lunes, 3 de octubre de 2016

Sobre Yurimia Boscán, Los últimos días de la casa


LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA CASA
                                             
Al escribir el ensayo Nuestra casa. Imágenes poéticas venezolanas en diálogo con Bachelard, (http://cultura-barrio.blogspot.com/2015/12/algunas-casas-de-la-poetica-venezolana.html) no pensé volver a él. El encuentro con Yurimia Boscán y su texto Los últimos días de la casa me hizo cambiar de opinión. El enfoque espacial del texto aquél, escrito hace unos años, entra diálogo con estos poemas, en los que la casa recoge las más dura memoria de dolor.
Las referencias que hago en este ensayo a poetas venezolanos pueden encontrase en ese ensayo anterior.
Al acercarme a Los últimos días de la casa, divido mi escrito en tres partes:
1.- Ciclo de la casa (ciclo de la vida)
2.- Final de la casa, final de la vida
3.- El yo-casa

CICLO DE LA CASA (CICLO DE LA VIDA)
Puede considerarse el texto desde la clave de los ciclos de vida de las personas en torno a las casas: mudanza-nueva casa-recuerdos-duelo (retorno)-despedida-nuevo comienzo. Aunque algunos de estos poemas remitan a casas y tiempos diferentes, agrupo-referencio los poemas de acuerdo al sentido que transmiten, y no a su estricto orden cronológico.

Mudanza
Los tres primeros poemas hacen referencia a ella. Desde el comienzo descubrimos que hablar de la casa es algo que toca la vida. Mudarse de la casa no es un puro ejercicio material o físico; mudarse significa recoger la propia existencia.
He visto envolver la vida y sus retazos / subastados en una venta de garaje
“…envolver los sueños” - dirá más adelante. Con el dolor que supone:
…he secado mis lágrimas con las mismas manos / que embalan la existencia
Y con lo que se deja: brisa y melodías, vacío y soledad.
Closets y gavetas vacías: / Los ganchos bailan su melodía de soledad //
Ventanales y cofrecitos / dejan atrás brisa y melodías
Así se concluye: “La vida es un camión de mudanza”.

Nueva casa
Llegar a la nueva casa no es fácil. La presencia de la madre con su aflicción se hace omnímoda
Ahora la luz te sorbe
Gritas encandilada / y nosotros / no sabemos / oírte //
Guarda apresurada su aflicción en el delantal / y recibe a los hijos
Pone la mesa… / sus ojos se pierden más allá de los espejos
No importa cuántas sillas, toallas y sábanas / inventaríe para su nuevo hogar //
Su raíz sigue en la vieja casa
con enredaderas espectrales / trenzadas a sus recuerdos

Recuerdos e infancia
La nueva casa no salva de la memoria. Acuden a ella imágenes de infancia:
Érase una vez tres hermanos
tres bici tres pares de patines
tres camas chicas al lado de una grande
una vela náufraga sobre el aceite
en el rincón bendito de los santos
Érase una vez la infancia
territorio sagrado del barro en los zapatos
y la mora silvestre en los bolsillos //
Érase otra vez / las ganas de volver a los diez años
a la inocencia de creer que la muerte es sólo cuento de caminos
a la paz de los crespos de la abuela
al acordeón de mi padre en el fondo del patio
a la risa escandalosa de mis hermanos
a la polenta dominguera de mamá //
Érase una vez la abuela / levantando la ternura con avena y lazos blancos
Aunque se hagan esfuerzos por triturarla:
Mi casa es un molino...  / pulveriza recuerdos
Las fotografías de lo que éramos / se baten con el vuelo de las aspas
que amortiguan las caídas / ¡Y caemos!
Permanecen en el tiempo las fotografías y cartas, los recuerdos, con su dosis de dolor…
Me están doliendo / esta casa / y todas las casas que tuve
En los cajones de añoranza / En los recuerdos / En las cartas

Retorno a  la vieja casa
No se trata de un retorno como el de Ramón Palomares, una Vuelta a Casa, como reencuentro con las raíces. Aquí, como en Memorias de Mamá Blanca… Hay un retorno a Piedra Azul que se emprende en la incertidumbre.
La transcripción de estos textos de Teresa de la Parra puede iluminar la lectura de los textos poéticos de Yurimia:
Vale decir que nuestro querido Piedra Azul, disfrazado de otra cosa, también lloraba con los gritos desoladores de sus reformas, el habernos perdido a nosotras.
Mamá tenía razón, debemos alojar los recuerdos en nosotros mismos sin volver nunca a posarlos imprudentes sobre las cosas y seres que van variando con el rodar de la vida. Los recuerdos no cambian y cambiar es ley de todo lo existente.
Si nuestros muertos, los más íntimos, los más adorados, volviesen a nosotros después de muchos años de ausencia y arrasados los árboles viejos hallasen en nuestras almas jardines a la inglesa y tapias de mampostería, es decir, otros afectos, otros gustos, otros intereses doloridos, nos contemplarían un instante y discretos, enjugándose las lágrimas, volverían a acostarse en sus sepulcros.
Original resulta la estrofa en la que la voz poética se desdobla personificando las distintas etapas de la vida y su modo particular de asumir la vuelta a la casa antigua:
La niña había ido a despedirse:
La mujer pugna por callar a la niña
La joven desliza amores clandestinos a su cuarto
La madre se acaricia el vientre henchido de Abril
La hermana se vuelve música para el hermano mayor
se vuelve fotografía para el otro
y palmaditas que azuzan el dormir de los pequeños
Aparecen, “en un ritual”, paisajes, rincones, ventanas, lámparas, chorro del jardín, clavos vacíos, matas muertas de sed, chimenea, escaleras, aguacates, patio, casas vecinas… El regreso vuelve a hacerse memoria, memoria de un hacer con otros, junto a otros:
¿Cuántas veces manejó allí su bicicleta?
¿Cuantas veces derrumbó enormes hormigueros?
¿Cuántas mandarinas y nísperos en sus bolsillos?
¿Cuántos incendios sofocados?
¿Y los patos y gallinas y perros enterrados bajo las flores?//
Entra Yurimia, en su evocación de la antigua casa, en la tradición de los poetas venezolanos para quienes:
La casa venezolana es… casa vital, de actividades, sí, pero más: de relaciones sin fin. Hacer y relación son inseparables. “Mis familiares en diálogos sobre frutos (…) / Tejían, trasegaban café en sacos ásperos, / revisaban sueños / agregaban tejas a la casa (…)  / mataban escarabajos, / se detenían a mirar los crepúsculos…” (G 126). “…el horno donde mi madre hacía el pan / y doradas roscas con azúcar y canela?” (G 76). “Se alaba esta casa plena de recursos solares: se hace el pan. / Se hacen manteles, sábanas. La mesa servida (…) / Se ausculta el cielo: hombres que conversan debajo de los árboles…” (T 105).
Sin embargo, es otra la casa. El contraste de la memoria con la visión actual se hace lacerante.
Esta casa es ahora otra casa / se sumerge / se trasmuta / se transforma
Incluso en esto Yurimia se hermana con otros poetas de esta tierra nuestra…
Especialmente sensibles… a las ruinas de la casa que apenas Bachelard insinúa como “casa perdida”, “disuelta en las aguas del pasado” (B 88). Más fuerte y existencial es la imagen que recoge de Rilke: “Toda rota y repartida en mí” (B 89). Así aparece, con esta fuerza poderosa, entre los poetas venezolanos: “Las paredes de mi casa tienen ahora corrosiones” (G  184). “Oscuros jabillos sepultan / la vieja casona. Un follaje breve / tapa las ventanas: enredaderas / sin flores y trinitarias” (O 22). “Probablemente no estás, o seas sólo un montón de riscos y tea” (H 17). “Se quedó sola poco a poco” (H 40). “Hay una casa vacía que no espera a nadie” (PG 203). “El mar respira hondo en la casa abandonada” (T 88).
La de Los últimos días de la casa, es una casa vieja, con cimientos viejos:
Una casa / casi sola //
Las viejas tejas han ido cediendo / Se lavan y secan al ritmo de los días…
El círculo de cemento —gris y atroz—
cierra filas sobre lo que queda por vivir//
Patio de sequías / La casa / es ahora sombra alucinante//
Cuerda atada al árbol sin niños que mecer
Tinajero de incertidumbres y fantasmas
Alacena silenciosa de manos bisabuelas
Camino clandestino a la niñez vivida
La pérdida de identidad de la casa, su ser casa-otra, se ve reforzada por la imagen potente del descenso del nombre. Su asociación al texto de los evangelios cristianos del descenso de Jesús de Nazaret de la cruz y su resurrección “al tercer día”, permite asomar un elemento al que más tarde haré referencia: el “comienzo eterno”.
El nombre de San Judas / tallado por mi padre / fue bajado al tercer día

Despedida
El retorno a la casa quiere ser una despedida, intenta serlo, mas sin lograrlo del todo. Por un lado:
La niña había ido a despedirse
Cerró la puerta de la historia / conteniendo las lágrimas del definitivo adiós

Había dicho Pármenes Yarza:
 Abandono este casa, su cuidado  / arranco de la sombra el pacto incierto, / dejo aquí mi candor: mi perro muerto, / entrego al fuego todo lo sagrado (Y 174).
Y, sin embargo, sigue Yurimia:
Se resiste a dejar el nido / y se duele profundo en la casa que se deshoja...
El árbol de aguacate se estremece / y el inmenso pino / es testigo
La casa grita (asociación con el cuadro de Munch), cruje, siente… Parece saber, presiente, que va quedando sola:
Esta casa es un grito… / Grito tarea… / Grito poema…
Grito mudo / que se oye hacia dentro / GRITO FINAL //
Casa que cruje y siente… / Colgadero de almas atormentadas
Además de la corrosión física, a la casa le caben habitantes sin nombre, para quienes “mi casa” es sólo una verbalización de la propiedad. Al simple sueño de propietario lo cataloga Bachelard como “onirismo de corto alcance” (B 93). Los poetas venezolanos lo denigran como  corrosión ética. Hernández denuncia el modelo capitalista que pretende hacer de la casa pura propiedad: “Siempre hay alguien que dice - este agujero donde vivían los búhos es mío (…) / Vampiros que pretenden comprarnos el alma / en nombre de una religión cuantificadora que no entendemos” (H 17).  El mismo sentimiento refleja Ana Terán: “Compraron la casa, el árbol mío, muros, ladrillos, / puertas de cedro”. Si Ana E. se refiere a la casa como mía, es con un sentido bien diverso a la propiedad que se compra y vende. El “mi casa” de Terán es una expresión entrañable y colectiva –nuestra casa-, como la de quien se refiere a lo más querido de la propia vida (T 86-87).
Dirá Yurimia:
Una casa / casi sola / que ya no nos pertenece
Resalta además, en el juego del mercado, la posibilidad de decidir qué casa tomar como propia, hasta la muerte:
La que podemos comprar / La que vendemos
La que decidimos conservar para morir en ella / Hay tantas casas...

Final y comienzo eterno
Una nueva etapa se abre. En la nueva casa: los nuevos amores y los hijos. En juego de palabras:
Amasijos / Amashijos / amosigo / amo y sigo
Y la casa de la niñez desaparece
No obstante, en la imaginación, en el sueño, la casa renace:
Entonces / imagino margaritas y trinitarias en el patio
cornisas de piedras que dibujan su bagaje ancestral
pisos que se parten en colores / nietos que tañen el sol de la tarde
hijos de vuelta a la sagrada bendición...
¡Qué bueno, mamá! / la casa está renaciendo...
Con un tono más filosófico se refiere al comenzar eterno y el ciclo de finales, en una visón de la vida que busca integrar las vivencias contrastadas de muerte y vida.
Nada puedo perder / que no sea este comenzar eterno
Nada puedo ganar / que no sea este ciclo de finales
Se descubre que la casa no es única, que existen nuevas posibilidades, como las de la vida: nacer, crecer, morir, soñar…
Hay tantas casas
La casa donde nacimos / donde crecimos
La casa de la que nos fuimos / La que soñamos

FINAL DE LA CASA, FINAL DE LA VIDA
La despedida de la casa, la mudanza, la partida, se vincula en este poemario de Yurimia con la pérdida de los seres queridos, con la muerte-dolor-ausencia. La muerte como partida es recogida en varios versos:
Los goznes abren la ausencia definitiva / a todas las partidas que dolieron:
los viejos los niños / los jóvenes los locos…. / Los que ya no están… //
Las partidas se hacen ciertas / Ningún duelo fue mayor
Y este otro “salmo”, que pone al desnudo rituales y rezos incapaces de ahogar la pena:
Sólo este salmo abandono / Salmo farsante
Salmo atormentado / Salmo novenario
Altar y velas para tu partida //
Ellos también se fueron / Su ida fue honda y más penosa
Volvieron cada año / con la brisa del Domingo de Ramos
cada vez menos / en los últimos días de la casa
Así como descubría entre los poetas venezolanos que su casa es la
…habitada por gentes: “Las mismas gentes  y la casa” (PG 145). “Ellas [mis hermanas] movieron mis juguetes entre girasoles, / elevaron cometas / sobre casas de colores” (G 184). “Encontré mis parientes en una casa de paredes simples”  (G 126). “…en las casas / estaban el esposo y la esposa / sentados a la sombra de un granado” (G 188). “En esa casa nacieron mi madre y mis tíos / En ella nacieron mis hermanos / Allí nací yo” (H 39),
el adiós a la casa también es despedida de las personas queridas, especialmente del papá y los dos hermanos.
He secado mis lágrimas con las mismas manos / que embalan la existencia
mientras lloro por los ojos de mi padre / en vuelo pleno al infinito //
Padre / que habitas los tiempos milenarios
que guerreaste con las moiras / hasta el último hilo de tu fuerza //
Sé que vuelas… / Son tres —o más de tres—
las aves que vuelan el resplandor equinoccial //
…haz que llueva
Que el agua traiga certidumbre / soplo sobre las mejillas
y otro vuelo —tal vez el mío— / Papá //
En referencia al hermano fotógrafo, muerto de infarto en un mes de febrero, dirá:
Luna llena de febrero sin regreso //
Aún se escucha el clic de tu cámara / Aún el perro te busca
Pero nada podemos hacer para borrar febrero
Como nada pudimos hacer para borrar agosto
En agosto fue la muerte-asesinato del otro hermano:
Es medianoche hermano… / Silba la bala hermano…
Y así sintetiza su vivencia actual de la muerte, “guadaña clavada en mi pecho”:
La muerte suena su cascabel de retirada
Alegrías y tristezas     / son semillas de su maraca letal / en esta casa sin piel
Su guadaña clavada en mi pecho
mata de cáncer / de bala / de infarto
Mata de dolor y de olvido
La memoria de los funerales y el proceso lento de duelo como soldadura de eslabones sueltos:
Los signos inventados sueldan eslabones
para llegar y partir del mismo terminal

EL YO Y LA CASA
El yo se expresa en la corporalidad-corporeidad, importante recuperación de la modernidad y postmodernidad y de las corrientes feministas actuales, frente a las perspectivas aristotélicas y la tradición medieval y eclesiástica-romana.
El dolor por lo vivido, por la historia de tragedia acumulada, rezuma en el cuerpo, que desea desaparecer, transmutarse en aire, agua, hondo-nada, con el verso último en descenso, caligrama incluido.
Hay días y hay noches / en los que mi cuerpo quisiera no tenerse
que urge volatizar el desamparo / escapar en aire / volverse piso-piedra-punta
Hay días y hay noches / donde el insomnio es un muro de ovejas estrelladas
y uno insiste en ser / agua de pileta / orificio
hondonada / Hondo-nada
El yo se identifica en cierto modo con la casa. Las ventanas de la casa son sus ventanas. La casa-espejo nos devuelve el reflejo, dice lo que somos: trastos, caretas, cascarones. El plano de la casa  es un proyecto inconcluso:
Tantas ventanas / ventanas dolor con adioses eternos
Ventanas quebradizas / con egos poderosos
Ventanas escalofrío / ventanas indignación
ventanas banales / ventanas públicas
ventanas ciegas / Tantas ventanas
Todas mis ventanas... //
La casa es un espejo de semblantes repetidos…
Trastos y peroles palpitan en los resquicios
Las caretas olvidadas se desdoblan una a una
dentro de los atapuzados closets de los cuartos vacíos
Al fondo / el espejo apolillado nos devuelve el reflejo:
Frágiles cascarones / sostenidos por casi nada//
Somos un plano por resolver / en medio de los escombros
El yo-ave, en la frágil casa: nido abandonado, sin crías. En los planteamientos espaciales de Bachelard, la casa sencilla puede ser nido (B 132). El nido lo fabrican las aves con su  propio cuerpo, y así la casa sencilla se fabrica con el trabajo propio, con la vida entregada, en emigración perenne (B 135). La casa-nido tiene un valor de retorno, a ella se vuelve siempre (B 133-134). El poemario Vuelta a Casa de Ramón Palomares se ubica en completa sintonía con esta perspectiva. El nido sin pichones de Yurimia, apunta más bien a la fragilidad, la soledad y el sin-futuro; pero, en una segunda mirada, abre la puerta a la posibilidad del retorno.
Silbar y silbar / casi pájaro / casi humana
No encuentro rama enarbolada / que sostenga los años que trinan
sin que nadie los convoque
Habito la frágil zona / del nido sin pichones
El yo-mujer-sombra queda indicado en la referencia a ciertas mujeres-personajes de Cien años de soledad, en la tensión de sus rasgos resaltantes: racionalidad y control, miedo al amor, mujer deseada-mujer fatal, amante eterna.
Y uno allí / sin saber en cuál índice buscarse:
Pilar Ternera, Remedios La Bella, Úrsula Iguarán, Amaranta Buendía….
Sombras que me habitan en la sombra de las sombras

El yo poético: del ejercicio de escribir la vida
El poemario de Yurimia está anclado en sus vivencias íntimas, familiares y, en buena parte, dolorosas. La palabra sufriente, pronunciada en la sangre, se hace epifanía en la imagen de la caída infantil y la boca rota.
Soy traspié / y la boca rota en la caída / suelta la sangre del poema
Hay veces en las que la palabra queda desprotegida, sin casa-refugio:
Esta manía terca de mirar a través de las palabras
en nombre del ojo que se engarza / y oblitera y semantiza y erotiza
mi huérfana Ars poética / sin casa que la guarde
En otras, la casa prorrumpe en su grito. Y el grito es palabra escrita:
Grito poema / Grito obsesión / grito (pre)sentido
Y al final, la casa, la necesidad de escribir sobre ella, hasta sus “últimos días”:
¿Cómo no escribir / de aquella casa
si tengo un enramado / de palabras

que saltan la cuerda / de la infancia / en el corazón?

domingo, 2 de octubre de 2016

Sobre Wafi Salih, Caligrafía del aire



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CALIGRAFÍA DEL AIRE
El haiku es poema de la vida. “Instante significativo de la cotidianidad” –se ha dicho. En cuanto a su espiritualidad, está marcado por el zen japonés (deudor del budismo hindú y del taoísmo chino), y apunta a la iluminación: el despertar del Buda.
Comienzo señalando algunos de los elementos vitales, “iluminadores”, manifiestos en los haikus del  poemario Caligrafía del aire, de Wafi Salih, ya anunciados en mi anterior ensayo, referido a Vigilia de Huesos

LOS PEQUEÑOS ANIMALES
Lo cotidiano sencillo nos lleva a la iluminación. Como en la historia del monje que le dijo al maestro Joshu: “Acabo de entrar a este monasterio. Por favor enséñame”. Joshu preguntó: “¿Has comido tu arroz?” El monje respondió: “Ya he comido”. Joshu le dijo: “Entonces sería mejor que lavaras tu plato”. En los haikus de Wafi, son los pequeños animales los que muestran la vida sencilla, el valor de las cosas pequeñas. Lo más simple nos hace despertar. Aquí –en Caligrafía..-están los pequeños insectos: mariposa, hormiga, mosquito, grillo; y las aves: pájaro, ruiseñor, gorrión, tortolita, gaviota.
Agua y frío / en mi ventana / dos mariposas
Se hace explícita la mención de su pequeñez, en el caso de otro animal -la rana-:
Sombra muda / la diminuta rana / sobre la hoja
Y se agrega a los ratones:
Este invierno / los ratones no encuentran / migas de arroz

CICLOS COSMOLÓGICOS Y FENÓMENOS NATURALES
Entre lo más peculiar que identifica a este poemario, Caligrafía del aire, resulta un rasgo que ya estudié en el caso de Vigilia de huesos, pero aquí se hace tónica constante: el alternar de la vida, sus ciclos, el paso de una etapa a otra, los elementos o fases de la naturaleza (cinco en la tradición china, cuatro en otras antiguas tradiciones), los opuestos armonizados….
El día y la noche, las estaciones… se hacen presentes:
Viento de invierno / sostiene ¿qué? / ¿tanta tristeza?
Flores de azahar / despinta la noche / blanca fragancia
Especial aparición tienen algunos de los elementos de la naturaleza: agua, tierra y aire. El agua en sus diversas formas o estadios: escarcha, rocío, lluvia, nieva, gota… La tierra, piedra o fango. Y el aire: viento, cielo, nubes; con la observación que este último elemento, que marca el título del poemario, no se incluye entre las cinco fases de la naturaleza en la filosofía tradicional china. Así va quedando claro que los haikus de Wafi beben en distintas fuentes (orientales y occidentales) sin apostar por una corriente filosófica particular.
Gotas de rocío / ¡quién las distingue! / sobre el agua
Desde la rama / el gorrión lee el agua / sobre la piedra

Frío de invierno / queja del viento / en mi ventana

Nacer y morir, florecer, son otros modos de evocar el ritmo vital, transito de la vida de una etapa a otra:
Lindo día / muere en los ojos una flor / otra nace

La luz y la sombra, son expresión de la armonía de opuestos en el yin-yang:
La mariposa / bate dos mitades de la luz / dos sombras

ALGUNOS ELEMENTOS FORMALES SIMILARES A VIGILIA DE HUESOS
Hay una estructura muy recurrida en el poemario posterior Vigilia de Hueso, que no es tan común aquí, pero hago referencia a ella. Consiste en una acción simple y tres sustantivos, dos relacionados por el verbo, y un tercero señalando circunstancia. Los sustantivos permiten aguzar la mirada contemplativa sobre la escena, sobre sus detalles. El verbo único concentra la acción simple.
Una mariposa / en la puerta del cielo / abre el templo
Un ejemplo de lo que he dado en llamar “verbos metafóricos”, se tiene en este haiku en el que la ronda de los insectos sobre las plantas se expresa como tejido de canciones:
Los insectos / tejen sobre el perejil / verdes canciones

A veces, formalmente, en sutil juego metafórico, el haiku se acerca a la adivinanza:
Monjes en fila / gotas de rocío / en el templo
Sombra muda / la diminuta rana / sobre la hoja
Perfume / de primavera / la luna sola

LA NIÑA, EL NIÑO, EL VAGABUNDO, EL MONJE
En los haikus tradicionales hay una mirada particular sobre algunos personajes, que mantienen su natural esencia: los niños, el mendigo, la muchacha…; personajes que remiten a la sabiduría y la paz. Esta perspectiva la recoge Wafi en algunos de ellos:
Un sendero de hormigas / guía al vagabundo / esta tarde   

Tul y encaje / camina la niña / entre nubes
Entre la lluvia / la niña llora / nadie lo nota
En el jardín / ajeno a los gladiolos / un niño llora

El llanto del niño y la niña, apenas descubierto a la mirada del poeta, lanza la pregunta por la razón de tal llanto. Este otro haiku permite interrogar por la propia realidad humana en su desarrollo evolutivo:
Ve en el retrato / el niño que era / yo ¿o un extraño?

EL MUNDO PRESENTE
La pregunta por el llanto de los niños y la evolución humana, se asocia bien con la pregunta por el mundo en que vivimos. Ya comenté en mi anterior ensayo sobre Benedetti como exponente latinoamericano de un haiku más socio-político. Aquí, más que en Vigilia de hueso, Wafi muestra con claridad su mirada contemplativa al mundo. Un mundo sufriente, sobre el que el alba llora, lavando en algo su dolor:
Sobre el mundo / deja sus lágrimas / el alba
Un mundo que cae, pero lo hace lenta y suavemente, a ritmo de historia:
Refleja el mundo / esta hoja que cae / sin resistencia
Para mis ojos / el mundo se desliza / entre las flores
La flauta, con su melodía, derrama sobre la tierra seca una humedad transida de dolor.
Una flauta / escarcha de lágrimas/ el desierto
Sufrimiento y salvación.

La relación entre opuestos, en equilibrio y armonización, no sólo se da en los ciclos o fases de la naturaleza, sino en la historia y el fluir del mundo.
Algo de ángel / tiene esta mariposa / sobre el fango
Igual de suaves / espinas y pétalos / para el rocío
Ciudad derruida / de dónde llega / tanta fragancia
Semejante a este último haiku en su primer verso, léase el haiku de Vigilia de huesos:
País derruido / un lamento de lluvia / sobre las piedras
Obsérvese, sin embargo, que en este haiku de Vigilia, se ha perdido la dimensión de oposición: allá fragancia, aquí lo derruido queda en lamento.

LA NOCHE Y EL AMADO, CALIGRAFÍA DEL AIRE
Un grupo de haikus del poemario en estudio, están centrados en la añoranza del amado; y la mayor parte de ellos: nocturnos:
Medianoche / esta tormenta / trae tu voz
Noche sin luna / la luz me llega / de tu sonrisa
En semejanza y desemejanza de naturaleza y amado: voz semejante a tormenta, luz en contraste con la oscura noche. La semejanza aparecerá de nuevo en Vigilia:
Noche muda / el corazón del amado / canta en mí
Otros versos refieren la ausencia de la persona querida:
Negra noche / igual a otras / donde no estás
Viento y suspiro, son caligrafía del aire, caligrafía del corazón deseante:
Cuando te vas / murmullo de alas / trae el viento
Rostro ausente / caligrafía del corazón / cada suspiro
Amor distante / suspira el viento / toda la noche
Caligrafía del corazón, en juego con el título del poemario, Caligrafía del aire, establece una pista para leer algunos haikus más:
Tras la lluvia / más fresco el aire / también el alma
La primavera / desata sus cabellos / sobre mi almohada
Puede apreciarse que Wafi no deja de lado la mirada contemplativa sobre la naturaleza: lluvia, viento o noche, primavera, evocadora de la experiencia interior.

DIOS EN LA HOJA
El haiku permite ahondar, desde la naturaleza, en la vivencia interior. Permite pasar de lo material al “signo espiritual”. La iglesia, el templo, los monjes, o el ángel son ámbitos y personajes que evocan, en su quietud “natural”, esta dimensión de espiritualidad.
Copos de nieve / caligrafía blanca / sobre la iglesia
La naturaleza clama por lo divino. Así, la lluvia misma es plegaria:
Llueve / repiquetea en cada gota / una oración

Dios se manifiesta en su no-ser, en su trascendencia, inatrapabilidad, in-amarrabilidad. Escapa de los cercos racionales, modernos.
Sobre el agua / trazo con mi dedo / el rostro de Dios
Su rostro se desvanece al intentar grabarlo con otra caligrafía, no ya de aire sino de agua, escritura “digital”. Estamos cerca de la teología-negativa de Tomás de Aquino, la Nada de los místicos (tanto occidentales como orientales), o incluso el llamado politeísmo naturalista de algunas antiguas tradiciones religiosas.
Algo más aporta este haiku:
Dios en la hoja / la rama nueva / y el árbol muerto
Dios en lo pequeño, en la naturaleza escueta, en su ser de vida, con su muerte tan propia. Armonía de opuestos.

EL YO DE LA POETA
En algunos poemas aparece un explícito yo poético. En continuidad con la mirada espiritual que antecede, tres de ellos, desde el yo contemplativo, apuntan al cielo, señal de la iluminación interior.
Miro el cielo / mosquitos alrededor / yo no los veo
Miro el cielo / miles de mariposas  / en una sola
Miro el cielo / todas las nubes  / me pertenecen

Sorprende la mención de la propia tumba, asunción de la vida en su integralidad, con ciertos tonos vallejianos, en aquello de: Me gusta la vida enormemente /pero, desde luego, / con mi muerte querida y mi café; manteniendo sin embargo esa dosis de sabiduría oriental: la muerte y la vida como etapas de un mismo fluir existencial.
Sobre mi tumba / nace un poema / perfuma la luna.

VERDES CANCIONES
Los dos haikus que cierran el poemario resaltan la mirada interior, el suave trascurrir de la historia, y la naturaleza compositora de las más exquisitas melodías:
Para mis ojos / el mundo se desliza / entre las flores
Los insectos / tejen sobre el perejil / verdes canciones
Planteamiento similar utilizará Wafi en Vigilia de huesos, al cerrarlo con el canto de los ruiseñores, ejecutores magistrales de estas verdes canciones.


lunes, 26 de septiembre de 2016

Sobre Wafi Salih, Vigilia de huesos



CANTAN LOS RUISEÑORES

Cauto azulejo / escondes tu belleza / entre los nísperos (TMS)

El haiku es poema de la vida. Sin pretenderlo como estrategia planificada, enseña.

CONTEMPLACIÓN

El haiku invita a contemplar. Dice de las pequeñas cosas, apunta a la naturaleza como maestra del arte de vivir.

Las pequeñas cosas
El haiku se fija en ellas, nos hace prestarles atención contemplativa:
En Vigilia de Huesos, de Wafi Salih, son los pequeños insectos: cocuyo, luciérnaga, libélula, mariposa, mosca, hormiga; o las aves: pájaro, ruiseñor.
¿Qué se dirán / de rama en rama / los ruiseñores?
Se incluyen en otros haikus de Wafi los animales domésticos tan comunes: perros y gatos. En estas miradas, miradas-otras, taladradoras de lo real, se incluyen animales despreciados, sapos y gusanos, o sus excrementos:
Florecen / sobre una bosta de vaca / dos azucenas

Ciclos cosmológicos y fenómenos naturales
Las cuatro estaciones, el sol y la luna, el día y la noche, los ríos y montañas, el viento y la lluvia, la roca y el oleaje, son elementos presentes en los haikus de Wafi.
Día sin sol: / el croar de los sapos / trae la lluvia
Ya es verano / las moscas / en su ronda hostil
Como en la película del maestro Kim-ki-duk: Primavera, verano, otoño, invierno y… otra vez primavera, los haikus expresan la sabiduría oriental taoísta: “el Ciclo Cosmológico”, vinculado a los fenómenos de la alternancia día-noche, las estaciones, la floración y el fruto… transcurre de acuerdo con la dinámica que produce el equilibrio de los opuestos Yin-Yang que trae armonía, renovación y vitalidad.
Contemplo el mar / enfurecido sobre la roca / no logra quebrarla

Elementos formales
Una estructura repetida, que ayuda a fijar la mirada, consiste en una acción simple y tres sustantivos, dos relacionados por el verbo, y un tercero señalando circunstancia:
Fuera de casa / esparce la noche / su tempestad
Los “verbos metafóricos”, como en este haiku de Buson: El sol en el ocaso / pisa la cola / del faisán cobrizo; o el recurso de la humanización de este otro, del maestro Onitsura: Una vez lleno de agua / el jarrón recibió / a la camelia; son vías formales para la mirada penetrante sobre lo naturaleza; evocadora de lo esencial de la vida.
Wafi escribe:
En el río / los amantes desbordan / la inmensidad
El sol de hoy / juega con las nubes / de este poema.
Ofrendan la noche / los blancos jazmines / bajo la lluvia.
A veces, formalmente, el juego metafórico del haiku está cercano a una definición, un enunciado o una adivinanza:
La angustia: / luciérnagas en ronda / sacuden el corazón.
Noche en vela: / el amor de los gatos / sobre el tejado
La primavera: / en la cesta del mercado / canta el día
Inocencia:/ el niño toca la luna / con una mano

El sujeto contemplativo expreso
En ocasiones se introducen en los haikus los verbos ver, contemplar, mirar… Así se hace explícito el sujeto que contempla, reforzado en el caso que sigue con una pausa en el movimiento:
Me detengo / contemplo las hormigas / sobre mi sombra
Estos elementos formales invitan, insinúan y, con sutileza, permiten acceder a la contemplación por un camino más expedito.

DIALOGUICIDAD: AMOR Y DESAMOR
Si bien el haiku tradicional de los maestros japoneses, por lo que me consta, está referido a la naturaleza, otros poetas contemporáneos se han ejercitado en él, desde otras claves. Benedetti es un exponente latinoamericano, con su Rincón de haikus, de un tipo de haiku más socio-político.
Desde estas pistas contemporáneas que se abren, Wafi aporta un grupo de haikus, centrados que el encuentro de dos, yo-tú:
Noche muda / el corazón del amado / canta en mí
Cuando te veo /una flor invisible / perfuma el aire
O en su desencuentro:
Vacía para mí / colmada de palabra / ésta: tu carta
Borra tu huella  / la niebla, el dolor / y estas lágrimas
Hablas de amor / indiferente la brisa / enfría tu aliento
En la mayor parte de estos casos, puede apreciarse que Wafi no deja de lado la mirada contemplativa sobre la naturaleza.
Este diálogo, hay veces en las que deja de incorporar a un tú humano directo, para establecerse con un tú animal o flor:
Gato travieso / al borde de mi cama / ronroneas
Flor de verano / un gusano silencioso / roe tu tallo
Aunque detrás de ellos se esconda el sujeto humano, como en éstos:
Detente, detente  / corazón de libélula / el sol te quema
Pájaro gris / tienen prisa los años / en tu plumaje.

VUELVO A MÍ
Contemplación de la naturaleza, con preferencia formal por la tercera persona; dialoguicidad, presente en los haikus en segunda persona; y también haikus en primera persona, en los que el hablante es un yo. De éstos trato en lo que sigue.
El femenino del sujeto, permite lanzar un anzuelo sobre la autora, metamorfoseada sin pudor de purista literario, en el yo del haiku. La introspección no es aquí un ejercicio psicologista, de introversión recluyente, sino el reconocimiento de su historia pasada:
¿A dónde zarparon / los barquitos de papel / de cuando era niña?
Y presente:
En esta casa/ como una luciérnaga / estoy sola
Para, finalmente, asumir desde la mayor libertad y abandono, el propio ser:
A la intemperie / en vigilia de huesos / llevo mi alma
Me desnudo / borro lentamente / cada palabra
El final del poemario, apunta a la vida que se abre entonces:
Vuelvo a mí: / unos ruiseñores / cantan ahora
Ejercicio del vivir.