martes, 21 de agosto de 2018

Trilogía poética de Armando Hernández Quintero


Garoé – Cantos Alisios – Cantos Indianos

La trilogía poética de Armando Hernández Quintero, Garoé – Cantos Alisios – Cantos Indianos, publicada a lo largo de una década (1988, 1992 y 1999), mantiene un tono unitario en forma y contenido, aunque con la esperada evolución y decantación progresiva de los versos.
En las tres obras se pone de manifiesto el hombre de la isla, el ser humano situado en el Hierro, rodeado por los concretos topónimos lugareños y los pinares.  Este ser humano se torna emigrante, sale de su isla, la añora y retorna a ella. Los tres poemarios parecen indicar este periplo en tres etapas: El Hierro, la salida y el retorno. Garoé y Cantos Alisios se sitúan predominantemente en tierra americana, con la memoria de la isla. Cantos Indianos refleja con frecuencia la experiencia de vuelta y reencuentro con la raíz natal.

Parte I: La geografía del hombre

El ser humano
En Garoé se mientan los antepasados, las propias raíces. Epifanio y Elisa aparecen entre sueños. Epifanio es el hombre de los “cuentos de pastores, a la sombra de un pino”. Elisa lleva “la vida al hombro, / con las calcosas y las iramas / sembrando sus hojas entre las piedras”. 
En Cantos Alisios, el hombre se ha hecho mito: "Odiseo" y "Sísifo". La referencia al mito no es recurso literario fácil, sino agregado de densidad antropológica y existencial a los versos.
Ítaca es tuya todos los días / y el olor de sus árboles tu sombra / aunque no duermas en ella.
Llevo una isla en el cráneo, / que me pesa en las alas.
La referencia al mito no es extraña al poeta. Ya en Garoé, se acudía a Edipo, en el poema "Elisa":
A lo mejor, es el olor de los tomillos, / o Edipo que está dentro, / –Uno nunca sabe…–
Y a Tántalo, en el poema "Don Luis Martín Arvelo"
…ahogado en sí mismo, / hablando el lenguaje de las piedras y el mar
Y de nuevo en Cantos Alisios, en el poema "Guanche Peregrino"
Con esas islas de fuego y salitre / cual Tántalo reencarnado / condenado a vivir en esclavitud en esta Tierra de Gracia
En Cantos Indianos, vuelve el hombre "Isleño", transterrado, “metido en tu (su) burbuja de volcán”, anhelando
…un velero, / que circunde la órbita de los ojos / y navegue de regreso a la tierra / por nuestras lágrimas

La isla
El hombre del que aquí se trata es el hombre de la isla. Garoé da principio con el poema "Hierro":
Huella de polvo en la mar. / Corazón desgarrado. / Trébol de pino. / Danza de lava mecida por las olas. / Lágrima del Garoé. / Eso eres.
Y en "Tierra mía", de Cantos Alisios, se repite la referencia a la geografía insular: maderas y piedras minerales, “semillas de ceniza”; y se repite la otra referencia: a la lágrima y el corazón desgarrado:
Tierra mía / que estás en nuestros huesos calcinados…
Se añaden aquí unos versos socio-explicativos del fenómeno migratorio:
…tantos crepúsculos de sangre vegetal / que signan los caminos de la mar / por los que hemos buscado / el pan nuestro de todos los días
En Cantos Indianos se da un nombre a la "Persistencia" de la isla:
Persistente / como el olor del pecho materno / no existe otro hierro como tú / ni diamante que te destruya
El deseo del poeta es terminar sus días en la isla amada:
¡Oh Hierro amado! / Que mi carne / alimente tus cuervos / y mis huesos blanqueen tus barrancos
"Isla de Fer", poema más elaborado, dedicado a Antonio Trujillo, se apoya en diversas referencias lingüísticas para establecer un recorrido por la diversidad semántica de la isla: ferro, hierro, ferrum, jierro, herrumbre, herrería y herradura, férreo halo de queso y vino.

Los Pinos
Entre los elementos naturales de la geografía lírica de Armando, destacan los pinos.
"Pinar", de Garoé, resuena, con el recurso al mito cosmogónico al estilo del relato creacional del texto de la escritura sagrada judeo-cristiana en Génesis 1:
El primer sol te dibujó en el naciente, / eras nube, cernícalo inmóvil en el firmamento. / Después, el mar lo fue todo. / Sin embargo, perduró el olor de los pinos, / de la tierra recién arada.
El pino se evoca luego desde América. Así, en "Pino verde":
…espina de verde rocío con cantos de mirlos y lineros….
Llegas a mí de allá, / de donde nace el sol, / y las sabinas sueltan sus melenas al viento / como la neblina del Jarillo en el mes de enero.
En Cantos Alisios, el recuerdo de los "Pinos de la Casa el Monte", se hace descriptivo y metafórico:
…bullicio buscando el cielo, / El viento madura en tus entrañas / hasta ser decantado en suave silbo. / Mástiles de un barco olvidado / que se adentra en el océano. / Vigilias de una copa que se pierde en el naciente…Piernas de mujer erguidas / desde la tierra / hasta la fronda de tus cabellos
Es este un curioso poema, que va tornándose rimado, excepcionalmente en la poesía de Armando, casi al modo del romancero, especialmente en los últimos doce versos (10 + 2). Machado y Lorca deambulan entre ellos:
…tu corazón calienta / las casas de nuestros pueblos.
Tus troncos refugios son / de cazadores viajeros.
Cálida cama tus hojas / donde reposar un sueño
(en ellas / los enamorados /)
embriagados de resina / se han jurado amor eterno
Pinos de la Casa el Monte / Pinos del monte piñero.
Hay otro pino antiguo, "Pino Verde", recordado en Cantos Indianos, como metáfora de la vida y muerte del emigrante:
Se llegó a pensar que eras eterno… / tus ramas se han doblado… // …ni el búho ni el linero / hacen nidos en tu copa… // Algún día / guiado por el olor de tu resina / regresaré / y al igual que tú / cadáver de tea sobre lava
La casa
"La casa de mi padre", poema de Garoé, es memoria viva:
…me encuentro en medio de los pinos / en la casa de Epifanio, / blanca con un patio / donde… / el tomillo se abraza con el orégano. / Y detrás, / el limonero adormecido / en el huerto de cebollas, / al sol y al canto de los capirotes / del moral de Ramón.
En Cantos Alisios se recuerda de nuevo "La casa", ahora “librando con el tiempo una guerra perdida de antemano”, probablemente “montón de riscos y tea”, con nuevos dueños… Y, sin embargo, en metáfora existencial, por su escalera “seguiremos los peldaños hacia el Edén protector de tu cielo raso”.
"La Casa de Nicolás Piloto", describe, con más detalle, la casa del abuelo y su proceso de construcción, al regresar este desde Cuba: el aljibe, sus dos plantas, el corredor y la escalera, la cuadra, la bodega, el gallinero, el granero… Se hace memoria de los juegos infantiles en ella. Al cabo del tiempo, su abandono: “El polvo y el silencio la pueblan”. Y, no obstante, el vínculo imperdible con la casa, aun en ruinas: “nos encontrarás en sus piedras”.
La ausencia o la irrealidad de la casa es manifiesta en Cantos Indianos. Encerrados o en eterna mudanza:
Vivimos en una cárcel / de muros de agua... // …con la maleta liviana / y el corazón pesado…
Y en el poema "En encuentro con"
Moradores de este limbo / ignorantes del mal… // ...tratando de construir / lugares cada vez más lejanos / casas y árboles fantasmales…
Topónimos
Del poemario Garoé, me detengo en tres poemas, "Valverde", "El Macho de la Cumbre" y "Hero", que recogen variadas referencias a lugares de la isla Hierro.
Tu puente, / empedrado de plomo y cielo / con su calle del Teatro… / Mientras los cedros en El Cabo, / se arrullan al sonido de la brisa / y del reloj de la iglesia.
la música del agua en Mencáfete….
Eres lo que no hay, / con el Garoé abrigado por la neblina / llorando el recuerdo de Ferinto… / Eres lo que no hay, / con tus sabinas descansando / lánguidas, / acariciadas por la sal y el viento del Rincón.
Agrego la hermosa descripción del pueblo "Taibeque":
…recostado a la falda de Tanajara. /Sembrado de higueras, almendros y caminos de piedra… / …donde el sol hace bailar el aire, / y el vino dispara los sueños, / con atardeceres desde el Gurugú / mientras se oyen los tañidos del campanario.
Crecen las referencias locales en Cantos Alisios. Memorable y único es el soneto dedicado a "Garoé": “Manantial que tanta vida has dado…”; en el que resuenan, rítmicos, los nombres de las cumbres:
Salmor, Orchilla, Amaca y La Restinga, / fieles guardianes del secreto fueron….
Se vuelve al lenguaje mítico por la evocación, en el poema "Guarcinaga", del lugar ancestral sagrado que debe protegerse de los recién llegados:
Llévalo al frescor de Fileba… / dale los dulces higos del Julan… / Pero no lo lleves al lugar sagrado / donde el Árbol Divino mana el agua de la vida…
En el poema "Sabinosa", la memoria del emigrante detona a partir de una postal. Con música americana de tango se recorren los nombres de la isla:
Tango de Salmor / Tango de Ferinto / Tango del Rincón, Nisdafe, Echedo, Tiñor… / Tango de Los Reyes / Tango de El Hierro, tango
"Sotavento", "La Restinga", "Campanario de Taibeque" y "Los Letreros", son poemas de Cantos Indianos, poblados de nuevo por espacios isleños. En el poema "Sotavento", un hermoso verso, “las piedras guardan las palabras del hombre”, precede a la enumeración de 34 topónimos. Tras ka enumeración, se cierra el poema:
Lugares / que nos poseen. // Los nombramos y son el cielo. // Pinar de los pinos / Tea recia de El Hierro // Isla de la Isla
En "La Restinga", se apela de nuevo a los orígenes míticos de la geografía. La Restinga: semejante a Afrodita, hija del mar –nacida de su espuma– y de un velero. Los versos se hacen descriptivos según finaliza el día y el poema:
Al atardecer / los pescadores contemplan el horizonte… // Al anochecer / los cangrejos vigilan con recelo… / y las gaviotas descansan / en los mástiles de la bahía.
"Campanario de Taibique" es otro poema, semejante al ya referido de "Los Pinos de la Casa el Monte", en el que se siente vagar el alma machadiana. Aunque la métrica es ciertamente irregular, predominan los versos octosílabos (24 del total de 48); y son trece los versos con rima asonante e-o.
…sufriendo a cuestas tu cruz / de tea aneja por el tiempo //
Tienes en lo más alto… / tus campanas siempre al cielo //
Pero en otras ocasiones / los tañidos lastimeros /
anuncian el fin del viaje… / el paso moroso y quedo //
Campanario de Taibique / campanario de mi pueblo
El campanario es metaforizado en:
castillo, nido, reloj, barco, gradas, / refugio, música alegre y son tañero….
Hacia el final del poema, el campanario deviene, en su ser solitario, imagen humana del desamparo:
…y yo / al igual que tú / al desamparo / de los cuatro vientos…
El poema "Los Letreros" remite a El Julan originario, con su Tagoror, semejante al Ágora griega, espacio de decisiones y de libertad.

Parte II: El ser humano
Este ser humano, isleño, arraigado a una geografía particular, aparece antropológicamente como ser migrante, de alma dividida entre un aquí y un allá, añorante de retorno. Es, además, un ser amoroso a la vez que contingente, abocado a la muerte.

El extrañado
A veces no sabemos quiénes somos, / ni reconocemos nuestra sombra… /
¡Ni siquiera lágrimas tenemos! / Secas hace años a la orilla del mar.
Así se lee en el poema "Cosas", de Garoé. La experiencia de mudanza física otorga al emigrado un estatus existencial por el que con frecuencia discurren los poemas de Armando.
Una pregunta honda, política, se lee en el poema "Ellos", del mismo poemario. Tras evocar las raíces isleñas, de fuego y vino, y escuchar razones naturales e históricas para la aventura de mar y viento:
El isleño por naturaleza busca nuevos horizontes / las islas le quedan pequeñas…
Tras oír todo esto, finaliza el poema con contundencia, señalando la distinción sociopolítica marcada por los vencedores de la guerra civil española:
Yo te pregunto paisano… / A ti, / que llevas tu isla a cuestas. / ¿Por qué ellos nunca salieron?
Similar tono político recoge el poema "José García Santana", en su verso primero:
Viniste huyendo de las botas y de la noche.
Otros emigrados con nombre y apellido se traen al recuerdo. El poema "José Pérez Padrón" es un canto a la añoranza:
…uno regresa / para ver la montaña.
En Cantos Alisios, numerosos poemas se refieren a esta experiencia de emigrados. Los ya referidos "Odiseo" y "Sísifo", recurren al mito, para reforzar estos sentimientos de ajenidad:
Las olas martirizan tus desconfiados sueños…. // …el mar / aquí / y allá // El destino del hambre ha sido tu marca… / …has bebido todas las aguas de los tiempos.
El encuentro con lo otro se reconoce en los poemas América (“yo creía que…” ) o Los Teques (“Las tejas son láminas de zinc y espantan”). Y en esto distinto:
…yo soy / sombra en la selva / sin árbol que me ampare
La huella de los antepasados en suelo americano aparece en este "Guanche peregrino":
Todavía estos pueblos recuerdan los pasos de tu desventura.
En Nosotros hicimos la maleta se vuelve al tono sociopolítico ya presente en Garoé:
¿Cómo no hacerla / si nuestros pies ensangrentaban las piedras / y el horizonte aprisionaba nuestros sueños?
Y se recoge la nueva experiencia de extrañamiento al retorno:
…los paisanos acorralados / extranjeros en el lar de sus abuelos… // Aquí estamos / no queremos ser extranjeros dos veces…
En Cantos Indianos, el poema "Retorno" no se refiere al retorno de los emigrados, sino –en límpida personificación– al retorno de la isla.
Una y otra vez regresas / con tu sed de volcán… // Ni en la noche dejas de interrumpir / la tranquilidad de los fugitivos…
Obligado viajero de errante vuelo / cada mar ha sido tu camino y cada árbol tu casa
–así se lee en el poema "Llegaron noticias", en memoria al antepasado Eugenio Morales Machín.
Rudo poema el que inicia:
Vivimos en una cárcel / de muros de agua… // Habituados al encierro, / de vez en cuando…/ cantamos.
Reiteran el tópico los poemas "Encuentro con" e "Isleño", ya mencionados con otra ocasión.
En "Sin paz" se describen con amplitud los sentimientos del emigrado:
Me siento como si estuviera desintegrado / y me parece que levito sobre una sábana blanca….
El amante
Esta experiencia de extrañamiento no es el único rasgo antropológico de los textos. Si se sostiene el ser humano en su desamparo e indigencia es porque otras marcas lo huellan. El amor es una de ellas, presente claramente en los tres poemarios que aquí se estudian.
"Ellas también", es un conjunto de siete cantos presentes al final de la obra Garoé.
Ausencia y adiós, deseo y ruego, recorren los versos:
Ven amada mía, / acompáñame en este helado infierno del deseo……no me pidas que te olvide. / ¿Cómo dejar de quererte si estás en mis sueños?
Y de nuevo el mito, en el canto VII:
…no me importo sumergirme contigo / en el infierno. / Darle un puntapié al cancerbero / sin temor a sus ladridos. / Cruzar la laguna…
"Apareciste" y "Al galope", son los dos poemas últimos de Cantos Alisios. Sutil el primero; casi romance, casi erótico, el segundo:
Apareciste / como la garúa en el otoño / suave y persistente.
Llegaste / yegua al galope / en noche de ojos abiertos
Las bridas peinando astros / Tus ancas, silla de fuego
"En mí", dedicado a Juana, esposa del poeta, es uno de los poemas finales de Cantos Indianos
Cuando te vayas… / déjame una margarita debajo de la almohada / a través de ella seguiré tu rostro… // Cuando regreses… / te esperaré bajo el alero…
El conjunto de los poemas finales de cada una de las obras arroja una tenue luz sobre la existencia herida del hombre isleño extrañado. 

El ser hacia-en la muerte
Los primeros poemas de Garoé llevan por título el nombre de personas que ya fallecieron, a las que se recuerda con naturalidad agradecida: Elisa, Epifanio, Don Luis Martin Arvelo, Aroldo Suárez, Ramón….
En "Feeling" se recoge, atisbando más allá de la muerte:
Tu polvo me cubrió, / y cuando era tuyo te fuiste / para donde el árbol del agua es sólo recuerdo, / y los pájaros son palabras.
Y en "Alexis Batista":
Ahora, / el agua y los pájaros te acompañan.
La muerte violenta aparece en el poema rimado "Muerte por Miedo", de Cantos Alisios, que recoge probablemente alguna crónica local.
"Gabriel Celaya in memoriam", parte de la noticia de la muerte del poeta, “en la más absoluta indigencia”, para abordar polémicamente el sentido de la poesía social, frente a sus detractores; y para cuestionar con ironía el llamado progreso.
En "Tanto Sufrimiento" se vuelve a esta muerte causada por el odio o la injusticia, refiriendo la muerte real del abuelo de Borges, o la novelada de Melquíades.
En "Soy Testigo", todas estas muertes se recogen simbólicamente:
He contemplado / el rostro de la muerte / a través de los jirones de un espejo roto.
Pero es en Cantos Indianos donde la muerte cobra mayor relieve. El epígrafe de Esteban Echeverría, “La emigración es la muerte”, establece un referente clave no solo para esta obra, sino también para las anteriores. El poema inicial "En la muerte estamos" abona lo dicho. No solo vamos hacia la muerte, sino que ya estamos en ella. Por más que intentemos olvidar:
Cuervo que emigra en la agnosia de la muerte / Eso somos
En "Llegó para quedarse" se recoge su omnipresencia:
La muerte sigue / llegó para quedarse // En la mar… // Llegó como la noche… // A su paso / los goznes callan… // En la mañana y el anochecer / la emigración que es la muerte
En la tercera parte del mismo poema "Con los ojos abiertos", y en continuidad formal con el anterior
Llegó para quedarse… // A su paso / se apaga el fuego… // …con los ojos abiertos para no equivocarse
La muerte de alguien querido se recoge en "Entre todos los vientos":
Te fuiste…. // Tu vuelo / el de un parapente llevado por la brisa/ en un cielo de piedras y tomillos
Ha podido decir Antonio Trujillo de estos Cantos Indianos que 
la muerte o el miedo a ella ocupa un espacio primordial en el extrañado, aquí el desarraigo se convierte en elegía propia y ajena.
Es tema que se recogerá nuevamente, con mayor intensidad, en la elegía a la muerte del padre del poeta, publicada en la obra Tus manos en mis manos, y a la que ya plasmé un breve ensayo.
Extrañamiento, amor y muerte, marcan a este ser humano, isleño para más señas, que con tanta profundidad nos ha permitido asomarnos Armando Hernández en sus poemas.
Aportando la peculiaridad –y voz propia- de su experiencia vital de isleño emigrado, su Garoé, y sus Cantos Alisios e Indianos, van tras la senda de Miguel Hernández, musicalizado por Serrat, con cuyo texto dejo a los lectores:
Llegó con tres heridas: / la del amor, / la de la muerte, / la de la vida.Con tres heridas viene: / la del amor, / la de la vida, / la de la muerte.Con tres heridas yo: / la de la vida, / la de la muerte, / la del amor.

jueves, 26 de julio de 2018

EL NADADOR, DE RAMÓN PALOMARES


Al leer el poema El Nadador de Ramón Palomares (El Reino, 1958), el referente Whitman se me hizo omnipresente. Me propongo mostrar algunas de las marcas intertextuales presentes en este poema.

El sujeto en cuestión —nadador— es mencionado al inicio del poema:
Seas bello, joven nadador,levantado sobre las aguas…
Whitman, en la sección 46 del Canto a mí mismo, también lo evoca:
Durante largo tiempo has braceado tímidamente, teniendopróxima una tabla, en el arroyo;ahora yo quiero que seas un nadador intrépido…
En ambos casos, el subjuntivo en segunda persona abre un diálogo expresando un deseo, como de maestro a discípulo. Belleza-atrevimiento son rasgos admirativos hacia el personaje; alzarse-zambullirse son las acciones que se espera ejecute el cuerpo del nadador en contacto con el agua.

Aquí radica la cercanía de ambos poetas, en su pretensión de ofrecer –al tú, nadador, y de paso, al lector-  un Reino: el de la vida asumida en libertad. La mención de los cuerpos gozosos; el sentido erótico de los textos, más marcado en Whitman, ciertamente; y la presencia de la naturaleza   —sol, agua y viento—, son algunos de los tópicos en los que se va desgranando el poema de Palomares, con amplios referentes al Canto a mí mismo de Whitman.
La belleza y juventud se afirma en Palomares hasta en cuatro ocasiones: 
Seas bello, joven nadador,
Un reino para ti,joven, bello nadador,
Seas el limpio, dulce paño de las noches,y aparezcas, joven, bello nadador,arriba del milagroso altar,
Digno amparado de la luz,joven, bello nadador…
En la sección 11 de Canto a mí mismo, una mujer contempla a la hermosura de veintiocho mocetones:
¡Ah! El más rústico de todos es hermoso para ella.¿Hacia dónde acudes, señora? Porque yo te veo;chapoteas con ellos en el agua, y, sin embargo, permaneces retraída en tu cuarto.
Comenta Smith Ferrer:
La mirada de la bella mujer no es tan inocente, la pregunta efectuada por el hablante sugiere que la mujer los contempla con atención, incluso el más rudo o tosco le parece bello. Al contemplarlos, la mujer se apodera de ellos, acercándose y chapoteando con los jóvenes en el agua a través de la mirada y la imaginación.La exploración erótica se da a través de la mirada, la mujer observa a los bañistas, como nosotros -los lectores- la observamos a ella contemplando a los bañistas, convirtiéndonos en cierta medida, en voyeuristas de la experiencia erótica de la mujer. Me parece que esta es una de las secciones más eróticamente bellas de Canto de mí mismo, puesto que se logra la experiencia sensual sin existir contacto físico real, sino que todo es evocación, imaginación, sugerencia. A partir de este enfoque, erotismo y poesía comulgan en un mismo sentido: sugieren e impulsan la imaginación a través de la insinuación.
Sin los rasgos eróticos tan expresos, en el poema de Palomares se admira —y compara con un pájaro en el aire— el cuerpo del nadador en la acción de lanzarse desde lo alto. El contacto de aire con el cuerpo se hace táctil mediante los verbos desafiar-penetrar-silbar:
Sólo un pájaro distintodescendiente del más alto ramo del cielosea igual a tu cuerpoen la maravilla del salto.Al desafío de los airespenetras sus dominiosy en la caída silbas tu cuerpo.
En la ya menciona sección 11 de Whitman, la admiración por el cuerpo se detalla en el contacto con el agua o el sol. Barbas empapadas, cabellos chorreantes, cuerpos mojados, espaldas y vientres asoleados.  La mano de una mujer, y su cuerpo combado, le agregan un mayor contenido erótico.
Las barbas de los mancebos relucen empapadas, y el agua chorrea por sus largos cabellos;hilillos de agua se deslizan por sus cuerpos.Una mano invisible se desliza también por encima de sus cuerpos,Y temblorosa desciende desde sus sienes y a lo largo de sus torsos.
Anota Smith Ferrer:
La mujer los observa sin ser vista por ellos, los contempla y los ama… se describen los cuerpos de los jóvenes, y se describe cómo el agua cae por sus cuerpos, sus barbas y cabellos, imagen bastante erótica y sensual …aquella mano invisible (la de la mujer) pasa por sus cuerpos, acariciando sus sienes y torsos …con su imaginación ingresa en el placer del tacto de los cuerpos de los bañistas, apoderándose de éstos y disfrutando del acto de contemplación… 
El detalle en las piernas y brazos del cuerpo del nadador aparece en Palomares:
…levantado sobre las aguas,ajustadas tus piernas y cada brazo al muslo.
En Whitman, si bien no se trata de un nadador en esta ocasión, es oportuno traer el poema de la sección 13 en el que se describe el cuerpo de un carretero. Piernas, cuello, pecho, mirada, frente, y el sol sobre los cabellos, mostachos y miembros perfectos:
El negro que conduce el carro a través del patio empedrado,se mantiene firme y erguido, y apoya una de sus piernas en el pescante;su camisa azul descubre el amplio cuello y el pecho, aflojándose sobre su faja;serena y altiva su mirada, echa hacia atrás el sombrero descubriendo la amplia frente;el sol cae sobre sus crespos cabellos y su mostacho cae sobre el negro de sus bruñidos y perfectos miembros.Contemplo al pintoresco gigante, y lo amo…
De modo que no deben extrañar las afirmaciones contundentes de las posteriores secciones 21 y 48:
Yo soy el poeta del Cuerpo;
Yo he dicho que el alma no es más que el cuerpo,y he dicho que el cuerpo no es más que el alma;y que nada, ni siquiera dios, es más grande para cualquieraque una partícula de sí mismo,
Los cabellos, ya citados en Whitman, en las secciones 11 y 13, son mencionados por Palomares, en modo contrastado. Mientras en Canto a mí mismo el agua y el sol impregnan los cabellos, apacible y sensualmente, en Palomares se relacionan con un viento irrespetuoso.
Ni tus cabellos sean irrespetados por el vientoni tus labios tiemblen.
Los temblorosos labios son citados aquí por Palomares, sin detallar la causa de tal temblor, pero asomando un contraste con la sección 45 de Canto a mí mismo, en la que los labios son asediados por amigos, procurando un goce benefactor:
Mis amigos me abruman,asedian mis labios, se agolpan en los poros de mi piel,besan mi cuerpo con sus besos balsámicos,silenciosamente me estrechan con manos cordiales y me las entregan para que las haga mías.
Dirá Smith Ferrer:
Estos amantes sofocan al hablante llenando sus labios, los poros de su piel, estableciendo un contacto físico bastante intenso… la imagen del hablante sofocado por los amantes expresa una fuerza sensual...
La imagen en arco, de los cuerpos, es común a ambos poemas. En Palomares es el pecho del nadador:
Ni una rápida estrellaigualaría esa delicadeza:el arco mágico de tu pechoque se abalanza al agua desconocida.
En la sección 11 de Whitman, son los vientres de los muchachos, o la mujer sobre ellos, en su ensoñación apasionada:  
Los muchachos flotan de espaldas, sus vientres blancos se comban al sol, no preguntan quién se apodera rápidamente de ellos, no saben quién jadea y se aparta con un arco suspenso y cimbreante…
Comenta Smith Ferrer: 
Los jóvenes flotan en el agua, en actitud de descanso y relajación… Los jóvenes no saben quién jadea, pero el lector infiere que es la mujer, y este jadeo se relaciona con la excitación sexual que ella experimenta ante la visión y exploración de los cuerpos de los jóvenes. 
También el pecho se detalla en la sección 13 ya referida de Canto a mí mismo:
Su camisa azul descubre el amplio cuello y el pecho, aflojándose sobre su faja…
El cuerpo, en su desnudez, se evoca en Palomares, como cuerpo del nadador:
…desnudo,seas como rosa amanecida hoy para la aventura mortal.
En la sección 21 de Canto a mí mismo, la entrega del propio cuerpo desnudo al mar, se realiza en un antropomorfismo erótico memorable:
¡Tú, mar! Yo también a ti me entrego- yo barrunto lo que tú significas;contemplo desde la playa tus corvos e incitantes dedos;creo que rehúsas retirarte a menos que me acaricies;debemos realizar juntos un viaje, me desnudo, apresúrate a conducirme lejos, hasta que pierda de vista la tierra;Arrúllame, déjame adormecer sobre los muelles cojines de tus ondas;empápame con tu humedad amorosa; puedo restituírtela.¡Mar de las dilatadas y embravecidas lejanías!¡Mar del aliento amplio y convulsivo!¡Mar, sal de la vida! ¡Mar de las tumbas inesperadas siempre abiertas!¡Cómo gimes y te vuelcas en la tormenta! ¡Caprichoso y fantástico mar!
La desnudez de los amigos la destaca Whitman en la sección 45 referida:
Me empujan a través de las calles y de los salones públicosy acuden desnudos hacia mí en medio de la noche,
La mención de la espuma en Palomares está asociada a la injuria, al odio y a la muerte, amenazas para el nadador.
Seas impuesto sobre los voracesy la gran injuria de la espumaerrante, sabia de otros odios,no llegue a tu bocani entre a tu garganta como el leopardo de muertes.
Presente también en Whitman, bien diferente es el significado, ciertamente polisémico, de la espuma en la sección 11 de su Canto.
Los muchachos…no saben a quién inundan de espuma.
Para Smith Ferrer 
esta espuma representa la eyaculación, y ellos no saben a quién llenan de espuma, porque los bañistas no han visto a la mujer que los observa, pero ella ha vivido una experiencia erótica y sensual que la ha llevado a la excitación, manifestada en el verso diecisiete. Esta experiencia erótica culmina con la imagen de la espuma representando el semen que llena a la mujer.
Los elementos naturales, sol, cielo y mar, se vinculan con los cuerpos de modo notable. En Palomares, se compara el cuerpo con el pájaro o el sol. Se llega exaltarlo hasta divinizarlo junto al Olimpo del sol:
Más bien parezcas al sol,divino en su postura…
Sólo un pájaro distintodescendiente del más alto ramo del cielosea igual a tu cuerpoen la maravilla del salto.
El sol, que en las secciones 11 y 13 de Whitman, cae sobre los cuerpos en libertad, en la sección 45 se hace soles múltiples orbitando y curtiendo los cuerpos…
Mi sol tiene su sol, y alrededor de él gira obediente,con sus compañeros alcanza un grupo del círculo superior,y las órbitas acrecentadas forman manchas cada vez mayores entre ellos.
Prefiere cicatrices y barba y rostro maculado por la viruela, antes que todos los barbilindos,y aquellos que están bien curtidos antes que los que se precaven del sol.
El cielo de Palomares es rama o casa que salva al nadador de todos sus riesgos:
Caiga del cielo un ramo salvadory asido al fulgor de sus hojasabraces el día siguiente.
Seas salvado, joven nadador,hoy allí, frente a la casa del cielo.
El cielo de Whitman, lleno de estrellas en la sección 46, aún no salva. Es una cumbre a ser trascendida:
Hoy, antes del alba, trepé hasta la colina, y contemplé el cielo lleno de estrellas,y le he dicho a mi espíritu: “Cuando dispongamos de esos orbes, y disfrutemos del placer y del conocimiento de todas las cosas que en ellos existen, ¿reposaremos y seremos felices?”; y mi espíritu ha respondido: “No. Sólo alcanzaremos esa cúspide para transponerla y continuar más allá”.
Para Palomares es 
…el mar, gran atormentador de los navíos solitarios,
Previene sobre él al nadador:
Vayas siempre asido al cielosobre las brisas y altos fuegos de tormento.
Mientras que en la sección 21 de Whitman, según se ha visto, el mar es compañero amoroso, incluso en su furor. Con él se identifica la voz poética.
¡Cómo gimes y te vuelcas en la tormenta! ¡Caprichoso y fantástico mar!Yo soy idéntico a ti, tengo igualmente una fase y todas las fases.
Al mencionar Whitman al nadador intrépido en la sección 46, le pide:
…que te zambullas en plena mar, te alejes, me hagas señas y, riendo, avances contra la corriente.
En semejanza y desemejanza con Whitman, las evocaciones de Palomares refuerzan el tono vitalista y libertario que nutren el poema, aunque ya no será el mar el lugar de entrega del nadador, sino el mismo cielo su Reino.

Referencias:
SMITH FERRER MARJORIE (2005). “El erotismo en Canto de mí mismo de Walt Whitman”. Revista Chilena de Literatura, Abril, N. 66, 85-96, Universidad de Chile


miércoles, 13 de junio de 2018

NEÓN





Presentación: Los Teques, 12-6-2018

Neón, obra de Yurimia Boscán que hoy nos congrega, puede ser leída –perdón por la obviedad- de diversos modos. Aquí la abordo como texto de desamor, como texto de desamparo, y al modo de un texto de ajenidad y distanciamiento. En cualquiera de los casos, en el marco de lo que Pompilio Santeliz ha llamado “escritura desde el desastre”.

Como texto de desamor, el encuentro con los amantes está lejos de evaluarse, finalmente, como plenificante. Se describe como:
Sed calmada en un Bar oscuro… (página 14, primera edición)
Mi Bohemia, tu sudor (20)
mi Zona Roja (36)
sexo devaluado –al decir de Pompilio.

Los amantes del poema Hotel, lucen sin futuro (35); otros, quedan apenas convertidos en signos etéreos:
Murmullo… sílabas perdidas… nombre olvidado (18)
Número de teléfono… fantasma por el cable (31)
Ausencias (43)
A lo sumo, los amantes se han metamorfoseado en memoria sensible de: …un perro / besándonos la mano (32). Si alguna huella de amor han dejado, la conciencia de su sexualidad necrofílica o sádica es un aviso:
Los hombres que amo pastan… me borran… me degüellan… (44)

De más provechosa lectura me ha resultado el acercamiento a Neón como texto de desamparo. En mi ensayo sobre escritores de los Altos mirandinos, A la intemperie, incorporé Neón a la par de los textos de Franklin Trómpiz, entre otros, como un texto de este tipo. Si bien, en Franklin el desamparo es existencial, radical, total; en Yurimia se trata de un desamparo fragmentado, parcial podría decirse, constreñido a su origen citadino, aunque no por ello insustancial. Finalmente, será también grieta existencial.

Para estudiar Neón como texto de desamparo, una primera clave estructural la dan su primero y último poemas. Allí –en ambos- está la ventana.  
Desde mi ventana vital / salta mi voz
se lee en el primer poema (6); y a lo largo del poemario la ventana permanece abierta y cercana. Desde ella se habla y se observa la ciudad:
Casi muerta miro todos los rostros / desde la extraña ventana / compañera (21)
Y la ciudad parece responder, en semejanza y desemejanza, con la conocida lira de Becquer: volverán las oscuras golondrinas, con el ala a sus cristales… En Neón serán las alas de paloma / en la ventana (30). El tono romántico ha desaparecido.
Al final del poemario, la ventana se ha cerrado:
Ya la diosa ciudad no toca mi ventana  (46)

La voz de la ciudad es voz mutante. El grito permanente es transformado en sudor y contaminación:
La voz se vuelve / monóxido salivado //
En las noches / aúlla la ciudad (7)
Perpetuando en las voces / mi transpirar (9)
…los gritos no me pertenecen (22)
Gritos y más gritos / alguien debe haber muerto  (25)
Lo más sigiloso e íntimo de la voz, susurro y murmullo, en la ciudad se trastoca en ruido ensordecedor  e incomunicación:
…el susurro / es una moto… (7)
…el murmullo apareado / de sílabas perdidas (18)
Incluso la entrañable música, solo marca la separación:
La música sirve de telón  (20)
Efímera / guitarra distanciada / de esta voz (34)
La evocación de El muro de Pink Floyd, agrega al poemario una mayor carga de distanciamiento respecto de esta ciudad.
¿Qué diría Floyd / si me viera / contra su pared? (46)

Al final, cuando el trayecto ha sido recorrido, la temprana advertencia, Pasajera soy ciudad (6), ha sido confirmada. Se cierran los poemas desde la mirada objetual. Se ha roto el vínculo con la ciudad. Esta no ha sido la madre protectora esperada: La ciudad es madre / que aleja y no alberga (28). Solo queda el tránsito cargado de interrogantes: Repaso el trayecto y me pregunto (46).

El recorrido vivido en la ciudad ha sido doloroso, y no solo para el espíritu. Cuerpo y alma andan en desamparo. Los sentidos no pueden evadir el transcurrir por la ciudad. Es parte del camino verlos sufrientes, heridos.
Los sonidos son perturbantes, según se ha referido ya: grito y aullido de la ciudad. Entre motos y ruidos diversos, un pregonero  (30).
La vista sufre con luz de subterráneo (8). La hieren un bar oscuro (14), el fogonazo luminoso (9), las luces amarillas, el semáforo (25), los reflejos (10), el color naranja de las orillas (15), el claroscuro (36), la noche embombillada (18), las luciérnagas / suicidas (22).
Hay una pausa. Los ojos perciben la ciudad:
…se detiene lenta / ante mis ojos (14)
…miro todos los rostros (21)
Y duelen  …los ojos de los niños…  (41).
Se cansan los ojos de ver tales cosas:
Tengo ojos viejos (38)
…un Abril de ojos marrones (42)

El cuerpo aparece una y otra vez ligado fundamentalmente a las secreciones orgánicas (sangre, saliva, sudor, transpirar, lágrima) y a la sexualidad (desnudez, ovario, sexo, sed, respiraciones, soplo, pies, cuerpo, boca, entrañas, mano, entre-piernas).

Los fluidos corporales denotan el malestar del cuerpo
monóxido salivado… (7)
En el autobús repleto de secreciones
…cubriéndome de hollín…. // mi transpirar (9)
La esperanza // no distingue / lágrima de sudor (10)
tu sudor (20)
Andante melancolía / sudorosa (23)
La sexualidad desbordada sigue el ritmo encendido de la ciudad:
Desnuda voy… (6)
abrazar el sexo abaratado…
atar su sed / a un bar oscuro (14)
…entre respiraciones (16)
…pies al ritmo / cuerpos al son (20)
Estas ciudades / con sus bombillos de pieles / encendieron el entre / de mis piernas (44)

Unas pocas veces se agregan –respecto al cuerpo- términos vinculados explícitamente al dolor, la tristeza o la soledad:
rostros… cabeza agachada…
dolor en la cordal… en el ojo… en el ovario… (11)
Les duele / tanto hueco húmedo (38)
Tanto es el dolor que el yo se quiebra, y se suplica el fin de tal acechanza:
Tengo grietas… (29)
Que no me duela más / el lado de la cerca que me toca (41)
Hasta la experiencia de la muerte se hace audible a través…
de esta voz / que canta / su propio funeral  (34)

Sufrir físico e interior y muerte recuerdan a Vallejo, en los llamados “Poemas humanos”:
EL ALMA QUE SUFRIÓ DE SER SU CUERPO
Tú sufres de una glándula endocrina, se ve,
o, quizá,
sufres de mí, de mi sagacidad escueta, tácita.
Tú padeces del diáfano antropoide, allá, cerca,
donde está la tiniebla tenebrosa.

En suma, no poseo para expresar mi vida, sino mi muerte.
Y, después de todo, al cabo de la escalonada naturaleza y del gorrión en bloque, me duermo, mano a mano con mi sombra.

PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA
son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...

Nótese la unidad cuerpo-alma en el sufrir, la unidad de vida-muerte, y el juego fónico “huesos húmeros”, en Vallejo, y “hueco húmedo”, en Yurimia. Estamos preparados para la cita explícita:
Como Vallejo, sé que no sé… (42)

Para acercarme a Neón en mi tercer intento, como texto de ajenidad y distanciamiento, me permito apenas evocar a dos conocidos poetas andinos, Ramón Palomares y Pedro Ruiz, con sus textos Vuelta a Casa y Campesinos, por lo que de común tienen con Yurimia. Su mirada sobre la ciudad –al retorno de ella- tampoco es cálida.
De reciente lectura, gracias a la preciosa obra que cayó en mis manos Regiones verbales, del amigo y poeta Trujillo, cito a Ramón Querales, en una aproximación similar:
… mientras uno viva allá (se refiere a su caserío), uno vive en la familia y se prolonga en las familias indígenas, entonces uno, cualquiera de nosotros que logre ese destino es inmortal, pero en cambio en la ciudad se hace mortal y pierde toda la fuerza que da la tierra.

Por distintos motivos y trayectorias, y aunque no del mismo modo, parece unirse Yurimia a estos y otros escritores venezolanos con pasaje de ida y vuelta a la ciudad. El título mismo del libro de Yurimia refiere el brillo y la fugacidad de lo que fue. Neón es un texto antiguo, que tiene casi dos décadas de imprenta; pero es más, cuando fue publicado por vez primera (2001) ya se remontaba a un tiempo pasado, tanto en lo cronológico, pues evocaba experiencias de la autora a lo largo de los años anteriores, cuanto en la perspectiva anímica: el brillo de la ciudad se ha  apagado.

El poeta Omer Machado, a quien conocí en Aragua, por ejemplificar en contraste, es un amante confeso irredimible de la ciudad.  Estructura su poemario Ciudad en que muero y otros amores en torno al amor y la muerte en la ciudad. Amor que se expresa en metáforas marinas, pero sobretodo amor “vagando en sepulturas”, amor “de un autobús”, “amor de las esquinas (15), amor “de las tascas de la ciudad incesante” (21): “Vengan amores, los invito / Beban conmigo los días de mi ciudad” (15); amor “de dos” (33), amor -finalmente- a la misma ciudad: “dile a mi ciudad que hoy la espero para embriagarnos” (25). (Omer Machado. La campana Sumergida. 2005. 68 pp.). No sucede así en Neón.

La ciudad vivida como tránsito, tras el que el yo poético se interroga, permite acercarse al texto de Neón como una puesta en escena, apalabrada, de la lucha espiritual vivida. El paso por la ciudad se describe al modo de un ritual. Ritual que permite el avance de una a otra etapa: ritual de tránsito que exige sacrifico de sí, sangre incluso. Ritual que, por otra parte, entraña un encuentro con el dolor personal, con la pena y el pecado, para -desde ahí- iniciar la transformación:
Desnuda voy / en shamánico ritual / cubierta de sangre y pena… (6)
A esta ciudad me inmolo (23)
pretendí reconciliarme (17)
Mis pecados y presagios… guardo en mi closet (43)
Al modo de Rilke, que pregona:
ansía la transformación, entusiásmate por la llama…
Este es el pago para acceder a la ciudad de la utopía soñada:
 para volver –en harapos- / a mi Arcadia  (6)
Utopía que, por otra parte, es caracterizada de diversos modos,
en el afán deseante, aéreo: … quisiera volar / como el Hombre Park (22)
o tal vez: En silencio // en El Silencio (21)
o en la identificación paradisíaca con la naturaleza:
Me convertí / en hormiga / en jardín / en sombra en chaguaramo (17).
Y, sin embargo, se arroja una duda impertinente sobre ese final feliz:
Había una vez / un rincón con flores y lluvia / ¿o lágrimas? (24)
Así surge la pregunta indirecta sobre si tales rituales y plegarias habrán alcanzado a un Dios ignoto quien, desde sus alturas, hallará difícil el reconocimiento del hondón humano:
Rezando a no sé qué Dios / en las alturas / desde el fondo (24)

Evaluado el ritual ya consumado, la ciudad interpelada se ha mostrado ajena. La misma ventana compañera resulta ser la extraña ventana (21). La relación interpersonal ha desaparecido. El trabajo se ha vuelto sinsentido, la contaminación lo penetra todo:
…no hay rostros (8)
…la gente corre de prisa 1(6)
…con el absurdo trabajo cotidiano (24)
Me confundo /…/ cubriéndome de hollín (9)
La violencia se ha tornado periódica rutina:
… la luna galopa sobre una cuchillada (7)
El poema más leído / en mi ciudad / es la página roja (8)
La Venezuela violenta diseccionada genéticamente en el texto homónimo de Orlando Araujo se muestra con toda intensidad en la ciudad que es Caracas. El drama social se revela sin máscaras en los cerros que la rodean:
La ciudad se eleva… // Allí está la otra parte… // Simulan vivir…
…mientras más alta / más hondo nos socava (15)

Los versos dedicados al closet, como casa de refugio, traspasada la línea ecuatorial del  poemario, indican que el cuerpo tiene por fin un lugar para su reposo, un habitáculo:
En la casa de mi closet / habita mi cuerpo (28)
Aunque sea pequeño espacio, en él se construyen balcones y cortinas, protección de la orfandad (28).

El ensayo de Kristel Guirado, leído con ocasión de la Filven – Los Teques, (30-11-2016), penetra excelentemente en esta perspectiva del closet y la casa, que vincula este poemario con la obra Ama de Casa.

Y no sólo el closet. La mención de mi casa de Las Colinas, casa de infancia, y La neblina a cuestas (25) permite realizar la aperturidad de este a otros poemarios de Yurimia: Ama de Casa –ya referido- y Los últimos días de la casa.

Estamos en la frontera de lo vivido en la ciudad-Neón. El ritual se ha consumado. La distancia ha sido marcada. El desamparo, conjurado –al menos por ahora. La vida se mantiene en pie.

Se me ocurre leer hoy Neón como metáfora del país. Amores idos, desamparo y distanciamiento nos dan que pensar. ¿Será posible hallar la casa de Las Colinas por todas y todos añorada. Estamos aún a tiempo? Y si no fuera así, ¿cómo haremos viable la continuidad de la vida? Es el gran poema que tenemos entre manos. Mientras tanto, leamos Neón. Que la poesía nos vuelva eternos.