la muerte y la vida como etapas de un mismo fluir existencial.
Sobre mi tumba / nace un poema / perfuma la luna.

VERDES CANCIONES
Los dos haikus que cierran el poemario resaltan la mirada interior, el suave trascurrir de la historia, y la naturaleza compositora de las más exquisitas melodías:
Para mis ojos / el mundo se desliza / entre las flores
Los insectos / tejen sobre el perejil / verdes canciones
Planteamiento similar utilizará Wafi en Vigilia de huesos, al cerrarlo con el canto de los ruiseñores, ejecutores magistrales de estas verdes canciones.


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