domingo, 16 de agosto de 2020

Pedro Casaldáliga, compañero de camino


Escribir sobre un hombre que se nos ha ido de esta existencia palpable, que ha trascendido la historia -ha pasado a otro plano, gusta decir la postmodernidad-, supone siempre un reto de difícil abordaje. ¿Por qué y para qué lo recordamos?, podemos preguntamos. Deja a los muertos y vive tu tiempo, podemos escuchar. Y más, en el caso concreto de Pedro Casaldáliga, fallecido el 8 de agosto de 2020, aunque existan algunas razones importantes para recordarlo, ¿no hay otros que lo conocieron mejor y pueden decir, y dirán, con más propiedad sobre su vida?

En el portal https://www.religiondigital.org/, buenos amigos de Pedro y varios teólogos han escrito palabras conmovidas, cercanas y comprometidas. Los artículos de José Luis González Faus y Benjamín Forcano son amplios y desarrollan sin prisas su acercamiento a la vida y escritos de Casaldáliga. Los recomiendo como textos de enriquecimiento personal y de buena aproximación al legado de Casaldálida.

https://www.religiondigital.org/opinion/Benjamin-Forcano-Casaldaliga-ronda_0_2257274275.html

https://www.religiondigital.org/opinion/Casaldaliga-Juan-Cruz-guerrillero_0_2257274270.html

Leonardo Boff, en su columna semanal, se ha referido a la teología presente en sus poemas: El obispo poeta Pedro Casaldáliga y la tradición de la mística poética española, 2020-08-10. http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=998

Con similar clave, Víctor Codina, en 1987, ya había escrito un analítico texto sobre La Teología poética de Pedro Casaldáliga.

En obra colectiva de 2008, Pedro Casaldáliga. Las causas que dan sentido a su vida. Retrato de una personalidad, diversos autores ampliaron esta perspectiva. En la primera parte de este libro, se abordan algunas de estas Grandes Causas: la Patria Grande, la Tierra, las Causas Indígena, Negra, de las Mujeres, de los Pobres, del Diálogo Interreligioso, de los Mártires, de la Iglesia, de Dios. En la segunda parte se abren camino algunos rasgos para el Retrato de su Personalidad: hombre, misionero, poeta, profeta, inspirador, teólogo…  Escritores y escritoras, teólogos, compañeros y amigos desarrollan estos textos, entre ellos: Miguel D’Escoto, Ivone Gevara, Leonardo Boff, José Mª Vigil, Jon Sobrino, J. Ignacio G. Faus, Teófilo Cabestrero, Nicolás Castellanos, Adolfo Pérez Esquivel, Zofia Marzec, Benjamín Forcano, Maximino Cerezo, Marcelo Barros, Dom Tomás Balduino…

Sin embargo, como sucede en el ejercicio de leer textos, que pasa por el vaivén hermenéutico del sujeto al texto y del texto al sujeto, así mismo ocurre con las vidas que nos interpelan, y que leemos desde nuestras particulares maneras de acoger sus existencias. Lo que podemos decir sobre otros, también será leído por quienes recogen nuestras palabras de modo bien distinto a como lo harán con otras palabras…

Cobra relieve de ese modo la relación establecida con la persona a la que nos referimos, y la relación que guardamos con quienes nos leen. Dobles hilos que se tejen, redes y más redes. Así que me decido a poner por escrito algunas cosas sobre Pedro, no de modo genérico o con pretensión sintetizadora o analítica de su existencia o sus textos, en un discurso de totalidad teórica, sino en cuanto fue significativo a lo largo de mi recorrido vital. Dicho de otro modo, no voy a referirme a su vida propiamente, que como dejo sentado, otros conocieron más de cerca, y sobre Pedro Casaldáliga han dicho y podrán decir mejor… sino a cómo su vida afectó la mía propia, a cómo fui recibiendo su vida en mis manos y mi corazón.

Espero eludir, no obstante, la previsible egología, dado el enfoque, para hacer de mis sentires ¿un espejo, un reflejo, una sombra? (imperfectas imágenes) de la vida de este hombre que nos convoca en su muerte, que nos convoca a la Vida.

Hago una segunda aclaratoria. Cuando digo que abordaré la vida de Pedro Casaldáliga, digo en realidad que tomaré sus textos y algunas referencias o experiencias cercanas de amigos. A él nunca lo llegué a conocer personalmente. El primer texto que recuerdo de él fue aquél tamquam leo rugiens. Lo explico. Era el año 1979 y andaba yo en eso de formarme en la vida espiritual en un noviciado religioso. Mi maestro me había recomendado, para mis inquietudes, la lectura de un texto de entrevistas de Teófilo Cabestrero, religioso, periodista y escritor, a Pedro Casaldáliga (Teófilo Cabestreros, Diálogos en Matto Grosso con Pedro Casaldáliga, 1978). Muchas cosas me motivaron de aquel texto, pero en especial se me quedó grabado aquel sorpresivo latín. Respondía Casaldáliga sobre su ritmo cotidiano de oración, y los textos que utilizaba para dirigirse a Dios al cerrar el día: los textos tradicionales monásticos llamados de Completas; ejemplificaba con ellos su modo de abandono en el Misterio Mayor. Pero añadía: “me salto, eso sí, aquello de tamquam leo rugiens…” (cito de memoria). Se refería al texto tardío del Nuevo Testamento: “el enemigo de ustedes, el diablo, anda, como león rugiente, buscando a quien devorar” (1Pe 5,8). En mi perspectiva de moral comprimida, se abría una brecha de libertad. Me hablaba todo “un señor obispo” de saltarse textos bíblicos, por un lado, es decir de establecer unos criterios hermenéuticos de acercamiento a los llamados “textos sagrados”, me hablaba de saber encontrar lo importante en el camino espiritual, y de evitar lo accesorio, me hablaba del despojo de todo fundamentalismo… No se me olvidó la lección.

Por ese entonces, y desde 1975, veníamos escuchando al cantautor español Ricardo Cantalapiedra, el mismo del que se hizo famosa en Venezuela la canción El peregrino, en la primera visita del papa Juan Pablo II, interpretada por el niño Guacarán. Cantalapiedra había musicalizado un poema de Casaldáliga, Equívocos. Aún lo podemos escuchar en youtube:

https://www.youtube.com/watch?v=3N-ni-bF8ag&list=PLlcXCWbMVTtltfrBJQKkuCF_3xWVq42NP&index=22

Donde tú dices ley, yo digo Dios.

Donde tú dices paz, justicia, amor, / yo digo Dios.

Donde tú dices Dios, / yo digo libertad, justicia, amor.

En 1979 supe que la letra era del obispo Casaldáliga. Poema antiguo en que, por un lado, se relativizan la ley e, incluso, nociones como paz, justicia y amor, apuntando más allá de ellos, trascendiendo el mero concepto… Pero, luego, en un giro paradojal, se relativiza al mismo Dios, o su concepto, reservando la verdad del mismo a su eficacia histórica: libertad, justicia y amor. Decir así de Dios, en la dictadura franquista, ameritaba la censura, cosa que sufrió Cantalapiedra en alguna de sus convocatorias musicales que realizó (obviamente, no solo por la canción Equívocos).

En el mismo libro de Diálogos en el Matto Grosso, un segundo tópico que me fue interpelando a medida de su lectura, en la España recién salida de la dictadura, fue la posición valiente del obispo en defensa de los pobres, con sus consecuencias en el contexto de la dictadura de Brasil. Casaldáliga había pasado por intentos de atentado, había sido amenazado, repetidamente, de expulsión del país y de muerte, había sido detenido e interrogado, había sido testigo de la muerte del sacerdote Joao Bosco en 1976, a manos de los cuerpos de seguridad de estado, había sentido de cerca “la muerte rondera ronda”. De ahí, su Cantiga a la muerte:

Ronda la muerte, ronda/ la muerte rondera ronda

ya lo dijo Cristo antes que Lorca.

Que me rondarás, morena, / vestida de miedo y sombra.

Que te rondaré, morena, / vestido de espera y gloria…

Que me rondarás en mí / o en los pobres de mi Pueblo,

o en las hambres de los vivos

o en las cuentas de los muertos… 

¡Tú nos rondarás / pero te podremos!

Este cariz profético suyo, la causa por la que sufría la persecución, la defensa de los sin tierra, de los indígenas y sus derechos, fue el otro rasgo que me dejó marcado, en mi juventud, que soñaba con una vida en esa misma dimensión de entrega más plena a Dios y a los pobres.

Con un título provocador, tuve en mis manos, sería en 1980, Los poemas malditos del obispo Casaldáliga. En su prólogo se explicaban las tensiones ocasionadas, no solo con gobierno y terratenientes, sino también con algunos obispos de la conferencia de Brasil, que lo acusaron a Roma de comunista e increyente. En el libro se explicaba cómo, para desacreditarlo, se retocaban sus poemas, manipulando su contenido. El libro, tenía la intención de mostrar lo poemas en su integridad, seleccionando aquellos con rasgos más combativos, y que habían sido utilizados en su contra. Allí se pueden leer, entre otros, estos versos:

Me llamaran subversivo / y yo les diré lo soy…

Con un cayo por anillo / monseñor cortaba arroz, 

¿Monseñor martillo y hoz?

 

Maldita sea la cruz / que el poder hinca en el Pueblo,

en nombre de Dios quizás.

Maldita sea la cruz / que la Iglesia justifica

- quizás en nombre de Cristo-

cuando debiera abrasarla / en llamas de profecía.

¡Maldita sea la cruz / que no pueda ser La Cruz!

El 24 de marzo de 1980 es asesinado en San Salvador, Monseñor Romero. Han pasado las Conferencias Episcopales de Medellín y Puebla, y un buen grupo de obispos latinoamericanos van asumiendo crecientes y decididos compromisos con los pueblos sufrientes de América Latina. La muerte de Monseñor Romero se inscribe en este contexto socio-político y eclesial. Su muerte es consecuencia de su vida, vida entregada en defensa de los más pobres, de comunidades rurales perseguidas por el Gobierno de El Salvador, a través de sus fuerzas armadas, represivas de poblaciones y perpetradoras de masacres. Los tres compañeros salvadoreños con quienes compartía mi vida entonces, me hicieron sentir de cerca lo que pasaba en su país. Inmediatamente al asesinato de Monseñor Romero, Casaldáliga escribió un poema inolvidable.

http://www.servicioskoinonia.org/romero/poesia.htm

Estamos otra vez en pie de testimonio,

¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!

Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.

Romero en flor morada de la esperanza 

incólume de todo el Continente.

Romero de la Pascua latinoamericana.

Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.

San Romero de América, pastor y mártir nuestro:

¡nadie hará callar tu última homilía!

Casaldáliga iba tomando, en sus acciones solidarias y de defensa de los más pobres, y en sus escritos, un tinte continental. Su palabra pasaba de su natal Cataluña, al Brasil del Matto Grosso, y desde ese rincón de la Amazonía, a todo el continente… Pedro se fue haciendo, a los pocos años de su presencia en estas tierras, referencia cristiana profética contemporánea.

De poema en poema, la vida de este hombre se me fue haciendo compañera. Seguí sus publicaciones por un tiempo. En 1985 organicé en un folleto casero, hecho a retazos de fotocopia, con una amplia antología de los poemas publicados hasta entonces, folleto que fui ampliando hasta 1992 y más. Aún lo tengo conmigo. Hoy se puede acceder a la mayor parte de sus poemas en las redes, específicamente en la sección de web servicios koinonia correspondiente a este enlace:

http://www.servicioskoinonia.org/Casaldaliga/poesia/index.html

En sus poemas intenté calar su alma. Su vida en simplicidad:

No tener nada. /No llevar nada.

No poder nada. / No pedir nada.

Y, de pasada, / no matar nada; / no callar nada.

Solamente el Evangelio, / como una faca afilada.

Y el llanto y la risa en la mirada. 

Y la mano extendida y apretada.

Y la vida, a caballo, dada. / Y este sol y estos ríos 

y esta tierra comprada,

por testigos de la Revolución ya estallada. / ¡Y “mais nada”!

Su visión de un Jesús sorprendente y vecino:

Ya sé / que hace mucho que lo sabéis, que os lo dicen,

que lo sabéis fríamente porque os lo dicen con palabras frías…

Yo quiero que lo sepáis de golpe, hoy, quizá por primera vez,

absortos, desconcertados, libres de todo mito…

Quiero que os lo diga el Espíritu 

¡como un hachazo en tronco vivo!

Quiero que lo sintáis como una oleada de sangre en el corazón de la rutina.

Quiero que tropecéis con Él 

como se tropieza con la puerta de la Casa…

Quiero que lo encontréis, en un total abrazo, 

Compañero, Amor, Respuesta…

No podéis negarme que lo estáis esperando,

con la loca carencia de vuestra vida repudiada

como se espera el aliento para salir de la asfixia…

Se llama Jesús

Se llama como nos llamaríamos si fuéramos de verdad nosotros.

Su opción decidida por los más pobres:

Voy a cambiaros el revólver chulo / por un bolígrafo de cuentas.

Para que no os engañen nunca 

ni los fazendeiros, ni los comerciantes,

ni el ministerio de hacienda.

¡Disparad hojas de libros / entre las hojas de la floresta!

¡Bebed, en las noches claras, / la “pinga” de otra fiesta!

¡Emborrachaos de sabiduría y de belleza…

 

-Esta es la tierra nuestra: / ¡la libertad, humanos!

Esta es la tierra nuestra: / ¡la de todos, hermanos!

La Tierra de los Hombres / que caminan por ella

a pie desnudo y pobre.

-¡Prostitutos creídos / de la Madre común, / sus malnacidos!

¡Malditas sean las cercas vuestras, 

las que os cercan por dentro,

gordos, solos, como cerdos cebados, 

cerrando, con sus títulos y alambres,

fuera de vuestro amor a los hermanos!

 

En la aldea de Meruri, de los indios Bororo, escenario del martirio del P. Rodolfo y del indio Simão, durante la segunda celebración funeraria.

La tarde dora el aire estremecido 

y dora el polvo sobre el coche intruso,

zurcido por las aves sorprendidas.

La luna nos contempla, retraída, 

como un sello de plata prematuro.

La tarde dora el aire y la memoria,

dora en semilla de Bororo y Cristo 

la sangre de Simão y de Rodolfo.

 

No me quitéis la sangre de los mártires 

del cáliz que alimenta mi osadía.

Si les priváis del Testimonio, 

¿qué les queda a los Pobres de América Latina?

Roma, la misma Roma, / ¿qué sería si callase en sus piedras 

la hermana sangre antigua?

Poco habitual en él, el recurso a la ironía aquí mostrado, nos permite situar críticamente su perspectiva cristiana sobre los pobres:

Bienaventurados los ricos, porque son pobres de espíritu.

Bienaventurados los pobres, porque son ricos de Gracia.

Bienaventurados los ricos y los pobres,

porque unos y otros son pobres y ricos.

Bienaventurados todos los humanos,

porque allá, en Adán, son todos hermanos.

Su compromiso claramente político, militante, cuando así lo vio necesario, lo descubría por los años 80, en dos representativos poemas dedicados a Leonel Rugama, seminarista y poeta, muerto en Managua el 15 de enero de 1970, combatiendo contra un batallón de la Guardia Nacional de Somoza, en un desigual enfrentamiento; y otro al Che. Sin perder nunca el horizonte mayor marcado por la fe en Jesús.

LEONEL RUGAMA

-¡Que se rinda su madre, / que se rindan sus armas,

que se rindan sus dólares, / que se rinda su imperio!

Nosotros seguiremos avanzando / más allá de la muerte.

Santo negro amerindio, / Leonel, / compa, / hermano,

¡niño maestro nuestro!

 

AL CHE GUEVARA, EN SU MUERTE

Y, por fin, me llamó también tu muerte 

desde la seca luz de Vallegrande.

Somos amigos / y hablo contigo ahora 

a través de la muerte que nos une;

alargándote un ramo de esperanza,

¡todo un bosque florido 

de iberoamericanos jacarandás perennes,

querido Che Guevara!

Su ejercicio poético descolonizador, quedaba resaltado en sus sonetos: A Colón, al anónimo (a) conquistador, misionero, indio, negro o madre. De ellos extraigo algunos cuartetos y tercetos.

Tierras, tesoros, vidas, de un acaso,

perdido nos hallaste y nos vendías,

Cristóbal, ¿de qué Cristo portador?

 

Venías para el rey, por la fortuna,

perdones y oro codiciando a una,

héroe y bandido mitad por mitad.

 

La espada tu Evangelio desmentía,

los yelmos apagaban tu fervor,

¡la mucha sangre de tu Eucaristía

no era sólo la sangre del Señor!

 

Eras tierra, pasión, memoria, mito,

culto en la danza y fiesta en el sustento.

Pero ellos te imputaron el delito

de ser otro y ser libre como el viento.

 

Los labios gruesos del amor y el canto

no besarían más la tierra amada.

Toda la sal del mar sería llanto;

sólo muerte y exilio, la mirada.

 

Madre de hijos hechos a la lumbre

y de hijos impuestos por acoso,

somos la despoblada muchedumbre

de tu amor y tu vientre sin reposo.

La relación entre fe y compromiso socio-político, ampliamente mostrada en sus textos, la encuentro bellamente recogida en este poema a María de Guadalupe:

Señora de Guadalupe, patrona de estas Américas:

por todos los indiecitos que viven muriendo, ruega.

¡Y ruega gritando, madre! La sangre que se subleva

es la sangre de tu Hijo, derramada en esta tierra

a cañazos de injusticia en la cruz de la miseria.

¡Ya basta de procesiones mientras se caen las piernas!

Mientras nos falten pinochas ¡te sobran todas las velas!

Ponte la mano en la cara, carne de india morena:

¡la tienes llena de esputos, de mocos y de vergüenza!

¡La justicia y el amor: ni la paz ni la violencia!

Señora de Guadalupe: por aquellas rosas nuevas,

por esas armas quemadas, por los muertos a la espera,

por tantos vivos muriendo, ¡salva a tu América! 

El mismo Casaldáliga explicaba, no hace muchos años, en entrevista concedida a Benjamín Forcano y Manuel García Guerra, las causas que habían impulsado su vida.

http://www.exodo.org/pedro-casaldaliga/

Optamos por los pobres, por la causa de los pobres, por ponernos a su lado y contra su pobreza y su marginación, una opción que también se haga por los ricos deberá ponerse al lado de sus personas pero contra su lucro y privilegios. Si no es así volvemos a lo de siempre: Todos hermanos en Adán y en Dios, pero cada uno en su lugar social, unos pasándolo muy bien y otro pasándolo muy mal.

Si Cristo es la riqueza de los pobres,

¿por qué no es la pobreza de los ricos

para ser la hermandad de todos?

Y entre todos, los indios, la causa indígena, los hermanos primeros, maestros inevitables de nuestra harta ciencia fracasada, profetas esperados de nuestra suficiencia sin salida, profetas del retorno a la Tierra, al Sol, a la Luna, al Viento huracanado, heraldos primigenios del Evangelio de los Pobres.

Y la causa negra. En el nombre de Dios supuestamente blanco y colonizador, que naciones cristianas han adorado como si fuera el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, millones de negros fueron sometidos, durante siglos, a la esclavitud, a la desesperación y a la muerte. Pero, un día surgieron… y la libertad imposible y la identidad prohibida florecieron.

Otra de las causas de mi vida es la causa de las mujeres. Le escribí al papa: Querido Papa Juan Pablo II: No se puede negar que la mujer continúa siendo fuertemente marginada en la Iglesia: en la legislación canónica, en la liturgia, en los ministerios, en la estructura eclesiástica. Para una fe y una comunidad de aquella Buena Noticia que ya no discrimina entre “judío, griego, libre y esclavo, hombre y mujer”, esa discriminación de la mujer en la Iglesia nunca podrá ser justificada. Tradiciones culturales masculinizantes que no pueden anular la novedad del Evangelio, explicarán tal vez el pasado; no pueden justificar el presente, ni menos todavía el futuro inmediato…

Escribimos el credo macroecuménico y le llamamos a Dios el Dios de todos los nombres, más allá de todos los nombres, y más acá de los tiempos. El verdadero diálogo es hablar y escuchar. Es la causa del diálogo interreligioso: A partir de mi identidad y del respeto de la identidad de los demás.

Y todas esas causas ubicadas en un lugar concreto: el Matto Grosso. Causas en-terradas, por así decirlo, y con aspiración universal.

Su visión de iglesia se trasluce desde el momento de ser nombrado obispo en el Matto Grosso, como momento de concientización personal y compromiso, con un modo sencillo y pobre de ser autoridad, en el servicio pastoral. Entonces escribía:

Tu MITRA 

será un sombrero de paja; el sol y la luna; la lluvia y el sereno;

el pisar de los pobres con quien caminas y el pisar glorioso del Señor.

Tu BÁCULO

será la verdad del Evangelio y la confianza del pueblo en ti.

Tu ANILLO

será la fidelidad a la Nueva Alianza del Dios Liberador

y la fidelidad al pueblo de esta tierra.

Tu ESCUDO

la fuerza de la esperanza y la libertad de los hijos de Dios.

Tus GUANTES

el servicio del amor. 

Mantiene esa perspectiva autocrítica en versos como estos:

Yo pecador y obispo me confieso

de haber llegado a Roma con un bordón agreste;

de sorprender el Viento entre las columnatas

y de ensayar la quena a las barbas del órgano;

de haber llegado a Asís, cercado de amapolas.

Yo, pecador y obispo, me confieso de soñar con la Iglesia

vestida solamente de Evangelio y sandalias…

 

Algo tenemos, Roma, de romanos

todos los que heredamos / la leche del latín, la fe de Pedro.

A pesar del Imperio, / detrás del Vaticano,

en la piedra y la sangre compartidas

todos tenemos mucho de romanos.

 

¡Este lujo, Señor, de pensar tu Evangelio,

cercados de jardines, y hacer la Eucaristía,

hartas siempre las mesas, y lanzar documentos,

sin lanzarnos nosotros, mientras la muerte sigue...!

En varios de ellos la crítica fuerte se extiende a los Cardenales y Curias romanas, y hasta al mismo papa:

Cardenales de Roma, hermanos todavía:

¿Qué somos si no somos Pascua viva?

¿Qué celebramos si no celebramos

toda la sangre en cada Misa?

¡Ay de las Curias sin romerías!

 

Deja la curia, Pedro, / desmantela el sinedrio y la muralla,

ordena que se cambien / todas las filacterias impecables

por palabras de vida, temblorosas.

Vamos al Huerto de las bananeras, 

revestidos de noche, a todo riesgo,

que allí el Maestro / suda la sangre de los Pobres.

Mi impactaron, además, algunos aspectos de su mirada más general sobre la vida. La racionalidad integrada: de los pies y el corazón, el valor de la persona humana, la naturaleza pacificada y pacificadora: sus garzas blancas.  

Piensa también con los pies / sobre el camino cansado

por tantos pies caminantes.

Piensa también, sobre todo, / con el corazón abierto

a todos los corazones / que laten igual que el tuyo,

como hermanos, peregrinos, / heridos también de vida,

heridos quizá de muerte.

Piensa vital, conviviente / conflictivamente hermano,

tiernamente compañero....

 

De lejos, toda montaña es azul,

De cerca, toda persona es humana.

 

No consigo mirarlas / indiferentemente.

Me saben todavía / a detalle de Dios.

Capullos de blancura / dando entorno a las aguas.

Ánforas escogidas, / llenas de sol primero.

Algodones alados / que vendan mis poemas.

Lo releí con frecuencia y tomé sus versos para mí, como flechas hirientes o como brisa refrescante, según la vida me los daba.

Cercanos a 1990, con la revolución sandinista en ciernes y la teología de la liberación cuestionada desde el Vaticano, con dos documentos de Ratzinger (la “Sagrada Congregación”) que la ponían en tela de juicio, se van dando diversos movimientos de acercamientos y distanciamientos, reescrituras y matizaciones, a la luz de las nuevas coyunturas latinoamericanas. A los textos más directamente sociopolíticos y denunciadores de la teoría desarrollista en América Latina, los teólogos latinoamericanos iban incorporando nuevos textos desde una nueva espiritualidad emergente. Así surgieron los libros de Gustavo Gutiérrez, Segundo Galilea y muchos otros, con esta perspectiva. Se resalta en ellos, el cristianismo a dos manos, el del compromiso socio político y el camino espiritual. Pedro CASALDÁLIGA, junto con José María VIGIL, publicó en 1992 una importante obra de síntesis que recibí con entusiasmo: Espiritualidad de la Liberación. La valoro como una obra que mucho ayudó a bien entender nuestros procesos de fe del momento. Hoy se consigue en el enlace: http://www.servicioskoinonia.org/Casaldaliga/obras/index.html

A todas estas, fuimos teniendo noticas, de aquí y allá, de algunas participaciones eclesiales de Pedro Casaldáliga en encuentros continentales, promoviendo las organizaciones de comunidades de base y animando a los sacerdotes, religiosas y religiosos, a mayores compromisos con el pueblo y una mayor coherencia con el evangelio.

Estuvo en Colombia en el II Encuentro Continental de la Asamblea Pueblo de Dios (1996) y llegó a mis manos un soneto que escribió a los jóvenes religiosos de este país:

No es que dejéis el corazón sin bodas

Habréis de amarlo, todo, todos, todas

discípulos de aquel que amó primero

Estuvo en Venezuela y escribió sobre su ida al barrio de Petare, en visita a una comunidad claretiana (a finales 1999). Desde allí animaba a la realización de los Encuentros Nacionales de Comunidades de Base. Con su impulso, se pudo concretar al año siguiente el I Encuentro Nacional de CEBs de Venezuela. Entonces nos dejó este poema, con sabor a pueblo nuestro:

Escaleras de Petare bajo la niebla y el sol,

por donde bajan los pobres, por donde tropieza Dios,

por donde El me viene encima si le pongo corazón…

Subir la cuesta, la vida, bajar la desolación.

Bajar a por los derechos, subir detrás del amor.

Escaleras de Petare, esa escalera de Jacob

por donde suben y bajan los excluidos y Dios.

Unos años después, con el desarrollo de nuevas perspectivas creyentes que se iban abriendo en ecoteología y pluralismo religioso, escribió un artículo, de nuevo con José María Vigil, Teología del pluralismo religioso, en la revista Concilium (2007). Junto a la reflexión sobre el tema, se abrieron nuevas prácticas y convocatorias a encuentros continentales en los que participaron exponentes de las religiosas ancestrales, indígenas y afrodescendientes, ecumenismo cristiano, entre otros…. Casaldáliga motivó y participó en varios de estos encuentros. Así entendió su papel, llegado a una edad avanzada, de impulsor de otra iglesia y otro mundo posibles. La Madre Tierra y el pluralismo religioso fueron sumando perspectivas a sus Causas de Vida.

Contra los vetos amenazantes, desde un modelo eclesial impulsado por Ratzinger, retomando ciertas teologías de la unicidad de la salvación, Casaldáliga optó por motorizar, sin un discurso directamente confrontador, otro modelo más plural y abierto de ser iglesia, desde su presencia en encuentros y su ánimo para que la necesaria libertad de reflexión no se coartara; conservando siempre la perspectiva de los pobres y excluidos, tanto en los ámbitos nacionales como internacionales; sin abandonar las causas que lo acompañaron durante su vida: la de los afrodescendientes, la de los pueblos indígenas y sus prácticas y creencias ancestrales.

Las noticias que nos llegaron los últimos años de su vida, se referían a la convivencia con el Parkinson, su renuncia al obispado, algunas cartas escritas, con la palabra serenada, densa, sostenida por toda su vida, y la confianza final en Dios. No era sorpresa para él lo que le iba aconteciendo. Algunos poemas lo vislumbraban.

Voy a pasar la vida

más o menos inútil, más o menos poeta.

No habré tenido un hijo…

Habré plantado / unos contados árboles

y habré escrito unos libros,

muchas cartas, / hojas hijos al viento.

-Procura que la Gracia y la Ternura

llenen de vino nuevo / tu ánfora de barro…

 

Yo me atengo a lo dicho: La justicia,

a pesar de la ley y la costumbre, a

pesar del dinero y la limosna.

La humildad, para ser yo, verdadero.

La libertad, para ser hombre. Y la

pobreza, para ser libre.

La fe, cristiana, para andar de noche,

y, sobre todo, para andar de día. Y,

en todo caso, hermanos, yo me

atengo a lo dicho: ¡la Esperanza!

 

Y llegaré de noche/con el gozoso espanto

de ver/por fin/que anduve/día tras día;

sobre la misma palma de Tu Mano.

 

Según su deseo, los restos de Casaldáliga descansan, desde el día 12 de agosto de 2020, bajo un árbol de pequi, a la orilla del río Araguaia, en el cementerio de los indios Karajá, creado en el lugar donde eran arrojados los cuerpos de campesinos e indígenas que se resistían a la invasión de sus tierras. Representantes de la etnia Xavante asistieron al entierro y colocaron una cruz de madera sobre su tumba.

La gente que se sostiene en la vida luchando por causas de la humana dignidad puede decir que muere de pie. Poco antes de anunciarse la muerte de Casaldáliga, estaba leyendo al poeta palestino Mahmud Darwish. Coloco los dos textos en paralelo.

He hablado de Pedro y hablo de nosotros. Aquí estamos, en este camino, sobre cuyas piedras encontramos las preguntas que Casaldáliga hiciera

«Por aquí ya no hay camino».

¿Hasta dónde no lo habrá?

Si no tenemos su vino

¿la chicha no servirá?

 

¿Por dónde iréis hasta el cielo

si por la tierra no vais?

¿Para quién vais al Carmelo,

si subís y no bajáis?

 

Si cedéis ante el Imperio

la Esperanza y la Verdad

¿quién proclamará el misterio

de la entera Libertad?

 

Si el Señor es Pan y Vino

y el Camino por do andáis,

si al andar se hace camino

¿qué caminos esperáis? 

Con la referencia a Antonio Machado sobre el camino, y Juan de La Cruz, sobre el ascenso espiritual, en despojo y libertad, me permito dejar abierto el texto a la vida que viene.

Tomás Martínez Sancho

jueves, 23 de julio de 2020

CON LA HORDA PÁJARA



Tres años ya... qué larga ausencia... Mi amado, mi entrañable hermano de la palabra... Franklin Trómpiz... Escribe la amiga y poeta Yurimia Boscán. Recojo, en su memoria, el ensayo que escribí entonces (2017), como parte de otro más amplio, dedicado al tema del desamparo en algunos poetas altomirandinos....
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Como un homenaje póstumo al poeta de Los Teques, Franklin Trómpiz, agrego este último apartado, tras llegar a mis manos su texto fundamental: Los rigores del desamparo, ganador de una mención honorífica en el Concurso de Literatura del Municipio Guaicaipuro mención poesía, en el año 2014.
Yurimia Boscán presenta su obra como un “viaje al alma rota de la calle misma, a la niebla huérfana de plazas, al poeta sin pose resteado con el polvo, los recuerdos y la vida, a la que todavía se apega con tesón a pesar de tanto olvido”. A este viaje vamos.
Si con Tamaño carta, culminaba mi lectura del desamparo con la paradoja de un credo que, por la palabra, se hace fe en el amor y la solidaridad entre humanos, posibilidad abierta de refugio en medio de sufrimientos y desamparos, con Franklin Trómpiz el desamparo se hace más riguroso. El ser humano todo, su identidad social (“se desampara el rostro”), su fe antigua (imagen sagrada externa o creencia interior), todo se desploma:  
y hay tanto desamparo
en este verso
que la imagen
del pecho
se desploma
De humanidad no queda nada. El poeta siente el abandono total. La palabra –lo único que queda- está desnuda, sin soportes. Pero es un recurso. Es el vértice de una protesta. La posibilidad de una denuncia y la explicación de una acción recíproca; frente al abandono de todos, lo justo: la vida a la intemperie abandonando a todos.
Mi vida
fue
una carreta
donde
cargaron
todas las culpas
todas
todos me abandonaron
todos.

Ahora
los abandono
a ustedes
A este propósito, menciono brevemente otros poemas de Franklin Trómpiz (inéditos). Se trata de la recopilación de textos fragmentarios escritos en servilletas Homenaje a Hukosay (2015). En ellos se agudiza el desamparo, en cuanto sensación de un entre-tiempo eterno sin casa, con tan solo el cuerpo como habitáculo propio. El cuerpo como único amparo –en sintonía con lo enunciado a propósito de Neón y Ama de casa-.
De casa en casa
se mudaba
casi incesantemente
Mi vida es un incendio
permanente

Las llamas devoraron
mis papeles

También resolvió
quemar mis casas

ahora vivo en mi cuerpo
más tranquilo
A vueltas con Los rigores del desamparo, la lectura interior de este desamparo se torna ejercicio místico rebelde, se descubre como nada existencial, pequeñez radical, poquedad del ser humano, abandono de un dios eterno, curiosamente cognoscible, predecible en su enormidad desinteresada.
Y el desamparo entonces
eleva su torre inmensa
le habla a un dios
cognoscible
enorme, sabio, eterno
después estalla
un llanto
del tamaño
del mundo
Qué pequeño
es el hombre
Pero aún queda una fe: la de la palabra pronunciada. Es la palabra del apartamiento autoimpuesto, de la ida al margen, al encuentro consigo. Como en Tamaño carta, el único refugio es esta palabra.
No me moleste nadie
siempre escribo
Los seres humanos son de nuevo percibidos como molestia, el poema es refugio. Y no obstante, las palabras-refugio se resisten, el silencio se hace desamparo de sílabas sufrientes.
Hay sílabas que sufren
en su traje de rayas
pronombran los sufijos
y unas llagas enormes
desamparan su flujo
Pero ¡atención! Hay algo, álguienes, que aún están con el poeta: son su “horda pájara” para el corazón herido. El poeta invita a adentrarse en este corazón herido, origen y resultado de tal desamparo, y a hacerse próximos-prójimos de esta horda desprestigiada.  
Libre como es el sueño
cuando sueñas
Sólo encontró su corazón herido
con una horda pájara
en bandada
Siguen dos historias raigales: la del pueblo teque, en silenciosa resistencia, en escasa palabra, expropiado de su palabra propia por más de cinco siglos; y la historia actual, la del hijo muerto. Oprobio pasado y presente, violencia física que acaba con los cuerpos, violencia cultural que acaba con la palabra.
A la buena de un dios
que más que dios
es un pueblo
que resiste un oprobio
de más de cinco siglos
en silencio esperando
el rigor desampara
y hablándole en teque
Yo
Canaímo bongó a voz en bongó
culele yu cuñe
me  mataron al hijo
Bembé
me lo mataron
Estas dos historias apuntan a la raíz del desamparo y a la pequeña puerta que se le abre al poeta. El poema de Franklin se resuelve como denuncia de una sociedad desigual e injusta, que expulsa al pobre de su seno. El mismo poeta no ha podido dar respuesta a la injusticia contemplada. Está herido por lo vivido, por lo visto…  (Hiroshima que brilla/ y Nagasaki –evoca en su poema “Homenaje a Hukosay”). Mas no ha tenido en sus manos la suficiente libertad para la acción trasformadora, se siente culpable por ello, aunque no ha sido vencido en su sueño. Sigue con su palabra de poeta, el resto leve que le queda.
Culpable de omisión
pero fue invicto
y comenzó a soñar
como un poeta
y rasguñó su traza
en los caminos
herido en la visión
sin albedrío
El mundo no tiene paz, otros poetas han enfrentado el hecho, pero el desamparo es de cada quien… no están ahora los compañeros poetas para solucionarlo: Ni Neruda, ni Pessoa, ni Whitman.
Mi voluntad es una brasa ardiente
no puede haber ni paz
en esta tierra
El poeta reconoce en el verdadero político su honestidad trasformadora, y sin embargo, es lo que lo conduce a la muerte. Su liderazgo queda en nada.
La muerte
es un líder
político
te toca
cuando
andas
te sobra
la razón
y mueres
Y qué decir del pueblo: ha perdido su fuerza vital, espera la muerte sin más, anda en la noche, sucumbe.
…esperando la hora
de un ocaso que yace
lucho porque es su noche
del sin razón
El Pueblo
--
Yo me estiro
y sucumbo
en las cantinas
La horda pájara que lo acoge, la única puerta abierta, no humana, infrahumana (al juicio de los contemporáneos), ancestral, es la música antigua de la guarura, el eco de los siglos
Sórdido y gentil
pero fantástico
fue la dulce
ecuación
del desamparo
en el poema
unción
ambigua
transparencia
sonora
la guarura
en su regazo
La calle es la pervivencia. A la intemperie. Pero allí es donde el poeta encuentra la única querencia.
La calle es muda con su mueca desanda
es muda con su mueca es arma
es arma con su muda mueca
y sin embargo te ama
Es una calle con compañía, en plural, una “bandada” que incluye al cojo y a la sarna, es una horda que clama en su furia y hartazgo.
Deambulamos
a veces
con el cojo
con la sarna
con garra
deambulamos
deambulamos
a veces
con birunga
ebrios
furiosos
hartos
deambulamos
Su furia “es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma” (Marx, Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel). En esta furia, y en plural consciente, se aloja el clamor de una esperanza, que Franklin no atina a pronunciar: la de un mundo-casa abierta para todos y todas.



viernes, 17 de julio de 2020

RILKE Y RAMOS SUCRE: DOS POEMAS



 
Rainer Maria Rilke (1875-1926) y José Antonio Ramos Sucre (1890-1930), poetas contemporáneos entre sí, murieron con 51 y 40 años respectivamente, tras pasar por sanatorios de Suiza, y aquejados por el insomnio (ambos), la depresión (Ramos Sucre) y la angustia vital (Rilke). El pasaje por distintas ciudades, los viajes de ambos, son parte de esta búsqueda en “tiempos menesterosos” (Holderlin), sin hallar sosiego ni descanso. Poetas itinerantes, podría llamárselos. Rilke murió de leucemia y Ramos Sucre por una sobredosis de medicamentos. Depresión y angustia quedaron plasmadas en su escritura. Releyendo sus textos, me llama la atención cierto paralelismo entre estos dos poemas que aquí presento:

Preludio
YO QUISIERA estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras.
Entonces me habrán abandonado los recuerdos: ahora huyen y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes en la noche que cubre el desierto de nieve.
El movimiento, signo molesto de la realidad, respeta mi fantástico asilo; mas yo lo habré escalado de brazo con la muerte. Ellas es una blanca Beatriz, y, de pies sobre el creciente de la luna, visitará la mar de mis dolores. Bajo su hechizo reposaré eternamente y no lamentaré más la ofendida belleza ni el imposible amor.
(José Antonio Ramos Sucre, La torre de Timón, 1925)

Amo de mi ser las cosas oscuras, / en las cuales se ahondan mis sentidos;
en ellas, tal como en añejas cartas, / hallé mi vida diaria ya vivida,
superada, hecha lejana leyenda.
De ellas sé que tengo espacio para una / segunda vida, anchurosa y sin tiempo.
Y a veces soy como el árbol que adulto / y rumoroso, encima de una tumba,
cumple el sueño que el muchacho, ya sido, / (por el que se entran sus raíces cálidas)
perdió en melancolías y canciones.
(Rainer Maria Rilke, Libro de la vida monástica, Poema 5, 22 de septiembre de 1899.

Los poemas comienzan con la mención de lo oscuro.

YO QUISIERA estar entre vacías tinieblas
Amo de mi ser las cosas oscuras

Se acercan a ello con deseo: el amor o el querer del yo poético se colocan en el centro. Con una diferencia: mientras que para Ramos Sucre las tinieblas son exteriores a sí mismo y representan el aislamiento social que referirá más adelante como su “fantástico asilo”, para Rilke se trata de las cosas oscuras de su propio ser.

Pronto afloran los sentidos. La voz poética rezuma sensorialidad. Sentidos lastimados por esa oscuridad amenazante o más bien ahondados en la búsqueda introspectiva.

porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige
en las cuales se ahondan mis sentidos
(en las cosas oscuras del propio ser)

Los recuerdos se asoman en Ramos Sucre, y junto a ellos el impulso de borrarlos, pues representan una amenaza. En Rilke, por su parte, la memoria corresponde a un lugar de encuentro añorado, con algo de irrealidad, y con cierto sentido mítico: melancólica canción de juventud y sueño incumplido.


ahora huyen y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes en la noche que cubre el desierto de nieve.

como en añejas cartas, / hallé mi vida diaria ya vivida, / superada, hecha lejana leyenda.

cumple el sueño que el muchacho… perdió en melancolías y canciones.

Un giro en el texto. Desterrados los recuerdos, en Ramos Sucre, o a expensas de ellos, en Rilke, se lanza una mirada adelante. Con matices diversos en ambos: superación de la memoria de dolor, en Ramos Sucre, o vida renovada en Rilke.

yo lo habré escalado de brazo con la muerte
(¿el movimiento?, ¿el asilo?, ¿los dos?)
sé que tengo espacio para una / segunda vida, anchurosa y sin tiempo.

Los símbolos de esta nueva situación, las imágenes empleadas por los poetas, son potentes referencias que representan algunas perspectivas más generales de sus obras. Verticalidad y mito les son comunes.
En Ramos Sucre, es la muerte "una blanca Beatriz", la misma a quien Dante idealizó en su Comedia como amada que lo guía a través del Paraíso, llevándolo en ascenso hasta escalas superiores. Se hace patente la ambivalencia entre muerte y ascensión, entre atracción y repulsión, oscuridad y blancura…. Su imagen, sin embargo, aparece como una Inmaculada de Murillo, con la luna a sus pies, vencedora del mal (simbolizado en el mar con sus míticos monstruos). La imagen que resurge en Rilke es la de la Naturaleza, también mítica: el árbol sorprendente, que se arraiga en los sueños perdidos de la humanidad y sobre ellos se eleva. Bajo los símbolos o sutiles mitos salvadores de “blanca Beatriz” o árbol, sobre los dolores o la tumba, se alzan nuevas formas de vida.

Ellas es una blanca Beatriz, y, de pie sobre el creciente de la luna, visitará la mar de mis dolores.
el árbol que adulto / y rumoroso, encima de una tumba, cumple el sueño…  / (por el que se entran sus raíces cálidas)

Y, no obstante, contrasta los modos de salvación o solución retórica. Para Ramos Sucre no hay salida de la tumba, tan solo su reposo sin lamentos. En Rilke, la vida resurge como árbol adulto y rumoroso.

En fin, dos grandes poetas acercándose al misterio de la vida, desde su propia realidad humana quebrantada. Patología o no, en tiempos de pandemia, no es infrecuente asomarse a estos abismos del corazón.